Despedidas o la dignidad de cualquier trabajo
Me ha encantado la película japonesa Despedidas, dirigida por Yojiro Takita y ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 2009. Conjuga sensibilidad, trama, una interpretación genial y sobre todo, mensajes que hacen reflexionar acerca de cualquier tipo de trabajo que realizado con dignidad y respeto es un ejemplo para todos. El protagonista amortaja y su trabajo es rechazado por su entorno. Sin embargo, la elegancia, delicadeza y profundo respeto con que prepara a los muertos a la otra vida lo convierte en un artista. Y esta sensación la podemos trasladar a todos, independientemente de lo que hagamos. La sociedad es un sistema donde cada uno es una pieza clave para su funcionamiento y no acabo de comprender por qué insistimos en buscar la realización personal escalando posiciones cuando quizá deberíamos centrarnos más en lo que hacemos, en encontrar un sentido y en realizar nuestro trabajo como obras de arte, sea una función de dirección, de ayudante o de amortajador. Seguimos empeñando en buscar hacia afuera cuando muy probablemente la fuerza esté hacia dentro y sea precisamente lo que diferencia a unos profesionales de otros: aquellos que su trabajo lo viven como un disfrute y un servicio, frente a los que lo consideran como mera rutina. Ahora, en un momento de crisis, no es tan fácil cambiar de empresa ni de posición, quizá sea una oportunidad para descubrirnos a nosotros mismos en cada pequeño detalle, sea realizando un informe, limpiando o dirigiendo personas.
Otra idea que me gustó de Despedidas fue la reflexión de la muerte, la naturalidad, la ausencia de dramatismos, que no de dolor, y cómo a pesar de ello, la vida sigue existiendo. A diferencia de algunos países orientales, nuestros gestos culturales ante la muerte suelen ser más histriónicos (hasta hace pocas décadas se contrataban plañideras) y existía un tabú en torno a ella. Sin embargo, en la película la vida y la muerte discurren en paralelo, de manera sigilosa…. En fin, vale la pena verla y sentirla.
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Alguna vez me han preguntado el motivo por el que escribí sobre el miedo. El origen se remonta a 1998 cuando estaba haciendo mi tesis doctoral sobre gestión del conocimiento (que luego se acabó convirtiendo en la gestión del talento). Lo que más me interesaba por aquella época era indagar en las causas por las que las personas no comparten todo cuanto saben. En aquel entonces, se hablaba de bases de datos, tecnología, calidad e incluso, gestión de personas. Pero yo no recuerdo que en ningún lugar se trataran las barreras a compartir información… excepto en un artículo del 