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17
oct

Miedo en situaciones muy difíciles

Estos días he participando en el curso del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y en los cursos de ascenso a Comisarios de la Policía Nacional para el desarrollo del liderazgo. En ambos casos llevamos a cabo un taller de trabajo sobre el NoMiedo, es decir, cómo habían superado los miedos a los que ellos se habían enfrentado (les agradezco a todos ellos su participación). Tuve la oportunidad de escuchar experiencias de personas que habían estado infliltrados en grupos terroristas o que habían dirigiendo maniobras en el Golfo Pérsico,  en Líbano y en Afganistán – lo que ellos llaman operaciones reales-. Y he de reconocer que aprendí mucho y que pude constatar algo que había identificado en entrevistas: Las técnicas para afrontar los miedos en situaciones muy complicadas son las mismas que cuando nos enfrentamos a retos menos peligrosos… aunque, evidentemente, el grado de adrenalina no es ni mucho menos el mismo.

De entre todas las técnicas, la más mencionada fue la del aprendizaje previo. Cuando le pregunté a personas que trabajan desactivando bombas o minas sobre cómo lo hacían, ellos me dijeron: “Lo hemos hecho tantas veces que actuamos de forma mecánica sin pensar en las consecuencias que pueden ocurrir”. El aprendizaje y la repetición dejan una huella en nuestra memoria que nos ayuda a salir airosos de situaciones difíciles. La mejor manera para superar el miedo es la acción con sentido (sin caer en la técnica del jamster que gira sin más). De hecho, lo mejor para superar el temor a hablar en público es hablando. Lo mejor para afrontar una situación en la que no te atreves a tomar una decisión, es mirándolo a la cara y haciendo algo.

Por supuesto hay más técnicas para superar el miedo (y en cada situación y persona se requiere una diferente) pero probablemente, el aprendizaje sea una de las que más ayuda a casi todo el mundo.

Imagen tomada de: http://futurospolicias.webcindario.com/

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3
oct

Un poquito de coherencia

Mi principal activo son las personas.

En esta empresa se trabaja en equipo.

Buscamos que la gente sea líder.

Queremos talento.

Buscamos innovación.

¿Cuántos no hemos leído o escuchado frases como esas? En todos los años que llevo trabajando en empresas no he escuchado ninguna que no dijera cosas similares y luego, en muchas ocasiones la realidad era bien distinta.
Decía Moliere, “todos los hombres se parecen por sus palabras; solamente las obras evidencian que no son iguales” y creo que es de aplicación a las organizaciones y a los jefes. No nos engañemos, todavía se emplea el miedo como fórmula de gestión (un 51% de las compañías, según un estudio que realizamos en 2005 sobre 200 empresas). Todavía hay muchas personas que buscan sólo su propio interés y no el del equipo. Y por supuesto, en muchos sitios todavía molesta que alguien opine de forma contraria (y sin divergencia no hay innovación).
Por supuesto, hay organizaciones que invierten mucho en personas y hay directivos que se dejan la piel para que su gente esté satisfecha. Una vez más, no hablamos de ellos. Hablamos de aquellos que no son coherentes, que venden algo bien distinto a lo que luego practican. La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es uno de los valores que más reconozco en las personas. Por eso, creo que el desarrollo del liderazgo pasa por conocerse mejor y por indagar hasta qué punto lo que digo corresponde con lo que hago. En muchas ocasiones es un proceso inconsciente, pero se puede trabajar y para ello necesitamos ayuda: Un coach, un mentor, un buen amigo, un buen jefe o un buen colaborador. Si estamos dispuestos a escuchar, tenemos mucho que ganar. Aunque este primer punto es probablemente el más difícil de todos.

Imagen: http://www.elmundo.es

Autor de la imagen: Ángel Pantoja

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30
jul

El dulce encanto del fracaso

El empresario Manuel Jové Capellán ha comprado el 5% de BBVA, lo que le convierte en el mayor accionista del banco. Jové es uno de los hombres más ricos de España, con un patrimonio que asciende a 4.000 millones de euros y lo que más me impresiona de su vida es su capacidad de salir del aparente “fracaso”. Nació hace 66 años. Emigró a Alemania a trabajar y al cabo de pocos años, regresó para colaborar en la carpintería familiar. Montó dos empresas y quebró en dos ocasiones, hasta que finalmente edificó el imperio que tiene ahora. En otras palabras, supo salir de la quiebra y salió fortalecido de la misma.

Y eso me encanta. Me encanta que se hable del fracaso, porque es lo que humaniza el éxito. Parece que en nuestra cultura sólo está bien visto hablar de lo maravillosos que somos, cuando todos sabemos que detrás de un triunfo hay una serie de errores importantes. El fracaso y el éxito son dos caras de una misma moneda y posiblemente, si fuéramos capaces de contemplarlo en el continuo del tiempo, veríamos que ambos son necesarios. De hecho, en la biografía de Jové se dice que su segunda quiebra le ayudó a fortalecerse en su relación con los bancos.

Hablemos del fracaso. Sugiero que en los seminarios y en las ponencias donde las empresas se visten de gala podrían comentar dónde se equivocaron. Eso ayudaría a aprender. De hecho, en British Petroleum se premia a aquellos que son capaces de reconocer sus fracasos en medio de una reunión. El fracaso de una persona es la antesala del éxito de otra. Pero hay una barrera cultural. No nos gusta reconocer que nos equivocamos. Cuando estuve en Estados Unidos, me impresionó escuchar varias charlas de directivos que entre los comentarios de lo que hacían en sus compañías incluían un apartado de sus fracasos importantes. ¿Por qué no podemos hacerlo nosotros? Además, detrás de fracasos importantes pueden existir éxitos redondos como ha demostrado la experiencia de Jové.

Para tener más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Jove

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