Posts Tagged ‘Culpa’

12
May

Crecer es asumir la posible culpa

Posted by Pilar

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Carl Rogers, padre de la psicología humanista, dijo que las personas tenemos dos grandes motivaciones: Desarrollarnos y al mismo tiempo, ser queridas. Sin embargo, ambos deseos a veces resultan incompatibles. Una persona puede desear cambiar de ciudad para asumir un nuevo puesto laboral soñado, lo que a la familia quizá no le agrade y así se lo hagan ver. Lógicamente la persona se encontrará en una disyuntiva. Rogers decía que el problema proviene de los condicionamientos del amor. El amor no puede estar condicionado. Si buscamos que nos quieran al precio de aceptar las creencias de otros, rechazando las nuestras propias, estaremos pagando un precio. Cualquier decisión implica una renuncia y, por lo tanto, un coste que hay que asumir. No cabe duda de que la soledad es dolorosa, pero también lo es la traición a uno mismo y cada cual en dichas disyuntivas ha de decidir qué precio está dispuesto a pagar.

Joan Garriga lo resume con una frase brillante: “Crecer significa asumir la culpa”. Según Garriga (un maestro que me encanta), la culpa es algo que surge cuando las personas no cumplimos alguna de las expectativas que otros tienen sobre nosotros. Pero crecer significa asumir dicho precio. Está claro que cuestionar los paradigmas no significa ir por la vida estilo Jamen Dean en “Rebelde sin causa”, sino mantener la firmeza en las propias convicciones. A veces no nos queda más remedio que acatar decisiones aunque no nos hagan ninguna gracia, como suele suceder en el trabajo, pero internamente no podemos perder el norte. Ser leal a las ideas propias requiere un acto de valentía porque en ocasiones, significa incomprensión , incluso de las personas más queridas, y soledad. (también merece una reflexión la cuestión de si el amor condicionado, como se pregunta Rogers, vale la pena… ).

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27
Mar

¿Gustar a otros o ser uno mismo?

Posted by Pilar

El ser humano vive dos fuerzas que determinan su carácter: una es la tendencia a autorrealizarse y otra es la búsqueda de la aceptación de otros. Como diría Rogers, la persona busca sentirse realizada y ser congruente con lo que puede llegar a ser. De hecho, no hay nada más frustrante que pensar que uno podría hacer más cosas de las que realmente le dejan o está haciedo. Por otro lado, las personas buscamos la valoración positiva y esta puede ser de dos tipos: Incondicional, ser querido sin importar lo que se haga (¿existe ese amor puro?) y otro, condicional, es decir, querer si se cumplen ciertas expectativas. Mucho me temo que la segunda suele ser más habitual. Pues bien, Rogers dice que precisamente estas dos fuerzas, la autorrealización y la aceptación por otros, muchas veces son contradictorias. Mientras que la primera nos hace ser congruentes con nosotros mismos, la segunda puede llegar a limitarnos. Comparto la idea de Maslow y Rogers de que la gran mayoría de personas buscan su autorrealización y creo que precisamente emociones como la culpa y el deber son un freno.

La culpa, además, en la cultura latina está muy acentuada (y me atrevería a decir que más en mujeres, aunque no tengo ningún estudio que lo avale). Como le escuché a un sociólogo hace años, no hace falta mas que pensar en el hecho de haber nacido con pecado. Es además una emoción “muy bien aprendida” en muchas familias: Si no haces esto, te sientes culpable por traicionar las expectativas de tus padres. Esto se puede trasladar a la pareja y tantos otros ámbitos. Muchas veces las personas compran culpas sin darse cuenta de que al mismo tiempo están frenando su autorrealización personal. Las acciones que se mueven por la culpa según otro psicólogo, Deci, son opuestas a las que hacemos para autodeterminarnos.

Así pues, la culpa mina cualquier intento de autorrealización y parece además, que el equilibrio entre la autorrealización y la necesidad de ser aceptado por otros nunca es fácil, creo más bien que es un arte y que conforme pasan los años uno se va haciendo más experto en ser uno mismo y en no preocuparse tanto del qué dirán.

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24
Mar

El Chivo Expiatorio

Posted by Pilar

chivoexpiatorioEl origen del chivo expiatorio se remonta a un ritual del antiguo pueblo de Judea en que se escogían dos cabras macho. Uno era sacrificado y otro, el chivo expiatorio, cargaba con todos los pecados y era abandonado a su suerte en medio del desierto mientras le insultaban y tiraban piedras… Pobre animal.

Pues bien, el chivo expiatorio es aquel inocente sobre el que recaen las culpas sin venir a cuento. Y parece que buscar a un culpable es un fenómeno que sucede también en el compartamiento animal. Frans de Waal en su maravilloso libro “El mono que llevamos dentro” lo analiza en relación al comportamiento de los chimpacés. Cuenta Waal que cuando se están formando los grupos de chimpancés en cautividad buscan una cabeza de turco por dos motivos: Primero, porque libera tensiones entre los que mandan (es menos arriesgado pegar a un inocente que a uno fuerte); segundo, porque une al grupo. Poco importa el chivo expiatorio que se escoja: Puede ser el reflejo de ellos en la vasija o incluso los leones del recinto de al lado, con la necesaria fosa en medio, claro está. Por cierto, los chimpacés son xenófobos y asesinan a otros monos de diferentes razas, o incluso de la suya propia por conflictos de poder. También cuenta Waal que precisamente cuando el grupo está asentado no hace falta buscar chivos expiatorios. La ausencia de ello es sin duda, un signo fiable de estabilidad. Este hecho, por cierto, también se ve en las empresas. Es más fácil cargar el mochuelo a uno de forma colectiva que no aceptar individualmente nuestros errores o miedos.

Así pues, nuestros problemas con la diversidad en algunos casos tienen un fondo animal, por mucho que nos pese. En la medida que sepamos separarnos de estos instintos, abordar nuestros miedos de soledad y crecer en una educación mucho más abierta, podermos aceptar la diversidad de raza, género, cultura… Y ese es uno de los retos en la educación y en las organizaciones en un mundo tan globalizado como en el que vivimos.

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