Cómo puedes encontrar oportunidades cuando estás en una vía muerta laboral

La directora de una guardería que conocí dejó su carrera para cuidar a su hija recién nacida. Ella había estudiado Trabajo Social, pero durante aquel tiempo se formó también en economía. Pasados dos años cuando quiso regresar al mundo laboral, se reinventó como community manager de redes sociales de economistas. Y fue gracias a aquel periodo en el que abandonó su “carrera tradicional”. En la actualidad, es autónoma, gestiona su tiempo, está contenta y tiene proyectos para seguir creciendo. Pues bien, el caso de esta mujer es un ejemplo de cómo se pueden aprovechar las vías muertas para reinventarse. Todos en algún momento corremos el riesgo de caer en una vía muerta laboral, es decir, en una decisión que frena el desarrollo de nuestra carrera (también las hay personales y de pareja, pero este es otro cantar). Las vías muertas pueden ser de muchos tipos: empresas que no resultan nada sexys para buscar otro empleo luego, departamentos que no son nada estratégicos, temporadas que tomamos para cuidar a nuestros hijos o parientes, o meses sabáticos. Por supuesto, hay veces en que no nos queda más remedio que tomar dichas decisiones, que la vida no es solo trabajo y existen muchas otras dimensiones apetecibles. Pero aclarado todo lo anterior, veamos qué podemos hacer para convertirlas en oportunidades futuras.

Primero, necesitas reconocer una vía muerta. Puede ser muy deseable un determinado proyecto, dejar el trabajo o tomarse un tiempo de descanso, pero cuidado, es posible que acarree un cierto precio futuro. Los departamentos de selección suelen ser muy tradicionales y no siempre ven con buenos ojos los perfiles que se atreven a hacer cosas diferentes. Y esto no solo ocurre en el mercado laboral: las vías muertas también existen dentro de las empresas. Puedes cambiar de departamento porque te apetece, pero si el nuevo no tiene tanto peso estratégico puede resultar un freno en un posible ascenso. Por ello, si estás en una vía muerta, el primer paso es reconocerla para encontrar la oportunidad y saber que algo nuevo has de comenzar a hacer.

Segundo, necesitas asumir que una vía muerta es un periodo de hibernación, no de retirada. Al igual que los osos que hibernan en invierno siguen manteniendo funciones básicas para la supervivencia, nosotros podemos seguir haciendo ciertas tareas para mantenernos activos en el mercado laboral aunque no estemos trabajando. Realizar cursos gratuitos por Internet en universidades de prestigio que nos actualicen, alimentar las redes sociales, asistir de vez en cuando a conferencias o estudiar cosas que nos gusten, como le pasó a la profesional del caso anterior… El objetivo es demostrar que hemos estado activos y eso se consigue con algo que lo acredite. En caso de que la vía muerta sea dentro de una gran empresa, lo ideal es seguir manteniendo contactos con las personas influyentes o participando en proyectos transversales que ofrezcan visibilidad. Es decir, has de mantener actividades que sean un trampolín para tu futuro más allá del trabajo que hagas en el día a día.

Tercero, necesitas asumir que después de determinadas experiencias, es difícil regresar al punto del que se partía. Igual ocurre cuando uno se toma una baja prolongada en el tiempo: las cosas suelen haber cambiado, bien porque alguien ha ocupado nuestra posición, bien porque nosotros mismos hemos evolucionado. Por ello, después de periodos de ausencia en la “carrera laboral tradicional” vale la pena pararse a reflexionar sobre qué es lo que deseamos, en qué podemos aportar más valor añadido y abrir nuestro abanico de posibilidades. En vez de anhelar un puesto similar al de antes de la vía muerta, podemos reinventarnos e imaginarnos trabajando como autónomos, montando un negocio o tomando parte en un proyecto que nos satisfaga. En otras palabras, puedes aprovechar la vía muerta para repensarte a ti mismo y hacer un viraje en tu carrera profesional.

En definitiva, todos nos enfrentamos a decisiones más o menos complicadas en nuestro trabajo y podemos caer de manera consciente o sin darnos cuenta en una vía muerta. La idea no es evitarlas, porque a veces no es posible, porque no queremos o porque nos apetece vivirlas; sino ser conscientes de lo que implican y poner los medios para convertirlas en oportunidades de aprendizaje y de reinvención personal.

El trabajo de tu vida

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¿Y si levantarse para ir a la oficina fuera algo apasionante? ¿Y si el dinero que percibimos fuera secundario? ¿Y si trabajar nos sirviera para ser más felices? Creedme, aunque parezca un tópico, para algunas personas esto es una realidad, porque no se levantan para ir a trabajar, sino que se levantan para ir a disfrutar. Dicho esto, os lanzo otra pregunta: ¿Por qué no nos movemos para estar junto a esos privilegiados? Desde luego que no es misión sencilla, pero se puede lograr.

El último informe Gallup sobre satisfacción laboral revelaba un dato bastante alarmante:Solo uno de cada ocho trabajadores en todo el mundo está contento con su trabajo. Y no es una encuesta realizada a la ligera, ya que se trata de resultados recogidos en 142 países y a 25 millones de trabajadores a lo largo del planeta. Los hay peores, pero España no sale muy bien parada. Hasta un 62 por ciento de los encuestados se muestran desconectados del trabajo que desempeñan, mientras que un 20 por ciento afirman sentirse muy desconectados. Solo un 18 por ciento está satisfecho. A nivel mundial el dato alcanza el 87 por ciento de personas “desconectadas emocionalmente de sus puestos de trabajo y con menos posibilidades de ser productivas”. En tu caso, ¿dónde te sitúas? Si estás en el primer grupo, sinceramente te felicito. Realmente no es fácil y es un motivo de alegría. En el caso de alinearte con los descontentos, todavía hay solución, no desesperes.

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¿Cómo escogemos a nuestros líderes? Respuesta evolutiva

 

¿Cómo escogemos a nuestros líderes? Es la pregunta que aborda Eduardo Punset en la entrevista a Mark van Vugt, Psicólogo Social evolucionista de la Universidad de Kent en el programa Redes. Sigo muy de cerca Redes desde hace varios años (creo que Punset está haciendo una labor extraordinaria) y este capítulo es uno de los que más interesantes me han parecido. He puesto la entrevista (son casi treinta minutos que valen mucho la pena, salvo alguna parte fuera de la reunión con van Vugt que pierde un poco) y si alguien quiere leerla, también está transcrita. Destaco las ideas que más me han gustado:

  •  ¿Quién fue primero, el líder o los seguidores? En el mundo animal, los seguidores. Por razones de supervivencia, es mejor mantenerse unidos. Cuando el más fuerte se mueve para buscar agua o comida, el resto lo sigue. Según van Vugt, algo parecido ocurre en el comienzo del liderazgo en los humanos: Primero son los seguidores y luego el líder.
  • Evolutivamente, existen tres tipos de liderazgo: a) Liderazgo democrático que se daba en las sociedades cazadoras recolectoras hace 2,5 millones antes, en donde no existía un líder global, sino por “áreas de especialización”: guerra, caza…; b) Líder hereditario, propio de las sociedades agrarias, a partir de hace 10.000 años y que dio lugar a los reyes, nobleza…; c) Líder actual propio de las Sociedades Científicas, en donde los seguidores tienen mucha más libertad que antes y exige un liderazgo más cercano, incluso, más parecido al de las sociedades cazadoras-recolectoras.
  • En opinión de van Vugt, se escoge a mujeres líderes para mediar entre los conflictos y a hombres líderes para protección y defensa ante las amenazas. Existe, por tanto, un paradigma que dificulta que las mujeres puedan aspirar a dirigir un país (le ocurrió a Hillary Clinton, tal como se narra en el video). Es una herencia del pasado pero desgraciadamente, todavía seguimos arrastrándola (por cierto, solemos escoger a políticos mayores para momentos de estabilidad y a jóvenes para momentos de cambio, de ahí que Obama haya acertado en el tema de su campaña).
  • Por último, se ha demostrado en las empresas que los líderes que son escogidos también por sus colaboradores reúnen cualidades ancestrales de liderazgo: más fiables, inspiran más confianza, no son demasiado ambiciosos e, incluso, son más altos físicamente. Todo esto es realmente muy interesante, por lo que lo ampliaré en otro post.

Historia del trabajo(III): Un profesional con talento en 1951

Continuando con la “saga” de la Historia del trabajo” de la que ya vimos anteriormente “el contrato de maestra de 1.923” y las “11 reglas para contratar mujeres de 1.941” quiero compartir con vosotros esta “pequeña joya” del libro Practical Business Psychology de los autores “Laird y Laird” y publicada en 1.951 por la prestigiosa editorial (entonces y ahora) McGraw-Hill Book Company. En el se detallan las cualidades que se debía poseer para ser considerado un profesional con talento (mi preferido, el comentario final).

Cualidades Técnicas

  1. Exactitud en el trabajo rutinario de la oficina
  2. Rapidez en dicho trabajo
  3. Planeamiento anticipado del trabajo
  4. Pulcritud y orden en los resultados
  5. Conocimiento en los sistemas generales de trabajo de la oficina
  6. Capacidad para aprender nuevos sistemas

Cualidades Sociales:

  1. Buena presencia personal
  2. Uso del lenguaje apropiado
  3. Discreción en los secretos del negocio
  4. Cooperación con los demás empleados
  5. Aceptación de sugerencias y críticas

Cualidades Personales:

  1. Puntualidad en el trabajo
  2. Realizar la tarea antes de los tiempos límites
  3. Iniciativa propia
  4. Conciencia de la propia responsabilidad

Y a modo de consejo final se decía: “Y contar con una esposa agradable, sólo si se quería promocionar”. En otras palabras, que si uno no aspiraba a ascender, se podía casar con quien quisiera.

Historia del trabajo(I): Contrato de maestra en 1923

¿Por qué a las profesoras se les llamaba señoritas? La explicación es histórica y proviene del punto primero del contrato citado a continuación, como relata Michael W. Apple, autor del libro “Maestros y textos” (1989) publicado por la Editorial Paidós. En el capítulo 3 se recoge un documento muy interesante: El contrato de maestras en Estados Unidos en 1923. Aunque este texto está en muchos blogs y páginas refiriéndose a España, mucho me temo que su origen es estadounidense.

En cualquier caso, no tiene desperdicio.

Contrato de Maestras – 1923

Esto es un acuerdo entre la señorita ………………………., maestra, y el Consejo de Educación y de la Escuela ……………………………………………., por el cual la señorita ………………….. acuerda impartir clases durante el período de ocho meses, a partir del primero de septiembre de 1923. El Consejo de Educación acuerda pagar a la señorita ……………………. la cantidad de ($75) mensuales.

La señorita………………………….acuerda:
1) No casarse. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa.
2) No andar en compañía de hombres.
3) Estar en su casa entre las 8:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana, a menos que sea para atender una función escolar.
4) No pasearse por las heladerías del centro de la ciudad.
5) No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin permiso del presidente del Consejo de Delegados.
6) No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.
7) No beber cerveza, vino ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encuentra a la maestra bebiendo cerveza, vino o whisky
8 ) No viajar en coche o en automóvil con ningún hombre, excepto su hermano o su padre.
9) No vestir ropas de colores brillantes.
10) No teñirse el pelo.
11) Usar al menos dos enaguas.
12) No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos.
13) Mantener limpia el aula:
a) Barrer el suelo del aula al menos una vez al día.
b) Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente y jabón.
c) Limpiar la pizarra una vez al día.
d) Encender el fuego a las 7:00 de modo que la habitación esté caliente a las 8:00 cuando lleguen los niños.
14) No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.

Historia del trabajo(II): Once reglas para contratar mujeres (1943)

En plena II Guerra Mundial y debido al número de hombres que estaban en en filas, las empresas tuvieron que contratar masivamente a mujeres. En la editorial de la revista Transportation Magazine en 1943 se recogen las once recomendaciones para ello. Son reglas que no tienen desperdicio, aunque mi preferida es la número 8. Ahí van:

1. Escoge mujeres jóvenes casadas. Usualmente tienen un mayor sentido de responsabilidad que sus hermanas solteras, y es menos probable que caigan en el coqueteo, necesitan el trabajo o no lo estarían haciendo, y todavía tienen la energía e interés para trabajar duro y lidiar eficientemente con el público.

2. Cuando deban contratar mujeres mayores, traten de conseguir algunas que hayan trabajado fuera del hogar en algún momento de sus vidas. Las mujeres mayores que nunca han trabajado con clientes, tienen más dificultades adaptándose y pueden convertirse en personas malgeniadas y problemáticas. Siempre es bueno recalcar en las mujeres mayores la importancia de ser amigables y la cortesía.

3. Experiencia en general nos indica que las chicas “rellenitas” – esas que tienden a estar un poco sobre peso – tienen temperamento más estable y son más eficientes que sus hermanas de bajo peso.

4. Mantengan un doctor que pueda hacerles examenes físicos a las mujeres que contraten- uno que incluya las condiciones femeninas. Este paso no sólo protege la empresa contra posibles problemas legales, pero podría revelar si la futura empleada tiene alguna debilidad femenina que podría incapacitarla mental o físicamente para el trabajo.

5. Recalquen de entrada la importancia del tiempo: el hecho que un minuto o dos perdidos aquí y allá hacen estragos en los horarios. Hasta que este punto sea comprendido, es probable que el servicio sea un poco más lento.

6. Bríndenle a la empleada un horario definido de sus labores para el día para que se mantengan ocupadas sin tener que consultar con la administración por instrucciones cada 5 minutos. Numerosas empresas mencionan que las mujeres son excelentes empleadas cuando tienen sus labores establecidas, pero que no gozan de la iniciativa para buscar en qué ocuparse por cuenta propia.

7. Cuando sea posible, permítanle a la empleada interna que cambie de uno a otro trabajo durante el día. Las mujeres tienden a estar menos nerviosas y más felices con estos cambios.

8. Bríndenle a las chicas una cantidad adecuada de periodos de descanso durante el día. Hay que ser comprensivos con la psyque femenina. Una chica tendrá más confianza en sí misma y podrá ser más eficiente si se le permite arreglarse el cabello, retocarse su lápiz labial y lavarse las manos varias veces durante el día.

9. Tengan tacto cuando le den instrucciones o les hagan críticas. Las mujeres usualmente son más sensibles: no pueden restarle importancia a las palabras fuertes de la misma manera que hacen los hombres. Nunca hagan quedar en ridículo a una mujer – le quiebra el espíritu y disminuye su eficiencia.

10. Sean razonablemente considerados al usar lenguaje fuerte alrededor de las mujeres. Aunque el esposo de la chica o su padre puedan gritar utilizando lenguaje fuerte, a ella podrá llegarle a disgustar un lugar de trabajo donde escuche mucho de esto.

11. Consigan suficiente variedad de tallas para los uniformes de las operarias para que cada chica pueda tener su talla correcta. Este punto no puede ser llevado a exageración si de mantener a mujeres contentas se trata.

En fin… parece que la motivación consistía en dar tiempo para retocarse el maquillaje y no utilizar un lenguaje demasiado brusco. Está claro que la gestión de personas ha evolucionado y mucho. Y menos mal.