Nos pasamos la vida buscando motivaciones e intentando encontrar aquello que nos hace sentir bien, pero no será tan sencillo cuando incluso algunas personas que tienen amor, dinero y un trabajo precioso no consiguen sentirse realizadas. Lo tienen todo pero les falta algo. ¿Por qué?

El fracaso está presente en nuestra vida siempre. Todos ‘mordemos el polvo’ en algún momento de nuestra existencia. Puede que sea por un fracaso empresarial, amoroso, familiar… el abanico es muy amplio. Pero el verdadero problema no es el fracaso en sí, no es la caída, sino cómo la afrontamos, porque muchas veces tendemos a buscar excusas o culpables lejos de nosotros, a agarramos a motivos que den sentido a la caída antes de mirar en nosotros. Si el modelo fracasado es empresarial asumimos que la competencia tiene más dinero, más recursos, o a que los empleados no han estado a la altura, o que la suerte no ha estado de nuestro lado, o porque el mercado ha cambiado… Pero lo cierto es que ahí, en esa mochila de excusas, no vamos a sacar nada en claro.

El autor Tony Robbins lleva más de treinta años estudiando las motivaciones que nos guían a hacer aquello que queremos hacer en la vida. Y al respecto de estas excusas que nos ponemos, lo tiene claro: “Dejémonos de mirar a otro lado, porque cuando fracasamos es porque no pusimos la suficiente emoción a lo que hicimos, porque la emoción es el recurso definitivo”.

Para Robbins las necesidades son un motor más importante que los deseos. Porque cuando tenemos deseos y los logramos alcanzar, a menudo nos preguntamos: ¿esto era todo? Por eso lo que realmente nos motiva es la necesidad. Según Robbins tenemos necesidades físicas como la certeza, la incertidumbre (necesitamos variedad en la vida), significancia (todos necesitamos sentirnos importantes y únicos), conexión. Otra necesidad es el amor, pero la más importante, por encima de todas es la de contribuir, la de dar a los demás, la de ser solidario. La solidaridad es la motivación definitiva, la que nos guía, la que hace mantener la felicidad durante mucho más tiempo porque es una necesidad del espíritu.

A este respecto, la escritora y divulgadora Elsa Punset desarrolló hace pocos años un estudio que bautizó como la ‘Teoría de la solidaridad’. En este trabajo, realizado a más de 40.000 personas, Punset refleja unas conclusiones muy interesantes en las que de nuevo la solidaridad se convierte en punto esencial en nuestro camino hacia la felicidad:

Dos de cada tres personas sufre al ver injusticias y tragedias, una angustia que para el 43% de los encuestados se manifiesta de una forma intensa. Además, hasta el 84% se moviliza de una forma activa contra el sufrimiento en el resto del mundo e intenta actuar.

Pero quizá el punto clave de la ‘Teoría de la solidaridad’ es el que hace referencia a las respuestas a la pregunta ¿qué te ayuda a generar felicidad? En este punto se sitúa en primer lugar, y de manera muy estacada, el hecho de ayudar a personas desfavorecidas. Tener un hijo o viajar a un lugar exótico completan el podio de prioridades que nos hacen ser más felices. El sexo y ganar más dinero, en cuarto y quinto lugar, aparecen como motivos muy secundarios en esa travesía.

Robbins y Punset nos ayudan a entender por qué a aquellas personas que mencionamos al comenzar el artículo, las que lo tienen todo y aun así no se sienten felices, les ocurre eso. Quizá les falte el componente solidaridad, quizá no lo hayan experimentado, porque nuestros mayores momentos de felicidad están relacionados con la solidaridad al relacionarnos con los demás. Porque cuando ayudamos sentimos alivio y nos mostramos orgullosos de lo que somos al despertar ese altruismo innato a la condición humana.

Por si fuera poco, esta relación directa entre voluntariado, solidaridad y felicidad también es refrendada por la autora de ‘The Happiness Project’, Gretchen Rubin, quien destaca que “la gente feliz se interesa más por los problemas de la gente a su alrededor. Dedican más tiempo a ayudar a los demás y son más proclives a hacer voluntariado que a donar dinero. La felicidad le da a la gente la estabilidad emocional para mirar a su alrededor mientras que la gente menos feliz está más predispuesta a la desconfianza, soledad y preocupación por sus propios problemas”.

No busquemos más excusas: ayuda y ayudarás, comparte y recibirás a cambio bienestar, porque no hay bien alguno que nos deleite si no es compartido.