Los beneficios de ser una empresa que ondea con orgullo la bandera LGTBI

Si quieres que las personas se comprometan con lo que hacen, déjales ser ellas mismas. La diversidad no es una moda o algo que sirva solo para colgar en la web y parecer modernos. No, la diversidad y la inclusión dan resultados empresariales. Y muchos. Cuando una organización favorece que todos sus profesionales, independientemente de sus diferencias, se sientan importantes e incluidos, se consiguen tres beneficios: más innovación (¿qué creatividad se va a generar si todos pensamos de la misma manera?); los clientes se ven mejor representados (¿comprarías a una empresa que discrimina a alguien que es como tú?); y, por último, los profesionales están dispuestos a poner en juego todo su talento sin miedo a ser criticados.

Innovación, mejora de la orientación al cliente y aumento del compromiso son los tres motivos más “empresariales” que deberían convencer a todo comité de dirección para dar un paso hacia la inclusión. Por eso, hay compañías que más allá de la diversidad de género o intergeneracional, están liderando otra, la del colectivo LGTBI. Algunas de estas empresas han impulsado en España la asociación REDI —Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTI—, la cual se presenta el 4 de julio. Veamos qué cuatro políticas han puesto en marcha estas compañías:

Primero, la inclusión ha de ser parte de los valores y trasladarse a una estrategia real. “En AXA puedo ser YO mismo” reza el eslogan de la aseguradora. Solo de este modo “podemos sentirnos o expresarnos tal y como somos para atraer y retener el talento que necesitamos”, asegura Carmen Corbatón, su directora de Diversidad. La visión requiere de una estrategia, acompañada de diagnósticos y acciones que permitan un ambiente respetuoso con la inclusión. Así también lo impulsa Bill McDermott, consejero delegado de SAP, quien aspira a que la empresa se convierta en la compañía de software más abierta de mente e inclusiva del mundo, y cuya estrategia cae en manos de Miguel Castro, director global de Cultura e Identidad.

Segundo, se necesita crear una red de profesionales de la propia compañía que ayuden a empujar la diversidad LGTB. Esto requiere dar un paso adelante para muchas personas que optaron en su día por el silencio. Pero los cambios solo se producen si existen referentes en los que fijarse. P&G creó una red para el grupo LGTB que ayuda en las acciones de sensibilización y capacitación. Junto a dicha red hay otra, la de los aliados, personas heterosexuales que deciden voluntariamente contribuir a esta causa y cuyo compromiso se basa en detectar cualquier comportamiento no inclusivo y en favorecer un entorno de confianza. Estas redes son un éxito según Manuel Alejandre, director de Recursos Humanos en P&G, ya que “más del 85 % de nuestros empleados se identificaron a sí mismos como aliados en inclusión LGBT”.

Tercero, se han de lanzar campañas de sensibilización y de comunicación tanto internas como externas. Muchas veces no somos inclusivos con el otro porque tenemos zonas ciegas o sesgos inconscientes, que ven la realidad de un modo poco acertado. En la medida en que se forme a los jefes y a los colaboradores sobre un liderazgo más inclusivo o una actitud más abierta, se podrá avanzar más rápido. Así hacen SAP o Vodafone con sus programas de formación o con la adaptación de los servicios al género neutro. AXA, por ejemplo, el Día del Orgullo ilumina la fachada de su edificio con los colores de la bandera arcoíris como expresión de su compromiso.

Cuarto, hacen falta acciones más específicas en cada colectivo de la comunidad LGTBI. Bajo estas siglas se agrupan personas también muy diversas entre sí, con sus propias necesidades. Uno de ellos es el colectivo de lesbianas. Marta Fernández, fundadora de LesWorking, aboga por programas de formación para empoderarlas y conseguir que ganen más presencia dentro de las compañías.

La inclusión es una obligación para las empresas si desean talento, innovación y mejor orientación al cliente. Tal y como afirma Miren Garay, directora de Proyectos Globales de Sodexo y líder de la red LGTBI de Sodexo Iberia, “pensar que en la organización no hay ningún problema con este tema es un error, solo se está evitando afrontarlo”. Por ello, en la medida en que se convierta en una estrategia y se tomen las acciones necesarias al respecto, la empresa no solo logrará resultados sino que también conseguirá algo más importante: convertirse en un motor del cambio social. Y, por todo ello, vale la pena dar el paso.

Para decidir con más frialdad piensa en otro idioma

 

¿Matarías a una persona para salvar a cinco? Ya sé, menuda pregunta… Pero en un caso hipotético, tu respuesta variaría dependiendo del idioma en el que se te hiciera. Al menos, esa es la conclusión de una investigación que analiza el impacto del lenguaje en nuestra toma de decisiones. En este caso, plantearon el siguiente escenario más propio de películas de Marvel que de nuestro día a día: imagínate que hay un tren descontrolado y que va a matar a cinco personas que están atadas a las vías. Tienes la oportunidad de salvarlas si empujas a un hombre obeso desde lo alto de un puente que, aunque muera, provocará que el tren descarrile. ¿Lo harías? Pues bien, si esta pregunta se formula en el idioma natal, solo el 18% de los encuestados aceptarían arrojarle para evitar un accidente mayor. Sin embargo, si la misma pregunta se hiciera en un idioma extranjero que entendieran los encuestados, la cifra sería más del doble, del 44%. Se repitió la investigación en varios idiomas, como inglés, español, alemán e italiano, y los resultados fueron similares.

Según las conclusiones de Hayakawa, Costa, Foucart y Keysar, cuando pensamos en nuestra lengua materna, existe una mayor carga emocional en las decisiones que tomamos y tiene más presencia el juicio moral que dicta lo bueno y lo malo. “¿Cómo voy a matar a alguien inocente?” sería una de las primeras inquietudes que surgen. Sin embargo, cuando reflexionamos en un idioma extranjero, la respuesta es más deliberada, menos emocional y resulta más utilitarista: si muere una, al menos se salvan más. El lenguaje no solo influye en si nos decantamos por decisiones más emocionales o más racionales, afecta incluso a nuestra percepción del riesgo y al impacto del miedo. En otra investigación, por ejemplo, se preguntó sobre los riesgos existentes a la hora de viajar en un avión o los de la biotecnología. La conclusión fue similar: si lo pensamos en nuestra lengua materna, identificaremos más riesgos y, por tanto, más miedos (recordemos que las emociones entran en juego con mayor intensidad). Sin embargo, si lo reflexionamos en otro idioma veremos más beneficios que costes y, por tanto, menos riesgos.

Los vendedores de mercados o zocos turísticos saben por experiencia que hablar en la lengua materna de quien nos escucha genera más empatía. No se dirigen a los clientes en inglés, que casi todo buen turista al menos sabe chapurrear, sino en la lengua del comprador para que les entiendan y para reducir distancias (si la oferta fuera tan buena, solo con el inglés sería suficiente). Igualmente, tiene su impacto en el mundo laboral. Si tuviéramos un jefe o compañeros de equipo extranjeros y quisiéramos ganarnos su confianza, valdría la pena aprender su idioma, aunque sea unas palabras. Ante decisiones complicadas en una multinacional, como a veces ocurre en procesos de despidos, sería recomendable reflexionarlas en un idioma diferente del materno, para que las conclusiones fueran más elaboradas y menos movidas por apegos. Y, por supuesto, si tuviéramos que abordar una negociación o un conflicto entre dos personas, parece que conseguiríamos dejar a raya nuestros sentimientos si se abordara con idiomas que no fueran los natales.

En definitiva, hay decisiones que son difíciles de abordar. A veces las emociones ayudan y, en ocasiones, las entorpecen. Lo que ha demostrado la ciencia es la capacidad que tenemos de cambiar nuestro punto de vista cuando podemos pensar nuestras decisiones en un idioma diferente del materno.

Las tres claves para convertir la longevidad en un regalo para tu vida

Cada vez viviremos más años y la longevidad puede ser un regalo o una maldición, dependiendo de lo que hagamos ahora. Al menos, esta es la reflexión de dos profesores de la London Business School, Andrew Scott y Lynda Gratton, autores de La vida de cien años, una obra que ha ganado el premio al mejor libro del año según Knowsquare. La propuesta parte de un hecho indiscutible. La esperanza de vida ha aumentado, tanto que en la actualidad un niño que nazca en Occidente tiene más del 50% de posibilidades de vivir hasta los 105 años. Esta cifra era inferior al 1% hace apenas un siglo. Además, la incorporación de las nuevas tecnologías al cuidado de la salud ayudará a que tengamos más cumpleaños y conseguirá, incluso, “curar” el envejecimiento, como afirman José Luis Cordeiro y David Wood en su provocador libro La muerte de la muerte.

Más allá de adivinar hasta cuándo viviremos, parece claro que en términos generales superaremos a nuestros padres y nuestros hijos nos superarán a nosotros. Por ello, si vamos a disponer de más tiempo y con una mejor salud, ¿qué podemos hacer para disfrutar de una vida plena todos los años que tenemos por delante? Andrew Scott y Lynda Gratton sugieren que, independientemente de la edad que tengamos, revisemos nuestra agenda de decisiones vitales en tres grandes áreas:

– Reinventarnos en las distintas etapas. La longevidad abre nuevas fases vitales, como lo hizo en su día el siglo XX. Hasta entonces, no existía la adolescencia o la jubilación, era todo un continuo. Ahora hay otras etapas distintas, como la que se abre desde los 18 a los 30, caracterizada por no asumir las responsabilidades que tomaron nuestros padres, por ejemplo; o las que se inauguran a partir de la tercera edad. No existen modelos anteriores, por lo que tendremos que reinventarnos en base a dos preguntas: ¿quién soy yo? y ¿cómo voy a vivir? Esto significa que no esperemos hacer siempre lo mismo, sino que nos demos permiso para buscarnos la vida haciendo cosas distintas.

– Planificar y experimentar. La longevidad nos va a enfrentar a unas necesidades económicas superiores, lo que nos requerirá una mejor planificación financiera y un mayor ahorro o inversión. Igualmente, si necesitamos reinventarnos como personas en cada una de las fases, tendremos que planificarlo con antelación. Y esto va a estar relacionado con atrevernos a experimentar, a curiosear sobre qué otras cosas se nos han quedado en la recámara y que teníamos ganas de hacer, como ser pintores, cocineros, dar clases, o lo que cada uno decida.

– Pasión por aprender. Lo que nos hará sentirnos vivos será la actitud constante hacia el aprendizaje. Si creemos que las últimas fases de nuestra vida las vamos a pasar frente a una televisión, muy probablemente la longevidad sea una carga. En cambio, si alentamos nuestras ganas de aprender, fomentamos la creatividad, disfrutamos del arte o de cuestionarnos a nosotros mismos… podremos entrenar una mente joven independientemente de la edad que tengamos. Y ejemplos de ello hay muchos, como Peter Drucker, escritor del mundo de la empresa, que murió a los 96 años de edad habiéndose especializado también en temáticas tan dispares como los arreglos florales japoneses o los métodos de guerra medieval, entre otras. Su afán por aprender le permitió ser una mente preclara en el terreno de las empresas y un hombre feliz. Al igual que mi amigo Josep Gajo, presidente de la Corte Europea de Arbitraje, quien a sus 79 años es un insaciable lector y experto en muchas otras áreas de humanidades.

En definitiva, vivir más de cien años puede ser un regalo si tomamos decisiones desde nuestro presente, orientadas a darnos permiso para reinventarnos, a planificar y experimentar y a mantener viva la pasión por aprender. Si hacemos todo ello, muy probablemente seamos capaces de disfrutar de una vida con sentido.

El motivo por el que nos cuesta conseguir nuestros sueños

Todos tenemos sueños, pero no siempre los alcanzamos. Tanto es así que, por ejemplo, de los objetivos que nos planteamos a comienzo de año, tan solo conseguimos el 12%, según Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire en Reino Unido. Los motivos son muchos. Por un lado, porque nos come el día a día, porque no tenemos recursos o por cualquier otra excusa. Por otro lado, existe una razón más silenciosa de fondo: porque confundimos los sueños con las fantasías o con los meros deseos.

Nuestra fantasía podría ser ir a dar la vuelta alrededor del mundo, perder peso o estudiar medicina, sin planteárnoslo realmente. Pensarlo nos sirve como evasión y nos entretiene. Una fantasía también actúa como un balón de oxígeno. Cuando estamos cansados, el mero hecho de imaginarnos en una playa paradisíaca en las antípodas nos alivia de los días difíciles. El objetivo real no es tomar el avión y desaparecer, sino sencillamente distraer a nuestra mente con los cocoteros de una posibilidad remota. Igualmente, tienen un efecto directo sobre la motivación. Según un estudio de la Carnegie Mellon University, el mejor día de la semana es el viernes (algo que más de uno ya sabía sin demasiadas investigaciones). Sin embargo, el argumento que aporta este estudio es interesante: preferimos los viernes a los domingos porque disfrutamos más de la anticipación que de la realización. Aunque los viernes trabajemos, suponen la línea de salida del fin de semana, que es lo opuesto a lo que ocurre el domingo. Ese día no solemos trabajar, pero es la víspera del lunes. Por ello, la fantasía se queda en la simple anticipación de un acontecimiento que nunca vas a molestarte en conseguir, aunque lo verbalices a tus amigos o a ti mismo. Un sueño, sin embargo, es diferente.

Los sueños que realmente importan y que cambian nuestras vidas son aquellos que nos inspiran y que nos ponen las pilas. Cuando tenemos el sueño de cambiar de trabajo o de ir a un safari en África, por ejemplo, nos leemos todos los anuncios de búsqueda de empleo o todos los catálogos de viajes que caen en nuestras manos. Son capaces hasta de molestar, porque no hay manera de quitárselos de la cabeza ni de las conversaciones. Nos llevan al esfuerzo, a dejarnos la piel para conseguirlos y no se contentan con el pensamiento o con la anticipación, como sucede con las fantasías.

Dicho todo lo anterior, si hiciéramos un listado de nuestros sueños, ¿cuántos nos llevan a la acción y cuántos se quedan en meros deseos? Necesitamos diferenciarlos previamente para no frustrarnos. Si fuéramos capaces de distinguirlos, seguramente la cifra del 12% aumentaría algo más, porque seríamos más honestos con nosotros mismos. También reduciríamos frustraciones. Si en realidad, no estamos interesados en hacer deporte o en ponernos a dieta, ¿para qué vamos a tenerlos en cuenta cuando son fracasos a priori?

En definitiva, los sueños nos ayudan a avanzar y a crecer como personas. No tienen por qué ser grandiosos. Un buen sueño puede ser pasar los días difíciles con una bonita sonrisa. O pueden ser más ambiciosos, como aspirar a un mejor puesto de trabajo o a una relación de pareja más saludable. Pero, sea lo que sea, si no nos lleva a la acción, si no nos incomoda porque nos supone esfuerzo y si no nos inspira, posiblemente estemos cayendo en los brazos de las fantasías o de los meros deseos. No sucedería nada si fuera así, pero al menos, reconozcámoslo de partida para evitar frustraciones y ser conscientes de ello cuando hagamos el listado de nuestros sueños incumplidos.

La soledad de las mujeres inteligentes

¿La inteligencia de una mujer atrae a los hombres? Posiblemente, una gran parte de los hombres diría que sí, que por supuesto. Sin embargo, si se preguntara a las mujeres, muchas contestarían justo lo contrario, lo negarían. Y curiosamente, los dos tendrían razón, según un artículo publicado en 2015 en la revista Personality and Social Psychology Bulletin.

Lora Park, una psicóloga social de la Universidad de Buffalo, y sus colegas Ariana Young y Paul Eastwick realizaron diversas investigaciones para comprobar qué les ocurre a los hombres cuando están con una mujer que creen que es más inteligente que ellos. En un primer experimento, se les pidió que evaluaran a una chica que hipotéticamente era más lista y habilidosa en matemáticas y en inglés. Todos ellos calificaron a dicha mujer como una pareja romántica deseable a largo plazo. Hasta aquí todo bien. Esa era la teoría, pero ¿y en la práctica? Para dar respuesta a ello, los investigadores crearon diversas situaciones donde las personas competían. Cuando una chica demostraba ser más inteligente que los chicos, por “arte de magia” dejaba de ser tan atractiva a los ojos de los hombres. E, incluso, llegaban a reconocer que se sentían inseguros frente a ella.

Así pues, la conclusión del estudio anterior podría resumirse en una idea: en teoría la inteligencia de la mujer atrae a los hombres, pero en la práctica y en distancias cortas les genera cierta inseguridad (por supuesto, siempre hay excepciones). Más allá de esta investigación, quizá conozcas a mujeres que consideren que esta habilidad ha sido una barrera a la hora de encontrar una pareja y de mantener con éxito una relación. También es posible que conozcas a hombres que apoyan las carreras profesionales de sus compañeras y que se sienten muy orgullosos de la inteligencia de ellas. De acuerdo, cualquier generalización es incorrecta. Pero, dicho todo esto, hoy por hoy todavía existe una parte de los hombres que se sienten inseguros o que perciben que su masculinidad entra en juego cuando están frente a una mujer brillante.Posiblemente, este resultado dependa de la autoestima personal y de la madurez de cada uno, pero vale la pena tenerlo en cuenta para saber actuar y para gestionar las soledades y las posibles frustraciones.

Nos necesitamos mutuamente. Tanto es así que una de las claves que ayuda al éxito profesional de una mujer (y del hombre) es tener una buena pareja, según Sheryl Sandberg, la directora financiera de Facebook. De hecho, de las 28 mujeres que han sido directoras generales de alguna empresa de las Fortune 500, 26 están casadas, una divorciada y una soltera. Pero los cambios de la sociedad son tan profundos que también están afectando a las dinámicas entre el hombre y la mujer, lo que nos obliga a gestionar nuevos miedos disfrazados de otro modo. Y para poder lidiarlos con éxito, es necesario mejorar el autoconocimiento con el fin de ganar confianza y seguridad por uno mismo más allá de lo que el otro haga o diga. También es importante educar en inteligencia emocional desde la infancia, de forma que tanto hombres como mujeres se puedan preparar para los nuevos roles sociales que van a vivir. Y, por supuesto, necesitamos abrir nuevas conversaciones entre las parejas para encontrar los puntos de conexión y de colaboración, que no de competición. Solo así aprenderemos a superar las dificultades a las que todos y todas nos enfrentamos.

¿Cómo puedes remontar una situación?

Hay veces en que las cosas no te salen como te gustaría. Puede ser una relación o un proyecto, algo en lo que has invertido tiempo y esfuerzo y te gustaría remontarlo. Esto le ocurre muy a menudo a los deportistas profesionales cuando están en una final y el resultado no les acompaña. Si pudiéramos identificar qué hacen ellos cuando consiguen dar la vuelta a un marcador, podría darnos claves para saber qué podemos hacer nosotros en nuestra vida personal o profesional. Y esto es lo que analiza de modo muy interesante José Luis Llorente Gento, el que fuera jugador de la selección española de baloncesto, ganadora de la primera medalla olímpica de plata en 1984 en Los Ángeles. José Luis, en su libro Espíritu de remontada, explica qué técnicas utilizan los jugadores de élite de diversos deportes para remontar situaciones difíciles. Veamos su propuesta para aplicarlo en tu día a día.

La primera clave es el deseo. Las cosas que se resisten requieren pasión y esfuerzo. Si no las deseas con fuerza, es difícil que las consigas. Los jugadores quieren un triunfo, pero esa motivación por sí misma no es suficiente. Como dice José Luis, “la remontada comienza con el deseo de ganar una medalla o de pasar la eliminatoria, pero cuando estás enfrascado en el partido, lo que determina que perseveres en el esfuerzo es, por ejemplo, la sensación de que estás haciendo un buen trabajo”. Por ello, el deseo es el punto de partida, pero tiene que haber algo más, un propósito o un disfrute de lo que haces en cada momento. Si este no existe, es difícil que aguantes para estudiar unas oposiciones o preparar ese informe que parece infinito. Por tanto, ¿qué te mueve exactamente en ese proyecto que tienes entre manos? Y, mientras estás haciéndolo, ¿con qué disfrutas?

El segundo elemento clave en una remontada (y en la vida) son los valores. Los valores no son los compañeros del éxito, son la causa y el sello que nos caracteriza. Cuando las cosas no pintan bien o tenemos dudas en decisiones trascendentes, necesitamos acudir a nuestros valores, a lo que nos identifica como personas y que necesitamos tener muy presente cuando queremos remontar una situación. Por ello, pregúntate, ¿qué valores quieres que te definan en estos momentos?

El deseo y los valores son el punto de partida, pero hacen falta más cosas para que la remontada se produzca. Por una parte, necesitamos trabajo y esfuerzo, confianza en uno mismo y en el equipo, generosidad en lo que hacemos y un entorno que nos rete. El trabajo, aunque sea rutinario, nos ha de entrenar para nuestro objetivo final. Como resume José Luis con la metáfora de la película Karate Kidde fondo: “dar cera, pulir cera: conecta lo que haces con la mejora de tus capacidades”. Las remontadas se consiguen cuando hay energía para ello, porque una vocación sin esfuerzo solo es imaginación. No se consiguen los grandes objetivos sin sudar la camiseta y sin paciencia. Por ello, ¿cuánto estás dispuesto a trabajar para lograrlo?

Otras dos claves importante son la confianza y la generosidad. La confianza en uno mismo y en otros nos crea los espacios de libertad necesarios para sacar lo mejor de nosotros mismos. La confianza es la puerta de la creatividad, tan necesaria para buscar las soluciones a problemas que se nos resisten. La generosidad es la vertiente ética de los valores, la virtud más apreciada en los equipos y una motivación poderosa. Lo que hacemos por otras personas a veces es muy superior a lo que haríamos por nosotros mismos. Por eso es tan importante un entorno retador, con el que compartamos valores y que nos anime a esa remontada. Si piensas en ese proyecto que tienes entre manos, ¿tienes confianza en ti y en quienes te rodean?, ¿estás siendo generoso?, ¿tu entorno te apoya?

En definitiva, todos necesitamos remontar situaciones que nos resultan difíciles y estas pueden resultar más fáciles si nos apoyamos en un deseo real, una motivación que nos anime, valores, confianza y generosidad en un entorno retador. Así sucede a los deportistas de élite según José Luis Llorente, así puede sucedernos al resto.

Ocho libros para ocho respuestas

Si en verano te apetece leer un poco, a continuación te sugiero algunos libros sobre temas que abordamos en el Laboratorio de la Felicidad. Algunos son clásicos y otros son más recientes, pero todos ellos muy interesantes:

– Si quieres dejar de machacarte por no ser perfecto:

“La búsqueda de la felicidad”, de Tal Ben-Shahar. Ben-Shahar es riguroso, explica el perfeccionismo como un problema para conseguir la felicidad y aporta claves para resolverlo. Escribe libros muy cercanos, en los que él se expone como uno más. No es de extrañar que sea uno de los profesores más admirados de Harvard, y lo confieso, este autor es de mis preferidos.

– Si necesitas un cambio en tu vida y no sabes cómo hacerlo:

“El oso, el tigre y el dragón”, ganador del II Premio Urano de Crecimiento Personal y Salud Natural, escrito por Andrés Pascual y Ecequiel Barricart, trata sobre un sastre que atraviesa un momento muy complicado en su vida hasta que recibe un misterioso regalo. Si eres de los que les gustan las fábulas, este es tu libro. Y si prefieres el ensayo, al final tienes una explicación narrada sobre los símbolos, que particularmente me ha encantado.

– Si quieres un método para cambiar pensamientos que no te ayudan:

“El arte de no amargarse la vida”, de Rafael Santandreu. Se apoya en el método de la psicología cognitiva, en el que ofrece herramientas sencillas para cambiar pensamientos que nos hacen daño. Su estilo resulta muy fresco, lleno de anécdotas y muy aterrizado en el día a día. Sigue estando en el top de ventas.

– Si necesitas resolver un conflicto que te tiene atrapado:

“Negociar lo imposible”, de Deepak Malhotra, premio Know Square en 2016. Este profesor explica cómo se puede llegar a acuerdos con éxito cuando no se tiene la fuerza o el dinero para resolverlos. Aunque se centra fundamentalmente en los negocios, se apoya en acontecimientos históricos, en el deporte… lo que permite que sus métodos se puedan aplicar a nuestras negociaciones cotidianas.

– Si piensas que tu vida es un desastre y quieres animarte:

“El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl. Un clásico, que debería ser obligatorio leer en nuestras vidas. Este médico judío austriaco estuvo preso en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y pudo analizar qué era lo que nos daba fuerza para superar situaciones límite. Y la clave está en la búsqueda de un propósito. Es un libro absolutamente maravilloso, aporta claves magistrales y nos permite, además, relativizar nuestros problemas.

– Si buscas inspirarte en personas influyentes:

“Aprendiendo de los mejores”, de Francisco Alcaide. El autor hace un recorrido a través del análisis de entrevistas o de la experiencia de personalidades que han tenido gran capacidad de influencia. Además, abarca todo tipo de ámbitos actuales o históricos e incluye a personas como Amancio Ortega, Madre Teresa de Calcuta, Ferrán Adriá o Lao-Tsé. Su estilo resulta muy ameno, en reflexiones breves e interesantes.

– Si quieres mejorar las relaciones con la familia:

“La familia: de las relaciones tóxicas a las relaciones sanas”, de Laura Rojas Marcos. En las familias se crean dinámicas que a veces resultan perjudiciales y de las cuales, no siempre somos conscientes. Laura las tipifica, las explica y ofrece una solución para que se transformen en algo positivo. Muy interesante para reflexionar sobre nosotros.

– Si quieres tomar decisiones que te cuestan muchísimo:

“¿Y si realmente pudieras?”. Sobre este libro ya he hablado en otras ocasiones y se centra en una fuerza desconocida pero poderosa, la de la determinación. Todos nacemos con ella y es la que nos permite superar obstáculos. El libro se centra en cómo despertar nuestra determinación para superar nuestros miedos o para identificar qué queremos a través de seis pasos sencillos, que podemos aplicar en nuestro día a día.

Estos ocho títulos son solo algunos del amplísimo abanico que existe en el mundo de los libros. De hecho, cuando lanzo esta pregunta en redes surgen muchas otras propuestas. Por ello, lo importante es encontrar aquel que te inspire en cada momento y que te permita responder a la pregunta que te esté rondando en ese instante.