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12
oct

Despedidas o la dignidad de cualquier trabajo

Me ha encantado la película japonesa Despedidas, dirigida por Yojiro Takita y ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 2009. Conjuga sensibilidad, trama, una interpretación genial y sobre todo, mensajes que hacen reflexionar acerca de cualquier tipo de trabajo que realizado con dignidad y respeto es un ejemplo para todos. El protagonista amortaja y su trabajo es rechazado por su entorno. Sin embargo, la elegancia, delicadeza y profundo respeto con que prepara a los muertos a la otra vida lo convierte en un artista. Y esta sensación la podemos trasladar a todos, independientemente de lo que hagamos. La sociedad es un sistema donde cada uno es una pieza clave para su funcionamiento y no acabo de comprender por qué insistimos en buscar la realización personal escalando posiciones cuando quizá deberíamos centrarnos más en lo que hacemos, en encontrar un sentido y en realizar nuestro trabajo como obras de arte, sea una función de dirección, de ayudante o de amortajador. Seguimos empeñando en buscar hacia afuera cuando muy probablemente la fuerza esté hacia dentro y sea precisamente lo que diferencia a unos profesionales de otros: aquellos que su trabajo lo viven como un disfrute y un servicio, frente a los que lo consideran como mera rutina. Ahora, en un momento de crisis, no es tan fácil cambiar de empresa ni de posición, quizá sea una oportunidad para descubrirnos a nosotros mismos en cada pequeño detalle, sea realizando un informe, limpiando o dirigiendo personas.

Otra idea que me gustó de Despedidas fue la reflexión de la muerte, la naturalidad, la ausencia de dramatismos, que no de dolor, y cómo a pesar de ello, la vida sigue existiendo. A diferencia de algunos países orientales, nuestros gestos culturales ante la muerte suelen ser más histriónicos (hasta hace pocas décadas se contrataban plañideras) y existía un tabú en torno a ella. Sin embargo, en la película la vida y la muerte discurren en paralelo, de manera sigilosa…. En fin, vale la pena verla y sentirla.

20
ene

¿Por qué hablar del miedo?

miedoAlguna vez me han preguntado el motivo por el que escribí sobre el miedo. El origen se remonta a 1998 cuando estaba haciendo mi tesis doctoral sobre gestión del conocimiento (que luego se acabó convirtiendo en la gestión del talento). Lo que más me interesaba por aquella época era indagar en las causas por las que las personas no comparten todo cuanto saben. En aquel entonces, se hablaba de bases de datos, tecnología, calidad e incluso, gestión de personas. Pero yo no recuerdo que en ningún lugar se trataran las barreras a compartir información… excepto en un artículo del Harvard Business Review. Gerald Suárez, consejero de la Casa Blanca, introdujo un concepto realmente novedoso: El miedo. Y aquel artículo me ayudó a reflexionar sobre nuestros temores, casi siempre magistralmente encubiertos.

He de reconocer que aquel artículo fue una excepción y que el tema lo tocaba de puntillas. Cuando tuve la oportunidad de ir a Estados Unidos y de acceder a las bases de datos documentales de algunas universidades, descubrí que apenas se hablaba del miedo en el mundo de la empresa. Era (y es) un concepto tabú. Parece ser que reconocer que tienes miedo es una debilidad, cuando en el fondo es lo que nos ayuda a saber como sobrevivir. Gracias al miedo somos prudentes y eso es sano. Sin embargo, hay otra cara de la moneda que nos daña, la que nos impide desarrollarnos, arriesgar. Ese es el miedo tóxico  que merma nuestro talento.

A raíz de escribir y trabajar sobre el talento, descubrí también que el miedo es la otra cara de la moneda y que a veces es más interesante trabajar en la superación de los miedos que no incidir más en la motivación. Eso es lo que aplico en mis seminarios y en mis sesiones de coaching y observo que se obtienen importantes resultados positivos.

Yo también tuve miedo a hablar del miedo. Algo paradójico, quizá. Pensé: ¿a quién le va a interesar sacar a la luz una emoción que muchos se empeñan en ocultar? Pero creía y creo que todos somos capaces de dar mucho más, que nuestras barreras a la felicidad están intimamente relacionadas con nuestros temores y que, además, existe otro modo de vivir y de gestionar las empresas. Por eso escribí sobre NoMiedo (que no significa no tenerlo, porque es necesario, sino que no nos domine) y fui capaz de superar el mío.