Las tres claves para convertir la longevidad en un regalo para tu vida

Cada vez viviremos más años y la longevidad puede ser un regalo o una maldición, dependiendo de lo que hagamos ahora. Al menos, esta es la reflexión de dos profesores de la London Business School, Andrew Scott y Lynda Gratton, autores de La vida de cien años, una obra que ha ganado el premio al mejor libro del año según Knowsquare. La propuesta parte de un hecho indiscutible. La esperanza de vida ha aumentado, tanto que en la actualidad un niño que nazca en Occidente tiene más del 50% de posibilidades de vivir hasta los 105 años. Esta cifra era inferior al 1% hace apenas un siglo. Además, la incorporación de las nuevas tecnologías al cuidado de la salud ayudará a que tengamos más cumpleaños y conseguirá, incluso, “curar” el envejecimiento, como afirman José Luis Cordeiro y David Wood en su provocador libro La muerte de la muerte.

Más allá de adivinar hasta cuándo viviremos, parece claro que en términos generales superaremos a nuestros padres y nuestros hijos nos superarán a nosotros. Por ello, si vamos a disponer de más tiempo y con una mejor salud, ¿qué podemos hacer para disfrutar de una vida plena todos los años que tenemos por delante? Andrew Scott y Lynda Gratton sugieren que, independientemente de la edad que tengamos, revisemos nuestra agenda de decisiones vitales en tres grandes áreas:

– Reinventarnos en las distintas etapas. La longevidad abre nuevas fases vitales, como lo hizo en su día el siglo XX. Hasta entonces, no existía la adolescencia o la jubilación, era todo un continuo. Ahora hay otras etapas distintas, como la que se abre desde los 18 a los 30, caracterizada por no asumir las responsabilidades que tomaron nuestros padres, por ejemplo; o las que se inauguran a partir de la tercera edad. No existen modelos anteriores, por lo que tendremos que reinventarnos en base a dos preguntas: ¿quién soy yo? y ¿cómo voy a vivir? Esto significa que no esperemos hacer siempre lo mismo, sino que nos demos permiso para buscarnos la vida haciendo cosas distintas.

– Planificar y experimentar. La longevidad nos va a enfrentar a unas necesidades económicas superiores, lo que nos requerirá una mejor planificación financiera y un mayor ahorro o inversión. Igualmente, si necesitamos reinventarnos como personas en cada una de las fases, tendremos que planificarlo con antelación. Y esto va a estar relacionado con atrevernos a experimentar, a curiosear sobre qué otras cosas se nos han quedado en la recámara y que teníamos ganas de hacer, como ser pintores, cocineros, dar clases, o lo que cada uno decida.

– Pasión por aprender. Lo que nos hará sentirnos vivos será la actitud constante hacia el aprendizaje. Si creemos que las últimas fases de nuestra vida las vamos a pasar frente a una televisión, muy probablemente la longevidad sea una carga. En cambio, si alentamos nuestras ganas de aprender, fomentamos la creatividad, disfrutamos del arte o de cuestionarnos a nosotros mismos… podremos entrenar una mente joven independientemente de la edad que tengamos. Y ejemplos de ello hay muchos, como Peter Drucker, escritor del mundo de la empresa, que murió a los 96 años de edad habiéndose especializado también en temáticas tan dispares como los arreglos florales japoneses o los métodos de guerra medieval, entre otras. Su afán por aprender le permitió ser una mente preclara en el terreno de las empresas y un hombre feliz. Al igual que mi amigo Josep Gajo, presidente de la Corte Europea de Arbitraje, quien a sus 79 años es un insaciable lector y experto en muchas otras áreas de humanidades.

En definitiva, vivir más de cien años puede ser un regalo si tomamos decisiones desde nuestro presente, orientadas a darnos permiso para reinventarnos, a planificar y experimentar y a mantener viva la pasión por aprender. Si hacemos todo ello, muy probablemente seamos capaces de disfrutar de una vida con sentido.

El motivo por el que nos cuesta conseguir nuestros sueños

Todos tenemos sueños, pero no siempre los alcanzamos. Tanto es así que, por ejemplo, de los objetivos que nos planteamos a comienzo de año, tan solo conseguimos el 12%, según Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire en Reino Unido. Los motivos son muchos. Por un lado, porque nos come el día a día, porque no tenemos recursos o por cualquier otra excusa. Por otro lado, existe una razón más silenciosa de fondo: porque confundimos los sueños con las fantasías o con los meros deseos.

Nuestra fantasía podría ser ir a dar la vuelta alrededor del mundo, perder peso o estudiar medicina, sin planteárnoslo realmente. Pensarlo nos sirve como evasión y nos entretiene. Una fantasía también actúa como un balón de oxígeno. Cuando estamos cansados, el mero hecho de imaginarnos en una playa paradisíaca en las antípodas nos alivia de los días difíciles. El objetivo real no es tomar el avión y desaparecer, sino sencillamente distraer a nuestra mente con los cocoteros de una posibilidad remota. Igualmente, tienen un efecto directo sobre la motivación. Según un estudio de la Carnegie Mellon University, el mejor día de la semana es el viernes (algo que más de uno ya sabía sin demasiadas investigaciones). Sin embargo, el argumento que aporta este estudio es interesante: preferimos los viernes a los domingos porque disfrutamos más de la anticipación que de la realización. Aunque los viernes trabajemos, suponen la línea de salida del fin de semana, que es lo opuesto a lo que ocurre el domingo. Ese día no solemos trabajar, pero es la víspera del lunes. Por ello, la fantasía se queda en la simple anticipación de un acontecimiento que nunca vas a molestarte en conseguir, aunque lo verbalices a tus amigos o a ti mismo. Un sueño, sin embargo, es diferente.

Los sueños que realmente importan y que cambian nuestras vidas son aquellos que nos inspiran y que nos ponen las pilas. Cuando tenemos el sueño de cambiar de trabajo o de ir a un safari en África, por ejemplo, nos leemos todos los anuncios de búsqueda de empleo o todos los catálogos de viajes que caen en nuestras manos. Son capaces hasta de molestar, porque no hay manera de quitárselos de la cabeza ni de las conversaciones. Nos llevan al esfuerzo, a dejarnos la piel para conseguirlos y no se contentan con el pensamiento o con la anticipación, como sucede con las fantasías.

Dicho todo lo anterior, si hiciéramos un listado de nuestros sueños, ¿cuántos nos llevan a la acción y cuántos se quedan en meros deseos? Necesitamos diferenciarlos previamente para no frustrarnos. Si fuéramos capaces de distinguirlos, seguramente la cifra del 12% aumentaría algo más, porque seríamos más honestos con nosotros mismos. También reduciríamos frustraciones. Si en realidad, no estamos interesados en hacer deporte o en ponernos a dieta, ¿para qué vamos a tenerlos en cuenta cuando son fracasos a priori?

En definitiva, los sueños nos ayudan a avanzar y a crecer como personas. No tienen por qué ser grandiosos. Un buen sueño puede ser pasar los días difíciles con una bonita sonrisa. O pueden ser más ambiciosos, como aspirar a un mejor puesto de trabajo o a una relación de pareja más saludable. Pero, sea lo que sea, si no nos lleva a la acción, si no nos incomoda porque nos supone esfuerzo y si no nos inspira, posiblemente estemos cayendo en los brazos de las fantasías o de los meros deseos. No sucedería nada si fuera así, pero al menos, reconozcámoslo de partida para evitar frustraciones y ser conscientes de ello cuando hagamos el listado de nuestros sueños incumplidos.

La soledad de las mujeres inteligentes

¿La inteligencia de una mujer atrae a los hombres? Posiblemente, una gran parte de los hombres diría que sí, que por supuesto. Sin embargo, si se preguntara a las mujeres, muchas contestarían justo lo contrario, lo negarían. Y curiosamente, los dos tendrían razón, según un artículo publicado en 2015 en la revista Personality and Social Psychology Bulletin.

Lora Park, una psicóloga social de la Universidad de Buffalo, y sus colegas Ariana Young y Paul Eastwick realizaron diversas investigaciones para comprobar qué les ocurre a los hombres cuando están con una mujer que creen que es más inteligente que ellos. En un primer experimento, se les pidió que evaluaran a una chica que hipotéticamente era más lista y habilidosa en matemáticas y en inglés. Todos ellos calificaron a dicha mujer como una pareja romántica deseable a largo plazo. Hasta aquí todo bien. Esa era la teoría, pero ¿y en la práctica? Para dar respuesta a ello, los investigadores crearon diversas situaciones donde las personas competían. Cuando una chica demostraba ser más inteligente que los chicos, por “arte de magia” dejaba de ser tan atractiva a los ojos de los hombres. E, incluso, llegaban a reconocer que se sentían inseguros frente a ella.

Así pues, la conclusión del estudio anterior podría resumirse en una idea: en teoría la inteligencia de la mujer atrae a los hombres, pero en la práctica y en distancias cortas les genera cierta inseguridad (por supuesto, siempre hay excepciones). Más allá de esta investigación, quizá conozcas a mujeres que consideren que esta habilidad ha sido una barrera a la hora de encontrar una pareja y de mantener con éxito una relación. También es posible que conozcas a hombres que apoyan las carreras profesionales de sus compañeras y que se sienten muy orgullosos de la inteligencia de ellas. De acuerdo, cualquier generalización es incorrecta. Pero, dicho todo esto, hoy por hoy todavía existe una parte de los hombres que se sienten inseguros o que perciben que su masculinidad entra en juego cuando están frente a una mujer brillante.Posiblemente, este resultado dependa de la autoestima personal y de la madurez de cada uno, pero vale la pena tenerlo en cuenta para saber actuar y para gestionar las soledades y las posibles frustraciones.

Nos necesitamos mutuamente. Tanto es así que una de las claves que ayuda al éxito profesional de una mujer (y del hombre) es tener una buena pareja, según Sheryl Sandberg, la directora financiera de Facebook. De hecho, de las 28 mujeres que han sido directoras generales de alguna empresa de las Fortune 500, 26 están casadas, una divorciada y una soltera. Pero los cambios de la sociedad son tan profundos que también están afectando a las dinámicas entre el hombre y la mujer, lo que nos obliga a gestionar nuevos miedos disfrazados de otro modo. Y para poder lidiarlos con éxito, es necesario mejorar el autoconocimiento con el fin de ganar confianza y seguridad por uno mismo más allá de lo que el otro haga o diga. También es importante educar en inteligencia emocional desde la infancia, de forma que tanto hombres como mujeres se puedan preparar para los nuevos roles sociales que van a vivir. Y, por supuesto, necesitamos abrir nuevas conversaciones entre las parejas para encontrar los puntos de conexión y de colaboración, que no de competición. Solo así aprenderemos a superar las dificultades a las que todos y todas nos enfrentamos.

¿Cómo puedes remontar una situación?

Hay veces en que las cosas no te salen como te gustaría. Puede ser una relación o un proyecto, algo en lo que has invertido tiempo y esfuerzo y te gustaría remontarlo. Esto le ocurre muy a menudo a los deportistas profesionales cuando están en una final y el resultado no les acompaña. Si pudiéramos identificar qué hacen ellos cuando consiguen dar la vuelta a un marcador, podría darnos claves para saber qué podemos hacer nosotros en nuestra vida personal o profesional. Y esto es lo que analiza de modo muy interesante José Luis Llorente Gento, el que fuera jugador de la selección española de baloncesto, ganadora de la primera medalla olímpica de plata en 1984 en Los Ángeles. José Luis, en su libro Espíritu de remontada, explica qué técnicas utilizan los jugadores de élite de diversos deportes para remontar situaciones difíciles. Veamos su propuesta para aplicarlo en tu día a día.

La primera clave es el deseo. Las cosas que se resisten requieren pasión y esfuerzo. Si no las deseas con fuerza, es difícil que las consigas. Los jugadores quieren un triunfo, pero esa motivación por sí misma no es suficiente. Como dice José Luis, “la remontada comienza con el deseo de ganar una medalla o de pasar la eliminatoria, pero cuando estás enfrascado en el partido, lo que determina que perseveres en el esfuerzo es, por ejemplo, la sensación de que estás haciendo un buen trabajo”. Por ello, el deseo es el punto de partida, pero tiene que haber algo más, un propósito o un disfrute de lo que haces en cada momento. Si este no existe, es difícil que aguantes para estudiar unas oposiciones o preparar ese informe que parece infinito. Por tanto, ¿qué te mueve exactamente en ese proyecto que tienes entre manos? Y, mientras estás haciéndolo, ¿con qué disfrutas?

El segundo elemento clave en una remontada (y en la vida) son los valores. Los valores no son los compañeros del éxito, son la causa y el sello que nos caracteriza. Cuando las cosas no pintan bien o tenemos dudas en decisiones trascendentes, necesitamos acudir a nuestros valores, a lo que nos identifica como personas y que necesitamos tener muy presente cuando queremos remontar una situación. Por ello, pregúntate, ¿qué valores quieres que te definan en estos momentos?

El deseo y los valores son el punto de partida, pero hacen falta más cosas para que la remontada se produzca. Por una parte, necesitamos trabajo y esfuerzo, confianza en uno mismo y en el equipo, generosidad en lo que hacemos y un entorno que nos rete. El trabajo, aunque sea rutinario, nos ha de entrenar para nuestro objetivo final. Como resume José Luis con la metáfora de la película Karate Kidde fondo: “dar cera, pulir cera: conecta lo que haces con la mejora de tus capacidades”. Las remontadas se consiguen cuando hay energía para ello, porque una vocación sin esfuerzo solo es imaginación. No se consiguen los grandes objetivos sin sudar la camiseta y sin paciencia. Por ello, ¿cuánto estás dispuesto a trabajar para lograrlo?

Otras dos claves importante son la confianza y la generosidad. La confianza en uno mismo y en otros nos crea los espacios de libertad necesarios para sacar lo mejor de nosotros mismos. La confianza es la puerta de la creatividad, tan necesaria para buscar las soluciones a problemas que se nos resisten. La generosidad es la vertiente ética de los valores, la virtud más apreciada en los equipos y una motivación poderosa. Lo que hacemos por otras personas a veces es muy superior a lo que haríamos por nosotros mismos. Por eso es tan importante un entorno retador, con el que compartamos valores y que nos anime a esa remontada. Si piensas en ese proyecto que tienes entre manos, ¿tienes confianza en ti y en quienes te rodean?, ¿estás siendo generoso?, ¿tu entorno te apoya?

En definitiva, todos necesitamos remontar situaciones que nos resultan difíciles y estas pueden resultar más fáciles si nos apoyamos en un deseo real, una motivación que nos anime, valores, confianza y generosidad en un entorno retador. Así sucede a los deportistas de élite según José Luis Llorente, así puede sucedernos al resto.

Ocho libros para ocho respuestas

Si en verano te apetece leer un poco, a continuación te sugiero algunos libros sobre temas que abordamos en el Laboratorio de la Felicidad. Algunos son clásicos y otros son más recientes, pero todos ellos muy interesantes:

– Si quieres dejar de machacarte por no ser perfecto:

“La búsqueda de la felicidad”, de Tal Ben-Shahar. Ben-Shahar es riguroso, explica el perfeccionismo como un problema para conseguir la felicidad y aporta claves para resolverlo. Escribe libros muy cercanos, en los que él se expone como uno más. No es de extrañar que sea uno de los profesores más admirados de Harvard, y lo confieso, este autor es de mis preferidos.

– Si necesitas un cambio en tu vida y no sabes cómo hacerlo:

“El oso, el tigre y el dragón”, ganador del II Premio Urano de Crecimiento Personal y Salud Natural, escrito por Andrés Pascual y Ecequiel Barricart, trata sobre un sastre que atraviesa un momento muy complicado en su vida hasta que recibe un misterioso regalo. Si eres de los que les gustan las fábulas, este es tu libro. Y si prefieres el ensayo, al final tienes una explicación narrada sobre los símbolos, que particularmente me ha encantado.

– Si quieres un método para cambiar pensamientos que no te ayudan:

“El arte de no amargarse la vida”, de Rafael Santandreu. Se apoya en el método de la psicología cognitiva, en el que ofrece herramientas sencillas para cambiar pensamientos que nos hacen daño. Su estilo resulta muy fresco, lleno de anécdotas y muy aterrizado en el día a día. Sigue estando en el top de ventas.

– Si necesitas resolver un conflicto que te tiene atrapado:

“Negociar lo imposible”, de Deepak Malhotra, premio Know Square en 2016. Este profesor explica cómo se puede llegar a acuerdos con éxito cuando no se tiene la fuerza o el dinero para resolverlos. Aunque se centra fundamentalmente en los negocios, se apoya en acontecimientos históricos, en el deporte… lo que permite que sus métodos se puedan aplicar a nuestras negociaciones cotidianas.

– Si piensas que tu vida es un desastre y quieres animarte:

“El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl. Un clásico, que debería ser obligatorio leer en nuestras vidas. Este médico judío austriaco estuvo preso en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y pudo analizar qué era lo que nos daba fuerza para superar situaciones límite. Y la clave está en la búsqueda de un propósito. Es un libro absolutamente maravilloso, aporta claves magistrales y nos permite, además, relativizar nuestros problemas.

– Si buscas inspirarte en personas influyentes:

“Aprendiendo de los mejores”, de Francisco Alcaide. El autor hace un recorrido a través del análisis de entrevistas o de la experiencia de personalidades que han tenido gran capacidad de influencia. Además, abarca todo tipo de ámbitos actuales o históricos e incluye a personas como Amancio Ortega, Madre Teresa de Calcuta, Ferrán Adriá o Lao-Tsé. Su estilo resulta muy ameno, en reflexiones breves e interesantes.

– Si quieres mejorar las relaciones con la familia:

“La familia: de las relaciones tóxicas a las relaciones sanas”, de Laura Rojas Marcos. En las familias se crean dinámicas que a veces resultan perjudiciales y de las cuales, no siempre somos conscientes. Laura las tipifica, las explica y ofrece una solución para que se transformen en algo positivo. Muy interesante para reflexionar sobre nosotros.

– Si quieres tomar decisiones que te cuestan muchísimo:

“¿Y si realmente pudieras?”. Sobre este libro ya he hablado en otras ocasiones y se centra en una fuerza desconocida pero poderosa, la de la determinación. Todos nacemos con ella y es la que nos permite superar obstáculos. El libro se centra en cómo despertar nuestra determinación para superar nuestros miedos o para identificar qué queremos a través de seis pasos sencillos, que podemos aplicar en nuestro día a día.

Estos ocho títulos son solo algunos del amplísimo abanico que existe en el mundo de los libros. De hecho, cuando lanzo esta pregunta en redes surgen muchas otras propuestas. Por ello, lo importante es encontrar aquel que te inspire en cada momento y que te permita responder a la pregunta que te esté rondando en ese instante.

Por qué hay que tomarse también vacaciones de la familia

Hace años conocí a una persona que me explicó que distribuía sus vacaciones del siguiente modo: tres semanas con su familia, dos con su pareja y una para él solo, que aprovechaba para irse con amigos o sencillamente para estar solo. Aquello era un acuerdo que tenía con su mujer desde hacía tiempo y les funcionaba a las mil maravillas. Esta persona era alemana, tenía seis semanas de descanso a lo largo del año y en su opinión, se trataba de algo muy común en su país. Más allá de que esta práctica estuviera realmente extendida, no cabe duda de que encierra muchas ventajas, siempre y cuando sea aceptada por ambos cónyuges y no se sientan culpables por ello.

Cuando somos más jóvenes, pasamos las vacaciones con familia o con amigos. La dificultad se presenta cuando tenemos una relación estable o aún más, cuando hay hijos de por medio. En ese momento, se presentan las expectativas cruzadas, no siempre coincidentes. Escaparse la pareja a solas puede ser difícil por logística o por posibles culpabilidades de dejar a los niños con otra persona, pero el problema se agrava cuando el planteamiento es irnos solos si el otro no lo ve con buenos ojos. Y curiosamente para recargar pilas y sentirnos bien, necesitamos también tiempo para nosotros mismos.

Los buenos momentos son aquellos en los que uno disfruta haciendo algo que le gusta. Por supuesto que es preferible vivirlo con quien nos apetece, pero, aceptémoslo, no siempre se coincide en gustos o en momentos tanto con la pareja como con los amigos o con la familia. La solución habitual es negociar y sacrificarse. Pero, a la larga, sacrificarse continuamente tiene un precio a medio y largo plazo. Puede que no seamos conscientes al principio, pero pasado el tiempo, genera un mar de fondo que nos lleva, por ejemplo, a enfadarnos por cualquier tontería. Por tanto, vale la pena quizá buscar una tercera vía: las vacaciones a la alemana, tomando el gentilicio de la persona que conocí. Es decir, incluyamos en la dinámica de pareja, de amigos o de familia un tiempo compartido y un tiempo para estar solo, para hacer el Camino de Santiago en bici, subir a una montaña o estar tirado a la bartola en una hamaca un día sí y otro también. Lo que sea.

La calidad de una relación de pareja (y amigos) se puede medir por el miedo y las suspicacias que se levantan por la otra parte si decidimos irnos solos unos días. Pero las relaciones se construyen con los pasos que vamos dando. Por tanto, para vivir unas vacaciones a la alemana necesitamos ser conscientes de que es una práctica muy saludable pasar tiempo con la familia, como pareja y solos haciendo lo que nos gusta. Para ello, requiere que seamos muy honestos y preguntarnos qué queremos hacer realmente. ¿De verdad que te apetece ir a la playa o te gustaría escaparte a ese sitio al que llevas años queriendo ir y nunca encuentras el apoyo para hacerlo? Segundo, es necesario negociarlo con la otra parte. La decisión ha de ser en ambos sentidos. Los mismos días que se toma uno los ha de permitir al otro sin reproches o quejas. Y tercero, aceptar la culpabilidad de no agradar siempre al 100 por cien de los que nos rodean, pero es el precio de ser también uno mismo. Así pues, si ya tenemos la agenda de vacaciones cerrada, al menos, tomémonos un rato para estar con la pareja si la tenemos, o para estar solos, y disfrutemos de lo que realmente nos gusta.

A más años, más placer sexual

La edad en la que experimentamos mayor placer sexual es a partir de los cincuenta y los sesenta, pero solo si somos capaces de entrenar nuestra forma de ver las cosas en dos sentidos. Veamos cuáles.

Si pensamos en el éxito sexual, nos vienen a la cabeza mujeres y hombres con cuerpos atractivos y… jóvenes. Pero eso es solo una parte de la realidad y, posiblemente, la más pequeña. Sabemos que a los veinte estamos en nuestros mejores momentos para el deporte y para las demás proezas sexuales. Como, además, la corteza cerebral todavía sigue madurando, somos capaces de hacer bastantes tonterías en aras del sexo (aunque hay quien sigue haciéndolas a pensar de la edad). Sin embargo, la sexualidad es algo más que nuestra resistencia física, nos recuerda David Schnarch en sus libros. El sexo tiene dos caras: una es la capacidad física, que es la que permite la reproducción y la que nos une al resto de mamíferos; la otra es la capacidad de alcanzar la intimidad y de disfrutar con el erotismo. Mientras que la primera se pierde con el tiempo, la segunda se va ganando a medida que vamos teniendo canas. Pero para que esto no parezca el premio de consolación de nuestros cumpleaños, necesitamos entrenar nuestra forma de ver las cosas en dos sentidos: primero, siendo muy prácticos; y segundo, desarrollando la mentalidad de crecimiento.

El optimismo es sobre todo una cualidad práctica, que nos ayuda a darnos cuenta de que cumplir años es la mejor opción, si contemplamos la otra alternativa, claro está. Nos podemos pelear con la realidad, pero eso no nos sirve de nada. La gente más feliz no es la que busca tener la razón constantemente, sino la que utiliza lo que le ocurre en su favor. Por eso no es de extrañar que los índices de felicidad sean superiores a los cincuenta que a los veinte, como concluyen los estudios científicos. Con la madurez relativizamos mejor los problemas, no nos ahogamos en un vaso de agua y dejamos de complicarnos la existencia con demostraciones de “cuantas (o cuantos) más, mejor”. Es entonces cuando estamos mejor preparados para el placer de los detalles o de los momentos sutiles. Por ello, desde un punto de vista práctico, aceptemos lo que hay y disfrutemos de lo que la madurez y los años nos ayudan a nuestra sexualidad.

Y, segunda clave, entrenemos la capacidad de crecimiento. Como dice Carol Dweck, psicóloga de Stanford, podemos ver el éxito desde dos perspectivas: desde la mentalidad fija, es decir, dependiente de habilidades innatas o genéticas; o desde la mentalidad de crecimiento, esto es, procedente del esfuerzo. Cuando lo aplicamos al sexo sucede lo mismo. Si nuestra mentalidad es fija, pensamos que el disfrute solo depende de la edad de nuestro cuerpo. Sin embargo, si somos de los que creemos que los resultados dependen de nuestro trabajo, podremos dedicar más tiempo a mejorar la relación sexual, a cultivar la intimidad o a saborear del erotismo. Esto último depende de nosotros, no de nuestros años.

En definitiva, Schnarch dice que “la celulitis y el potencial sexual están altamente relacionados” y es cierto si sabemos también entrenar nuestra mente para que así lo contemplemos. Necesitamos ser tremendamente prácticos con nuestras posibilidades y nuestros límites físicos, así como con lo que la madurez nos permite. Y, segundo, alimentemos la mentalidad de crecimiento, comprendiendo que el placer sexual es también un resultado que depende de la atención o de aspectos más sutiles, que podemos mejorar.