Ante los problemas, busca tu spa personal

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“¡Paren el mundo que me quiero bajar!” gritaba Mafalda. Y hay veces que muchos de nosotros querríamos que así ocurriera: que los problemas frenaran, que nos dejaran de dar la lata el jefe, la pareja, la familia o el banco. Hay tantos y tantos frentes por los que los problemas pueden adentrarse, que es casi imposible estar en un estado de armonía donde todo sea perfecto. Así que hagámonos a la idea: hemos de aprender a convivir con los problemas, nos guste o no. Es más, los conflictos forman parte de los avances, a veces aparecen como oportunidades vestidas de faena, pero que nos ayudan a progresar.

Pero dicho esto, aunque racionalmente sepamos que es así, nos cuesta mucho exclamar: ¡qué bien, un nuevo problema! La racionalidad va muchas veces por un lado y las emociones, por otro. Nos enfadamos cuando abrimos un email que vaticina una dificultad. Y hay veces que incluso nos vemos asfixiados por tantos frentes. En estas situaciones, podemos acudir a varias alternativas, pero veamos un truco que, si bien no te soluciona el problema, te ayuda a tomar más fuerzas para contemplarlo de un modo más saludable: crear un spa personal. ¿En qué consiste?

Un spa personal es un espacio físico o emocional que nos da fuerzas. Todos necesitamos uno. Y no consiste solo en ponerse la televisión para anestesiarse y que Juego de Tronos o lo que sea nos lleve a un mundo de muchísimos más problemas que el nuestro para sentirnos aliviados. No. Un spa personal es algo que nos conecta con nuestra serenidad interior, nos impulsa energía y los hay de diferentes tipos. Veamos algunos:

  1. Amistades SPA. La amistad genera endorfinas, un neurotransmisor que nos ayuda a que la vida sea más fácil. De hecho, como ha demostrado Katerina Johnson en la Universidad de Oxford, las endorfinas pueden ser mejor que la morfina para evitar el dolor y estas las generamos cuando estamos con amigos con los que nos sentimos bien. Esto último es importante. Aquí, en las amistades SPA no podemos incluir amigos por compromiso o tóxicos, sino aquellos con los que nos divertimos, conversamos o nos reímos de nosotros mismos. O como dice Ecequiel Barricart un amigo llorador, con aquel que eres capaz de desnudarte interiormente sin pensar que te va a juzgar. ¿Quiénes son tus amigos SPA?
  2. Aficiones SPA. El deporte es una de las aficiones que más energía nos produce y con el que generamos un sinfín de neurotransmisores y hormonas, como la adrenalina, endorfina y serotonina. Pero no hace falta matarse corriendo, podemos escoger aquel que nos haga sentirnos bien o incluso, si no eres de los que te atrae mover el cuerpo, existen otras aficiones SPA además del deporte que vacían la mente como son los trabajos manuales. Curiosamente, cuando cosemos, construimos maquetas, cocinamos o plantamos macetas, nuestra mente se focaliza en la acción y no en las preocupaciones. Pero aún hay más. El movimiento de las manos requiere una activación de circuitos neuronales de tal intensidad que incluso somos más permeables al aprendizaje. Por eso, no es de extrañar que después de realizar trabajos manuales, puedan haber surgido nuevas ideas o enfoques para resolver ese problema que te preocupa.
  3. Espacios SPA. En este apartado la naturaleza es la reina, ya que nos conecta con sentimientos oceánicos, como diría Maslow, que nos hacen sentirnos pequeños y grandes al mismo tiempo. Escaparnos al mar, a la montaña o a un parque que nos desconecte de nuestra rutina es un buen hábito para recuperar la energía. También hay lugares especiales, como determinados templos o espacios que te conectan con emociones agradables de tu pasado, por ejemplo. Pero si no tienes esa posibilidad, crea tu propio espacio SPA en casa. Un “sitio sagrado”, que respeten el resto, con tu música, una luz especial, quizá una lectura amable, pero algo que sea tuyo, solo tuyo, y que distraiga a tu mente de las preocupaciones.

En definitiva, los problemas nos ayudan a crecer, pero mientras encontramos la solución, necesitamos recuperar energía y conseguir nuevos enfoques para contemplarlos. Y estos son los SPA personales: amigos, aficiones o espacios que nos ayudan a conectar con nosotros mismos y a sentirnos bien. ¿Cuáles son los tuyos?

Qué hacer cuando a tu trabajo no le encuentras sentido

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Imagina que consigues tu trabajo ideal. Siempre soñaste con ser pintor y te contratan en un estudio, donde puedes pintar lo que te gusta, te rodeas de los mejores, ganas una pasta y se te reconoce lo maravilloso que eres. Todo perfecto, excepto un “pequeño detalle”. Cada noche, cuando te vas a casa, tu obra se destruye y al día siguiente, has de comenzar una nueva. Pregunta: ¿te motivaría ese trabajo? Difícilmente. Y el motivo es muy simple: todos necesitamos encontrar un sentido a lo que hacemos y si este no existe, la desmotivación campa a sus anchas. No es de extrañar que la principal tortura de las supervivientes de los campos de concentración en Siberia fuera precisamente esta. Más allá de la hambruna o el frío atroz, era construir un muro para al día siguiente deshacerlo, volver a construirlo de nuevo y así sucesivamente, como si estuvieran atrapadas en la película “El día de la marmota”, donde el protagonista un día tras otro vive exactamente lo mismo sin posibilidad de cambiarlo. Salvando las “kilométricas distancias”,la sensación de estar atrapados nos puede suceder a cualquiera de nosotros cuando nos enfrentamos a trabajos que creemos que no sirven absolutamente para nada.Pero la buena noticia es que no está todo perdido. Vamos a ver qué tres claves están en nuestras manos para salir de esta sensación incómoda.

  • Primero, el sentido depende de ti. No es algo que esté escondido y que una persona desde fuera te lo tenga que desvelar como si fuera un oráculo (un jefe normalmente). Está en tus manos. Por supuesto que sería más fácil si tuviéramos un jefe majo, que nos explicara con detalle el por qué hacemos lo que tenemos que hacer; o que el departamento de al lado, que nuestro cliente o quien fuera, valorara nuestro esfuerzo y nunca lo tiraran por la borda. Pero esto no siempre ocurre. Y cuando no sabes el para qué haces lo que haces, has de ser tú quien le des la respuesta. O como resume Xavier Guix, no tenemos que buscar el sentido “de” la vida, sino el sentido “en” la vida o en el trabajo, podríamos añadir.
  • Segundo, encuentra tus puntos fuertes y aplícalos en tu trabajo (hasta en los rutinarios). Así lo explica Martin Seligman, psicólogo y profesor en la Universidad de Pensilvania. Seligman trabajó con una persona que estaba frustrada con su empleo. Se trataba de una profesional de un supermercado cuya función era introducir en bolsas las compras de los clientes. Un trabajo un tanto aburrido, sin duda. Pero Seligman le ayudó a entenderlo de un modo distinto. Primero, identificó cuáles eran sus puntos fuertes como persona. En este caso, su capacidad para las relaciones sociales. Y segundo, los aplicó a su puesto de trabajo. De esta forma, la mujer se puso como objetivo lograr que sus clientes tuvieran una magnífica experiencia social cuando interaccionaran con ella. Su motivación cambió y su satisfacción en el trabajo, también.
  • Y una última clave: piensa en terceros. El sentido más poderoso es cuando afecta a otros: familia, amigos o clientes, como el ejemplo de la anterior profesional. Cuando uno se ancla en el impacto positivo de lo que va a hacer (a veces es mostrar una cara amable a personas queridas en situaciones difíciles), encuentra más recursos en sí mismo. Cuando uno piensa: “cuando todo esto pase, contaré a terceros cómo lo viví con dignidad”, también encuentra fuerzas de flaqueza, como recomienda Viktor Frankl, psiquiatría judío superviviente de Auschwitz.

Así pues, el sentido depende de ti. Hay trabajos y momentos donde es más fácil vivirlo, pero el desafío surge cuando te enfrentas a la rutina, a la frustración de partida o al desánimo. Es entonces cuando has de recordar que el sentido de trascendencia está en tus manos y en la manera en la que vives lo que te ha tocado vivir. Ahí está tu margen de libertad y tu capacidad para encontrarle el sentido.

  “El hombre no necesita vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta o misión que merezca la pena”

 Viktor Frankl

 Fuente: verywell.com

¿Sufres el síntoma de la rana hervida?

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¿Alguna vez has aguantado una situación hasta un límite que ni tan siquiera tú te imaginabas que podías ser capaz, como un estrés inmenso o una relación muy desgastante? Si lo has vivido, tranquilo, tranquila. No eres el único y simplemente has sido presa del síndrome de la rana hervida.

Si se pone una rana en una olla con agua, que se va calentando poco a poco, a razón de 0,02 grados por minuto, la pobre se queda tan tranquila y muere achicharrada. Sin embargo, si la rana entra en el agua hirviendo, directamente salta. Este es el denominado síndrome de la rana hervida y el que, inconscientemente, sufrimos las personas. Somos capaces de aguantar y aguantar más y más bajo mil excusas ante situaciones que nos hacen daño, que nos vacían de fuerza y luego, con el tiempo, cuando hemos salido de la olla caliente, miramos atrás y nos preguntamos: ¿Cómo he podido soportar tal tormento? Pues porque tu capacidad de aguante puede llegar a ser inmensa, aunque ni tan siquiera lo sepas. El miedo y la comodidad es el agua que nos va hirviendo por dentro. Pensamos que es lo “normal”. “Es normal que me haga esperar una hora”, “es normal trabajar todos los fines de semana” “es normal…”. Y mientras nos decimos todo ello, vamos quemándonos por dentro. La buena noticia es que existe otro modo de afrontar la vida: La determinación de ser uno mismo y decir basta a aquello que no nos conviene. Veamos algunas ideas para conseguirlo:

  1. Identifica cuando algo te está quemando. Parece fácil decirlo pero, recuerda, la mente es muy traicionera y se busca muchas excusas para seguir enredada en lo mismo. Una buena manera es a través del cuerpo: dolores de cabeza continuados, malestar en general o agendas imposibles que no te dejan descansar y, por tanto, pensar. Cuando algo de lo anterior sucede, vives una situación que quizá te esté superando y necesitas ser sincero contigo mismo.
  2. Analiza qué ventajas te aporta la situación que “te quema”. Todo, absolutamente todo cuanto hacemos nos aporta un beneficio. Hasta el dolor. Lo que es importante es hacerse la pregunta y responder con sinceridad: ¿Qué me aporta de positivo esta relación que me desgasta o este estrés? A veces, los beneficios ocultos son difíciles de identificar, pero si lo consigues, es un gran paso para librarte de ellos.
  3. Pon límites. Un buen truco son los cables trampas, es decir, límites que no estás dispuesto a tolerar sobrepasarlos. “Como me haga otra vez esto, rompo con nuestra relación…”; “como tenga que volver a quedarme otra noche trabajando hasta las mil, digo que no continúo con el proyecto”. Y una vez que lo definas, cúmplelo… No valen las excusas. El agua seguirá ardiendo y si tú no reaccionas te acabarás achicharrando.
  4. Despierta la determinación. Comienza a acariciar el deseo de vivir de otro modo. ¿Qué pasaría si trabajara en otro sitio?, por ejemplo. Cuando uno está muy enfrascado en una situación que le duele se le olvida que existen otras maneras de vida. A veces, nuestro único margen de maniobra es la actitud, tomarnos las cosas de otro modo. En la medida que comencemos a acariciar la alternativa, tendremos más fuerza para parar la situación que nos desgasta.

Y recuerda, una vez que has tomado la decisión de ser tu mismo, salta porque aunque no tengamos mapas de la vida, sí podemos entrenar nuestras brújulas.

La felicidad es solidaria

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Nos pasamos la vida buscando motivaciones e intentando encontrar aquello que nos hace sentir bien, pero no será tan sencillo cuando incluso algunas personas que tienen amor, dinero y un trabajo precioso no consiguen sentirse realizadas. Lo tienen todo pero les falta algo. ¿Por qué?

El fracaso está presente en nuestra vida siempre. Todos ‘mordemos el polvo’ en algún momento de nuestra existencia. Puede que sea por un fracaso empresarial, amoroso, familiar… el abanico es muy amplio. Pero el verdadero problema no es el fracaso en sí, no es la caída, sino cómo la afrontamos, porque muchas veces tendemos a buscar excusas o culpables lejos de nosotros, a agarramos a motivos que den sentido a la caída antes de mirar en nosotros. Si el modelo fracasado es empresarial asumimos que la competencia tiene más dinero, más recursos, o a que los empleados no han estado a la altura, o que la suerte no ha estado de nuestro lado, o porque el mercado ha cambiado… Pero lo cierto es que ahí, en esa mochila de excusas, no vamos a sacar nada en claro.

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Dale la mano al niño que llevas dentro

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‘Mi vida son recuerdos de un patio de Sevilla’, escribía Machado con nostalgia de un tiempo pasado feliz que no volverá. Como el poeta, de alguna manera todos miramos hacia atrás con añoranza, al tiempo que quemamos etapas en ese recorrido en el que cometemos el error de olvidar lo que un día fuimos. Pero todavía podemos volver allí o, mejor dicho, todavía podemos traer a nuestro hoy lo mejor de esa niña o niño que un día fuimos.

Tratemos de ser inteligentes y aprovechemos la mejor parte de cada estación que nos brinda la vida. Quedémonos con lo mejor de cada parada pero no olvidemos meter en el vagón locomotora nuestra infancia o, por lo menos, lo mejor de ella. La evolución es seguir el camino y dejar atrás elementos impropios de nuestra edad, por supuesto. No se trata de actuar de forma irresponsable, no forcemos actitudes que no nos corresponden con la edad, pero incorporemos a nuestro presente eso que un día fue único, esas sensaciones de la primera vez, de aquella inocencia extraordinaria, de la constante curiosidad, de esa ausencia de prejuicios, o de la creatividad sin límites ni barreras.

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El sentido de la vida desde el campo de exterminio

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En una mañana soleada de agosto de 1996 conocí a una de las personas que más me ha impresionado en mi vida. Por aquel entonces, estaba estudiando francés en Perpiñán y había ido con un compañero a tomar algo. Nos sentamos y comenzamos a hablar de nuestras cosas. A nuestro lado había un anciano muy elegante, con un sombrero a la vieja usanza y un bastón con una empuñadura de metal. No paraba de mirarnos, hasta que comenzó a participar en nuestra conversación. Era de Barcelona y llevaba viviendo en aquella ciudad desde finales de la II Guerra Mundial. Su sonrisa era amplia y tenía una risa contagiosa. Se trataba de esas personas que cuando hablan, desprenden una serenidad y sabiduría que atraen. Por su optimismo y lo bien que hablaba de su suerte, cualquier hubiera podido imaginar que había tenido una vida fácil. Pero estaba equivocada. Se trataba de uno de los supervivientes del campo de exterminio nazi de Mauthausen, en Austria y hoy, 5 de mayo, se celebra el 70 aniversario de su liberación.

A este campo del horror entraron alrededor de 200.000 personas y solo salieron con vida la mitad. Se trató del campo de concentración nazi por el que más españoles pasaron: Más de 7000 republicanos fueron llevados allí durante la II Guerra Mundial, de los que solo 2000 pudieron contarlo y Juan de Dios era uno de ellos. Pero detrás de estos terribles datos se esconden maravillosas historias de superación.

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Estrenamos blog. Comienza el viaje. ¿Te apuntas?

postBienvenida

Quiero invitarte a un viaje. Un viaje alrededor de nuestras vidas, de nuestros miedos, de nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora. Un recorrido con escalas para coger impulso, para reflexionar, para encontrar nuestras motivaciones, las pasiones que nos hacen avanzar… y cuyo final dependa exclusivamente de ti y de donde quieras llegar.

El punto de partida es este blog. Un blog renovado que se llena de contenido relacionado con el liderazgo, la transformación y el desarrollo personal para ayudar a todo el que lo desee en su evolución humana y profesional hacia la felicidad.

El blog se reinventa como una necesidad de adaptación al cambio. Una necesidad de reinvención vital en un entorno que cambia rápido. Muy rápido. Normalmente asociamos los cambios a épocas malas, pero es mucho más inteligente hacerlo en los momentos buenos, como una manera de anclarse a las fortalezas y rediseñar nuevos productos y nuevos servicios que generen valor añadido.

Desde este momento ese valor añadido se construye aquí a base de textos llenos de pasión, testimonios, vivencias, estudios, entrevistas, vídeos, consejos, ciencia, vida… en un entorno de cambio en positivo, de mirada hacia adentro y siempre hacia delante.

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