Archivo de la etiqueta: Talento

17
ago

Lo que nos motiva en el trabajo (y lo que nos da miedo)

La motivación en el mundo de trabajo tuvo un “descubridor”. Elton Mayo, allá por la década de 1920, cuando al analizar cómo afectaban los factores exógenos a la productividad de un grupo de trabajadoras de una fábrica se encontró con una grata sorpresa. Ni la luz, ni la temperatura influían sensiblemente en el aumento de productividad registrado durante las pruebas. La principal causa era que estas profesionales habían sido seleccionadas y sentían reconocido su trabajo. Mayo descubrió de esta forma las llamadas “necesidades sociales” en el trabajo: los profesionales no sólo buscan comodidad y salario en su trabajo como pensaba Taylor, sino que su rendimiento laboral va a venir condicionado por lo gratificados que se sientan. Fue un gran descubrimiento para la época, que enterró con himnos y salvas el pensamiento taylorista que había reinado desde principios de siglo. Mayo inauguró con esta investigación la Escuela de las Relaciones Humanas.
Desde entonces hasta ahora, diversos autores han contribuido a explicar que es lo que nos motiva y nos hace levantarnos por las mañanas para ir a trabajar. Pero el mundo de las motivaciones continua siendo resbaladizo. La complejidad del ser humano se lo pone muy difícil a los psicólogos (y a los jefes, también). Se han desarrollado diversas teorías y tipologías, algunas con más seguidores y duración que otras. David McClelland, del que ya hemos hablado, es el padre de uno de los análisis más importantes sobre la motivación laboral. McClelland estudió en profundidad los motivos o necesidades –normalmente inconscientes- que permiten explicar los comportamientos de las personas y su interacción con otros en el trabajo. Estos motivos, llamados Sociales, los clasificó en tres tipos:

  • Logro: alcanzar o superar un estándar de excelencia y/o mejorar el propio nivel de desempeño.
  • Afiliación: generar y mantener buenas relaciones con las personas.
  • Poder: lograr influir en los demás y conseguir que otros hagan cosas que no habrían hecho sin esa influencia.

Todos tenemos los tres tipos de motivos, pero en la mayoría de los casos un motivo destaca más que los otros. Pero los motivos anteriores son sólo una cara de la moneda. En la otra cara se oculta nuestro miedo. Alguien muy orientado al logro probablemente huirá del fracaso. A aquel que necesite sentirse integrado en el grupo le aterrará el rechazo o la soledad. A quien le motive influir, la pérdida de poder será su peor pesadilla. Por supuesto, son casos extremos. A los miedos anteriores les tenemos que añadir otros dos igual de importantes: a la no supervivencia (no llegar a fin de mes) y al cambio.Los cinco miedos anteriores son los más importantes en las empresas y los que cada uno poder sentir en una mayor o menor medida.

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16
ago

Eneagrama en la empresa

Hace quince años hice un curso de eneagrama. Para quien no lo conozca, el eneagrama es una filosofía que ayuda a entender más a la persona, conocer sus motivaciones, su forma de entender la realidad… y lo explica en torno a nueve tipos de caracteres. Desde hace un tiempo parece que se ha puesto de moda. Ha salido en periódicos como El País, en revistas especializadas como Capital Humano y se ha planteado como herramienta en las empresas para programas de selección. Pero de esto último tengo mis reservas.

Durante la primera quincena de agosto he participado en un programa de formación diseñado por Claudio Naranjo, uno de los mayores impulsores mundiales del eneagrama. La formación, denominada SAT, ha tratado sobre varios temas, siendo el eneagrama uno de los importantes. Después de todo este trabajo (maravilloso y utilísimo, por otra parte), no soy partidaria de aplicarlo al mundo de la empresa, como al menos lo he visto reflejado en varias consultoras y empresas. El eneagrama es una poderosísima herramienta de autoconocimiento y conocimiento del otro y creo que a cualquier persona le sería de  inmensa ayuda. Pero de ahí a que sirva de clasificación de personas por número y de presuponer su desempeño conforme a su tipología creo que hay un gran abismo. Además, existen tantas diferencias dentro de cada eneatipo que el resultado sería muy pobre.

Independientemente de ello, el eneagrama es de gran ayuda a quien tiene que dirigir personas, para conocer sus necesidades y sus miedos; así como a profesores y maestros, para ayudar a desarrollar el talento de sus alumnos y ayudarles a respetar las diferencias. Los libros que hay en el mercado, hoy por hoy muestran un eneagrama muy frívolo y superficial, que da lugar a clasificaciones fáciles que no aportan demasiado (algunos parecen más un horóscopo que otra cosa). Además, cuando uno lee su eneatipo casi nunca lo reconoce. Por ello, si alguien está realmente interesado existen sesiones de formación en las que se conoce de primera mano su filosofía y su utilidad y supone dar un primer paso en el apasionante mundo del autoconocimiento.

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17
jul

Compromiso, un baile en pareja

¿Qué es lo que mueve a un profesional a rendir más de lo estrictamente necesario? o ¿qué le induce a permanecer en su organización y a no marchar a otra aún teniendo la posibilidad de hacerlo?, ¿el sueldo, la carrera profesional, el estilo de dirección…? Depende. Depende de la persona y de la empresa. La única certeza que podemos tener es que cuando un profesional aporta más de lo estrictamente necesario es porque está motivado a hacerlo, o que cuando permanece en su empresa es porque tiene la motivación de continuar ahí. Y ambas motivaciones son imprescindibles para que el profesional desarrolle su talento individual y colabore a crear valor a los clientes y a su organización. Pues bien, la motivación de pertenecer y de aportar en una compañía es lo que denominamos compromiso. El compromiso es diferente a la satisfacción. Un profesional satisfecho no tiene porqué estar comprometido, como es el caso de ciertos profesionales motivados a continuar ahí, pero no a aportar valor. Seguramente ha conocido alguno en su vida.

Por cierto y sin cambiar de tema, ¿le gusta bailar? Aunque su respuesta no sea afirmativa, seguro que sabrá que un buen baile -tango, sevillana o merengue- es cosa de dos. Pues el compromiso es igual: una cosa de dos, del profesional y de la empresa. Un profesional por sí solo no se compromete (como tampoco uno baila un tango solo). Tendrá mayor o menor capacidad de comprometerse (o de bailar), pero el resultado sólo llega a materializarse dependiendo de la organización en la que se encuentre y de cómo ésta actúe (de la pareja de baile).

El resultado de la relación entre la capacidad de comprometerse del profesional y las actuaciones de la empresa, como la de cualquier otra pareja (y no necesariamente de baile), puede ser de tres tipos: crecimiento, separación o “infidelidad” (es decir, continuar en la compañía pero pensando en otra). Como es de suponer, sólo cuando de esta relación prosperan o crecen tanto el profesional como la empresa, es cuando se genera el compromiso, el profesional se desarrolla y contribuye a alcanzar los resultados organizativos.

El compromiso, por tanto, siempre depende de dos: Del profesional y de la organización donde se encuentre. Este es el motivo por el que una persona  puede estar comprometida en un determinado entorno y no en otro, dependiendo de sus motivaciones y expectativas. Alguien puede sentirse muy realizado trabajando en Médicos Sin Fronteras y otro especialista prefiera la capacidad de aprender en hospitales con tecnología avanzada. Lo importante para definir el compromiso es conocer cuál es la propuesta de valor que he de hacer como empresa y cuáles son mis motivaciones y expectativas como trabajador. Sólo en ese momento podré identificar mi mejor pareja de baile.

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15
jul

Todos tenemos talento, pero no para todo

Nicholas Negroponte, el creador del mítico Media Lab del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) y uno de los mejores pensadores en tecnología, visitó España hace unos días y afirmó: “Soy muy bueno vendiendo ideas, pero no soy tan bueno vendiendo portátiles”. Se refería a su propuesta “Un portátil para cada niño”, cuyo objetivo es que en los países del Tercer Mundo cada niño tenga un portátil económico (en torno a 135 euros), que funcione con batería y que le permita acceder al mundo de Internet. Sin embargo, su idea que fue presentada hace tres años a bombo y platillo, no está teniendo la acogida esperada. Son varios los motivos: Por una parte, el precio de la producción que no eran los 73 iniciales; por otra parte, la presión de los fabricantes multinacionales y la complejidad de las burocracias en una gran parte de los países. Además de los factores externos, Negroponte añade otro: “No soy un comercial”.

Todos tenemos talento, pero no tenemos talento para todos, podía ser una de las principales reflexiones de sus palabras. Una idea tan excelente como la de Negroponte, requiere de un equipo que sea capaz de sortear la burocracia, negociar con los fabricantes y con los gobiernos dispuestos a financiar el proyecto. Para cada posición se requieren habilidades bien distintas. Y algo que a priori, parece muy sencillo en la teoría, en la práctica se incumple constantemente. ¿A qué comercial se asciende? Aquel que más vende, pero que no supone que sea el que mejor sepa dirigir personas. Cuando nos equivocamos en un ascenso, tenemos dos resultados: Perdemos un gran comercial, en este caso, y conseguimos un equipo y un jefe insatisfechos. Por ello, antes de mover el talento deberíamos reflexionar sobre este riesgo.

Regresando al proyecto de Negroponte, él mencionó que a finales de año nombraría un equipo ejecutivo para impulsar la idea. Desde estas líneas, alabamos su decisión y le deseamos mucha suerte en un proyecto capaz de cambiar la configuración económica y cultural de los países donde se lleve a cabo.

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