Cinco claves para afrontar el miedo
Posted by Pilar
Este fin de semana Ángela Mendez y Montse Mateos han publicado un magnífico artículo sobre el impacto del miedo en la empresa. A continuación amplío los cinco puntos que pueden ayudarte a enfrentarte a tu propio miedo:
1. Acepta que el miedo existe, que es algo real y normal que, de una u otra forma, afecta a todas las personas. Es una emoción de la que habitualmente no se habla, porque se ha considerado como debilidad cuando precisamente, no tenerlo sería lo realmente peligroso. El miedo forma parte de nuestro cerebro y ha sido la emoción que más nos ha ayudado a llegar hasta aquí como especie. Tiene muchos sinónimos y aparece de múltiples formas como estrés, angustia, ansiedad o temor que te comprime el estómago ante una presentación en público. Así pues, si sientes miedo, enhorabuena, ¡estás vivo! Por ello, evita sufrir por algo que forma parte del cerebro de cualquier mamífero.
2. Rebajar su impacto relativizando su importancia y la manera en la que incide en nuestras vidas. Mirarlo a los ojos y definir un plan de acción. ¿Cuántos de nuestros miedos se llegan a producir en nuestras vidas? Una vez leí un estudio realizado en Estados Unidos que decía que menos del 5 por cierto¿ Independientemente de la cifra, si cualquiera mira hacia atrás y revisa con perspectiva cuáles eran sus temores en la infancia y en la adolescencia, verá que no eran para tanto. Pero así somos¿ El miedo es útil pero desgraciadamente solemos amplificar su impacto en nuestras vidas. Por ello, una técnica muy útil es ponerse en la peor de las situaciones y desde ahí, construir un plan de acción. Una vez me contó un directivo que al principio de su carrera tenía miedo a perder el trabajo, arruinarse y acabar siendo un mendigo. Tomó una decisión valiente: Fue a conversar con mendigos y se dio cuenta de la dureza de la vida, pero también de que ellos habían sido capaces de acostumbrarse a ello y de encontrar espacios de amistad o de ¿pequeñas alegrías¿. Aquella experiencia le dio fuerzas para quitarle la sábana al fantasma de su miedo.
3. Asumir que todos tenemos la suficiente fuerza para enfrentarnos a los temores que nos acechan. No dejar que nos paralice La resiliencia se denomina a la fuerza que nos hace salir de situaciones difíciles. Creo que casi nadie es consciente de lo resiliente que es capaz de ser. Ahora es un buen momento para recordar historia. Nos enfrentamos a una crisis económica profunda, pero ¿simplemente¿ es eso: Una crisis económica. La historia de la humanidad está plagada de situaciones infinitamente más difíciles, como guerras o epidemias. Por ello, toma perspectiva y confia en la capacidad innata e instinto de supervivencia que llevas dentro para afrontar las dificultades.
4. Pedir ayuda. Acudir a amigos, familiares, compañeros o especialistas y explicarles qué nos sucede. El reto no consiste en atravesar solos esta situación. Si estás mal, cuéntalo, no te lo guardes¿ hasta en situaciones complicadas. Como me dijo una vez Iñaki Gómez, que se lo había escuchado a un amigo: ¿Las lágrimas no lloradas vagan por el cuerpo¿. Y es una forma metafórica de expresar que el silencio y el aislamiento nos debilitan y nos hacen sentir más miedo. Por ello, apóyate en amigos y en personas de confianza. Habla abiertamente de lo que te angustia, de cómo te sientes y huye de la necesidad de magnificarlo. Hay personas que parecen que disfrutan de ¿meter miedo¿ a todo el mundo. Si estás con alguien así, cuidado. Intenta ver las oportunidades y alternativas positivas que también existen.
5. Hay que mirar al futuro y buscar nuevas ilusiones y retos. Al final, la mejor manera de salir del miedo es apoyarse en la otra cara de la moneda: La ilusión, los sueños, los nuevos proyectos¿ El pasado nunca regresa, pero el futuro está por crear y enamorar. Busca el disfrute a lo nuevo que estás viviendo, aprende a reírte de lo que te ha pasado, y comienza a verte en un nuevo proyecto profesional o personal. No se hace de la noche al día, pero poco a poco, confiando en uno mismo y apoyándote en amigos o en referentes, puedes encontrar esos nuevos espacios. Y como diría Nelson Mandela: “No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo”.
De todos los temas anteriores se hablará en el primer congreso de NoMiedo, organizado por la ONG Consultores Sin Fronteras y que se celebrará el día 28 de noviembre en Barcelona.
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Alguna vez me han preguntado el motivo por el que escribí sobre el miedo. El origen se remonta a 1998 cuando estaba haciendo mi tesis doctoral sobre gestión del conocimiento (que luego se acabó convirtiendo en la gestión del talento). Lo que más me interesaba por aquella época era indagar en las causas por las que las personas no comparten todo cuanto saben. En aquel entonces, se hablaba de bases de datos, tecnología, calidad e incluso, gestión de personas. Pero yo no recuerdo que en ningún lugar se trataran las barreras a compartir información… excepto en un artículo del 
Las teorías para el desarrollo del liderazgo podemos clasificarlas en dos tipos, de una forma muy sencilla: “Desarrollo hacia fuera”, es decir, identificando modelos para tomarlos como ejemplo; o “desarrollo hacia dentro”, trabajando las emociones para impulsar el potencial. Por supuesto, existe el camino del medio, la combinación de las anteriores y que, en este caso, probablemente sea la mejor opción.



¿Tienes miedo a la altura? Si es así, tienes una buena “excusa”: el miedo a la altura está codificado en nuestros genes. Se comprobó en un experimento realizado en los años 60, por los psicólogos especializados en percepción y desarrollo cognitivo
El 50 por ciento de los directivos reconocen que en su empresa se fomenta el miedo para lograr los objetivos. Es el resultado de una muestra realizada sobre 185 mandos medios y directivos. ¿Cuántos jefes lo reconocerían abiertamente? En ese mismo estudio se observa “casualmente” que las organizaciones que se centran en el potencial de los profesionales dejan el miedo fuera de juego. Y, lo más interesante, las empresas basadas en el talento obtienen los resultados que esperan de los empleados. Es lógico. La parte del cerebro que se activa cuando somos creativos y disfrutamos con nuestro trabajo es distinta a la que lo hace cuando tenemos miedo, como hemos comentado en otras ocasiones.
Hace años dio la vuelta una noticia de un niño hindú que dormía abrazado a una gran serpiente. Resultó llamativo, porque el miedo a las serpientes es universal y lo compartimos, además, con los primates, aunque este niño o los encantadores de serpientes parezcan inmunizados. Si en un experimento un mono rhesus creyera tomar un reptil de dentro de una caja, saldría corriendo asustado. El miedo a las serpientes, a las alturas o a las represalias a decir lo que realmente pensamos a nuestro jefe nos ayuda a seguir vivos o a mantener nuestro puesto de trabajo.
Discurso de Nelson Mandela como Presidente Electo de Sudáfrica (1994)
“¿Tener o ser?” es la dualidad a la que nos enfrentamos a la hora de definir nuestra misión y el título de un
Pequeñas grandes cosas es el último libro de 
¿Qué tenemos en común con una serpiente o con un burro (sin pensar en nadie en concreto)? La respuesta nos la dio Paul MacLean en su teoría “cerebro triuno”. El Director del Laboratorio de Evolución Cerebral y Conducta del Instituto Nacional de Salud Pública de California desarrolló un modelo de la estructura cerebral del ser humano conocido como el “cerebro triuno”, “triada cerebral” o “tres en uno”. Según esta teoría, el cerebro está formado por tres sistemas neurales interconectados, los cuales son el resultado de procesos evolutivos diferentes. Éstos son el cerebro reptil, el límbico y el neocortex.
¿Qué tienen en común un policía que le para por exceso de velocidad, un guardia de seguridad de un campo de fútbol o un portero de discoteca al que no le gusta la ropa que Ud. lleva? Seguro que se le ocurren varias, pero una de las mas probables es la de que ninguno sonríe. Es un proceso inconsciente pero efectivo. La ausencia de sonrisa es una de las mejores maneras para distanciarse emocionalmente y ejercer la autoridad, tantas veces anhelada por los cuerpos de seguridad o por los gorilas de discoteca de cualquier parte del mundo (puede que en los procesos de selección de estos últimos se solicite además de tener músculos de gimnasio la capacidad de no sonreír durante horas).
Estos días he participando en el curso del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y en los cursos de ascenso a Comisarios de la Policía Nacional para el desarrollo del liderazgo. En ambos casos llevamos a cabo un taller de trabajo sobre el NoMiedo, es decir, cómo habían superado los miedos a los que ellos se habían enfrentado (les agradezco a todos ellos su participación). Tuve la oportunidad de escuchar experiencias de personas que habían estado infliltrados en grupos terroristas o que habían dirigiendo maniobras en el Golfo Pérsico, en Líbano y en Afganistán – lo que ellos llaman operaciones reales-. Y he de reconocer que aprendí mucho y que pude constatar algo que había identificado en entrevistas: Las técnicas para afrontar los miedos en situaciones muy complicadas son las mismas que cuando nos enfrentamos a retos menos peligrosos… aunque, evidentemente, el grado de adrenalina no es ni mucho menos el mismo.
¿Por qué las cebras no tienen úlcera? es el título del libro de Sapolsky, profesor de Stanford. Y la respuesta a la pregunta es muy sencilla: Porque no tienen estrés. Estos animales pasan auténtico terror cuando saben que están al alcance de un depredador. Entonces son presas de tremendas reacciones hormonales que les hacen salir corriendo (curiosamente, más rápido que otras cebras, no que el felino). Pero hasta que no intuyen al depredador, están tranquilamente pastando sin elucubrar qué harían si vieran una leona.










































