Decálogo para crear una red de contactos eficaz

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Una buena red de contactos es una de las mejores herramientas para encontrar trabajo. De hecho, se calcula que solo del 20 al 25 por cierto de los puestos salen al mercado mientras que el resto se cubren con conocidos, amigos o recomendaciones. Por ello, la capacidad para generar contactos y saber mantenerlos es una habilidad fundamental para quien está buscando empleo (y añadiríamos posibilidades de promoción, pareja, clientes…). Y es tan relevante que algún año, en la jornada de inauguración del Master de Harvard, se ha dicho a los nuevos estudiantes que algo que siempre agradecerán será la red de contactos que allí construyan. Puede que alguien piense que la habilidad para conocer personas depende solo del nivel de extroversión. Pero no es cierto. Se trata de una ventaja de partida, pero si falta, no resulta un limitante, en absoluto. De hecho, una de las personas con más carisma y habilidades sociales ha sido John F. Kennedy. De pequeño, era un niño tímido y enfermizo, pero a fuerza de convicción (y de insistencia del padre) llegó a convertirse en lo que todos conocemos. Así pues, una vez más, no hay excusas. Continue reading

¿Estás comprometido con tu trabajo?

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Solo el 30% de los trabajadores están comprometidos en la empresa, según el último estudio de Gallup realizado a escala internacional. La cifra es poco motivadora, la verdad.Si partimos del supuesto de que casi una tercera parte de nuestro tiempo lo pasamos en el trabajo, no deja de ser un tema sobre el que deberíamos preocuparnos si queremos sentirnos mejor con nosotros mismos. Veamos qué es el compromiso, qué tipos existen y qué podemos hacer para mejorar esta sensación.

¿Te gusta bailar? Aunque tu respuesta no sea afirmativa, seguro que sabrás que un buen baile -tango, sevillana o merengue- es algo de dos. Pues el compromiso es igual: una cosa de dos, del profesional y de la empresa. Un profesional por sí solo no se compromete (como tampoco uno baila un tango solo). Tendrá mayor o menor capacidad de comprometerse (o de bailar) dependiendo de lo que haga la organización. De hecho, la palabra compromiso proviene del término latino compromissum, lo que significa un acuerdo entre dos partes… cosa que en muchas organizaciones se “olvida”. Continue reading

¿Qué hay detrás de la ciencia del compartir… (en las redes)?

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¿Sabías que el momento de mayor actividad en las redes es el miércoles a las 9:30 de la mañana, que compartimos más contenido positivo que negativo y que las emociones que más actividad generan en la red son aquellas que más activación física producen en nuestros organismos? ¿Sabías que compartimos contenido en línea para relacionarnos? Continue reading

Pon un mentor en tu vida

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“Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar”. Bernard Russel, Premio Nobel de Literatura en 1950.

Y una de las claves más recomendables para tomar dichas decisiones es contar con la ayuda de un mentor.

Piensa por un momento, ¿qué persona te ha inspirado en tu vida y te ha aconsejado adecuadamente? Cuando hago esta pregunta en talleres de formación, la mayor parte de las personas recuerdan a sus padres, en ocasiones la pareja, un jefe o un antiguo profesor. De un modo u otro, todos hemos vivido la experiencia de ser aconsejados y de apreciar dichas recomendaciones. Pero tener un mentor va más allá. Significa llegar a un acuerdo, quizá no verbalizado, basado en la confianza con alguien que se preocupa por tu desarrollo personal y profesional, sin que él o ella sea necesariamente un familiar o un amigo. En España no tenemos tanta tradición como en Estados Unidos pero cuando uno lo vive, los resultados son realmente excelentes por ambas partes. Continue reading

Maneras de encajar el error

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Piensa en la última vez que cometiste un error. ¿Echaste balones fuera, no te acuerdas de ninguno o por el contrario, sufriste una barbaridad? Las últimas investigaciones confirman que dependiendo de cómo asumamos nuestros fallos, así seremos. Quienes se han remangado a analizar esta correlación han sido Ben Dattner, doctor en psicología de la organizaciones por la Universidad de Nueva York y Robert Hogan, doctor por la Universidad de California y premiado con múltiples reconocimientos. Analizaron datos de cientos de miles de personas con el objetivo de identificar los tipos de personalidad que predominan en la reacción ante los errores y tras tan sesudo trabajo, llegaron a la conclusión de que el 70 por cierto de la población pertenecían a tres grandes grupos, donde a su vez se dividían en once subagrupaciones, que dejaremos para un análisis de mayor profundidad. Pues bien, veamos la clasificaciones y pensemos en dónde nos enmarcaríamos cada uno de nosotros:

La culpa es de los demás.

“Yo no he sido” es una frase clásica de los niños y que un grupo importante de adultos también incorporan en su “mantra” ante el error. Cuando tendemos a atribuir la culpa a los demás, es posible que reaccionemos de manera incluso excesiva ante los fallos de otras personas o que determinemos muy prematuramente el error. Si somos así, nos costará aprender de nuestros fallos, nos podremos a la defensiva ante cualquier feedback o podemos incluso, caer en comportamientos victimistas o “calimeros”, quejándonos del mundo sin que parezca que nosotros hagamos algo. Como dice el niño… el jarrón se ha caído solo y el hecho de que él estuviera jugando con la pelota, ha sido simplemente una “casualidad”. Si somos así, la culpa es siempre del otro… ¿Te resulta conocido?

La culpa es mía

Lo opuesto al anterior es culparnos de absolutamente todo antes incluso de que cualquier considere que es un error. Aquí se agrupan todos los “super sufrientes”, que se penalizan muy duramente. El riesgo de esta actitud puede ser la parálisis por el análisis, porque con tal de escucharnos a nosotros mismos, somos capaces de no hacer nada. Ahí está el gran riesgo: nuestro juez interior que nos hace sufrir en exceso. El denominador común de estas estrategias es que la culpa es propia, aunque a veces no tenga ningún sentido. Y el mantra de este grupo sería entonar el mea culpa.

¿Qué error? Aquí no ha pasado nada.

En el tercer grupo se encuentran todos aquellos que niegan el error. Esta actitud tiene varias derivadas, desde enfadarnos porque se nos acusa de algo, negar cualquier mínimo protagonismo en el asunto o incluso, decir que no ha habido ningún error. Si somos así, no nos gusta preocuparnos por los errores, lo que significa perder oportunidades de aprendizaje; esperamos ser perdonados por todo cuanto hagamos, sin ser conscientes del daño ocasionado; o puede que tendamos a dar explicaciones complejas ante los errores sencillos. La frase estrella de este grupo: aquí no hay error ninguno.

Muchos de nosotros hemos evitado la responsabilidad de algunos errores o nos hemos echado a nuestras espaldas tanto errores propios como ajenos. Cuando percibimos el error de una forma inadecuada y reaccionamos ante él inapropiadamente, es muy probable que estemos presentando dificultades para aprender de ellos, ya que para aprender del error, el primer paso es saber reconocerlo en su justa medida.

Fórmula:

Dependiendo de cómo consideremos el error cometido, tendremos mejores oportunidades de aprendizaje.

¿Qué podemos hacer?:

Tomar consciencia de nuestro estilo.

  • ¿Qué mensaje lanzamos? Una estrategia es pensar en los retos profesionales o personales a los que nos hemos enfrentado y analizar cómo hicimos frente a ellos y qué pudimos hacer mejor. Puede ser muy beneficioso preguntar a un amigo de confianza, a un compañero o a un mentor o profesor sobre nuestra manera de reaccionar ante los problemas. Puede que nos revelen un punto ciego propio y que nos sorprendamos de lo que nos cuentan.
  • Tomar consciencia del ambiente en el que nos movemos.
  • ¿Cómo se reciben los mensajes que lanzamos? Tomar consciencia del ambiente en el que nos movemos implica conocer la mejor manera para hacer frente a los errores en esos ambientes, ya sea en el entorno personal o profesional.
  • Utilizar nuevas estrategias.
  • Una vez hemos reconocido los malos hábitos estamos en disposición de cambiarlos por otros más adaptativos.

El primer paso es tan simple como complicado: escuchar y comunicarse. Parece obvio, sin embargo muchos de nosotros olvidamos solicitar feedback o no explicamos suficientemente nuestras acciones e intenciones. Especialmente cuando se trata de dar crédito o de culpar a alguien, es mejor no asumir que sabemos lo que otros piensan o que ellos entienden de dónde venimos.

El segundo paso sería reflexionar sobre la situación y sobre las personas. ¿Qué ha ocurrido, qué factores han influido, quién estaba implicado, cuál fue el papel de cada persona…?

El tercer paso sería pensar antes de actuar. En muchas ocasiones no es posible dar una respuesta rápida que solucione el problema, pero sí es posible empeorar la situación. Por ello es recomendable pararse a pensar antes de actuar a la hora de resolver una situación complicada.

El cuarto paso sería buscar la lección. Los errores ocurren. A veces la culpa es nuestra, a veces es de otros y en algunas ocasiones no hay culpables, pero siempre hay una lección que aprender. Puede servir de ayuda hacer una lista de los factores que contribuyeron a los malos resultados.

Referencias:

Can You Handle Failure? Escrito por Ben Dattner y Robert Hogan y publicado en 2011 en la Harvard Business Review.

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El poder de una sonrisa

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Si colocamos a una cría de mono enfrente de dos humanos que no conoce, uno que le sonríe y otro que no, el animal se irá siempre con el primero. Motivo: la sonrisa es el pegamento social. Sonreír nos acerca al resto de personas (y al resto de los mamíferos, podemos añadir). Evidentemente, estamos hablando de sonrisas genuinas, no las artificiales que se saben que no son sinceras y que también percibimos. Ahora bien, la ciencia está descubriendo que la sonrisa tiene muchas más ventajas de las que podíamos imaginarnos a priori. Ron Gutman, como experto en sonrisas, puede ayudarnos en descubrirlas. Ron lleva años estudiando de cerca el fenómeno y recopilando estudios sobre sonrisas, que ha recogido recientemente tanto en el artículo The Untapped Power Of Smiling, publicado en la  revista Forbes, así como en la charla que ofreció a través de TEDen 2011. Junto a él, la científica LaFrance y Dr. Niedenthal y su equipo están revolucionando la ciencia con sus estudios sobre sonrisas. Veamos algunas de las conclusiones más importantes:  Continue reading

La fragilidad nos hace poderosos

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El otro día en un taller de formación sobre liderazgo hicimos un ejercicio en donde uno de los participantes tenía que dar una mala noticia a un colaborador. La situación obligaba a que el jefe previamente se disculpara, pero no lo hizo. Confieso que siempre me ha extrañado ver esta reacción tan habitual, porque los mejores líderes que he conocido saben disculparse y reconocen sus propios errores delante de su equipo. Y siempre que he indagado en el motivo he encontrado la misma respuesta, que podríamos extender a muchos de nosotros: Huimos de nuestra fragilidad y evitamos aquello que nos impida mostrarnos más fuertes de lo que realmente somos (disculpas, gestos sensibles o incluso, empatía). Y aquí está el gran error porque en la medida en que no reconocemos una parte de nosotros mismos somos incapaces de aceptarnos completamente. Continue reading