Poderosamente Frágiles ya está en librerías y comienzo a recibir los primeros comentarios sobre ella. Los agradezco mucho, la verdad. No sé por qué pero escribir narrativa te otorga una desnudez emocional a la que un ensayista no está tan acostumbrado. Los ensayistas de investigación arriesgamos con nuestras teorías, como hice en su día con el talento, el miedo o los héroes cotidianos; pero en ocasiones nos apoyamos en los análisis que han hecho universidades u otros autores. Es como torear sabiendo que hay un burladero detrás. En cambio, un novelista se lanza al vacío. Narra emociones, no busca razones, sino simplemente compartir. Está en medio de la plaza, con esa fragilidad que conlleva. A pesar de ello, lo reconozco: Me ha enamorado. Hacía tiempo que no escribía tantas páginas de narrativa como ahora y el proceso creativo me enganchó, me introdujo en un torbellino de sensaciones que fueron tomando forma. Me reí muchísimo, lloré e incluso, quería que un par de personajes se enamoraran pero ellos se rebelaron. Supongo que todo lo que cuento es habitual para un novelista, pero para mí ha sido la primera vez. Las otras veces, hace más de quince años, ya habían quedado olvidadas en la memoria. (más…)