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11
nov

¿A qué tenemos miedo?

Con la actual situación de crisis se ha abierto la caja de Pandora de los miedos. El miedo es una emoción con la que nacemos y que nos ayuda a ser prudentes. El problema viene cuando llega a paralizarnos, que es lo que parece que está ocurriendo en estos momentos. Es entonces cuando se convierte en miedo tóxico, dañando nuestras capacidades y paralizando la toma de decisiones.
El miedo comprende una familia de emociones que van desde el pánico a la ansiedad, pasando por el malestar temeroso y el estrés.
¿A qué tenemos miedo? Miedo y Motivación están íntimamente relacionados, pero no tienen la misma visibilidad en los medios ni la misma presencia en los discursos de empresa. Mientras la motivación tiene un papel estelar en los libros de management y provoca auténticos quebraderos de cabeza a los directivos de recursos humanos que la persiguen cual santo grial, el miedo sin embargo está en el orfanato de los discursos corporativos aunque tenga un papel protagonista en el día a día de muchas empresas. Son las dos caras de una misma moneda. Alguien muy orientado al logro probablemente huirá del fracaso. Aquel que necesite sentirse integrado en el grupo se sentirá aterrorizado frente al rechazo o la soledad. A quien le motive influir, la pérdida de poder será su peor pesadilla. Por supuesto, son casos extremos. A los miedos anteriores les tenemos que añadir otros dos igual de importantes: a la no supervivencia (no llegar a fin de mes) y al cambio. Y de todos los miedos anteriores se derivan otros tantos como vemos en la siguiente tabla.

Miedo principal

Motivación asociada

Algunos miedos derivados

No supervivencia

Necesidades básicas

Miedo a perder el trabajo

Miedo a no llegar a fin de mes…

Rechazo

Afiliación

Miedo a ser distinto

Miedo al éxito o a destacar

Miedo a relacionarse con las personas…

Fracaso

Logro

Miedo al error

Miedo a asumir riesgos

Miedo a tomar decisiones

Miedo a no ser reconocido por el trabajo realizado…

Pérdida de poder

Poder – Influencia

Miedo a perder un puesto de influencia

Miedo a no ser reconocido socialmente…

Cambio

Todas las anteriores

Miedo a un cambio de función

Miedo a un cambio de localización…

¿Cuál es nuestro miedo más importante? Como suele suceder, depende de muchos factores: edad, posición en la jerarquía, crecimiento personal y circunstancia económica. En la actualidad, el miedo a no llegar a fin de mes o a un despido se han ganado una triste importancia. Por ejemplo, en el mundo directivo, el miedo estrella es el relativo al fracaso. Al menos éste fue el resultado de un estudio realizado sobre 185 mandos medios y directivos realizado hace tres años (seguramente ahora se darían otros resultados). Las compañías actúan en función de objetivos y no alcanzarlos suele implicar consecuencias poco deseables. Pero los resultados del estudio encierran datos aun más curiosos. Se hizo en España. No es sorprendente, por tanto, que el miedo al rechazo tenga tanta importancia. Y tampoco es llamativo que el miedo a la pérdida de poder sea el menos votado. ¿Acaso no existe? ¿No nos gusta influir en los demás? En una cultura afiliativa como la nuestra produce una cierta alergia decir que nos motiva mandar. En definitiva, si al hablar de la motivación, la cara seductora de la moneda, no parece que seamos demasiado sinceros, ¿podremos serlo al hablar del miedo?

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7
jun

Un cuento sobre el “fracaso”

Un cuento muy antiguo que recoge el aparente fracaso.

Un día apareció un caballo en la granja de una aldea. El dueño de la granja lo cuidó y el caballo se quedó. La gente de la aldea le decía: Qué buena suerte. El respondía: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.

Pasado unos días, el caballo se marchó. La gente de la aldea le dijo: “Qué mala suerte”. Él contestó: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.

Pasada una semana, como le había cuidado muy bien, el caballo regresó con una manada de caballos. La gente de la aldea le dijo al dueño de la granja: “Qué buena suerte”. Y él respondió: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.

Después de unos días, uno de los caballos le dio una coz al hijo del dueño de la granja que le rompió las piernas. La gente de la aldea le dijo: “Qué mala suerte”. Él contestó: “Buena suerte, mala suerte, se verá”.

Después de dos semanas, los ejércitos de ese país se llevaron a todos los jóvenes a la guerra excepto a su hijo que tenía las piernas rotas… ¿Buena suerte, mala suerte?, se verá.

El fracaso es reinterpretable. Lo que a priori parece que fue un desastre, después con el tiempo podemos alegrarnos que haya ocurrido (un despido, una ruptura de pareja, un proyecto no conseguido…) Además, lo que no se aprende con el éxito, se aprende con el fracaso. Es posible que una de las cualidades que definan el poder personal sea la capacidad para entender el aparente fracaso y convertirlo en una lección personal para el futuro.

(Este cuento lo he escrito por petición de profesionales de Remax que me lo solicitaron después de escucharlo en la conferencia que impartí en su congreso esta semana. Un placer haberlo hecho)

7
may

El fracaso muchas veces es un regalo

Ese fue el título que escogió Francisco Alcaide en una entrevista que me hizo el mes pasado en Executive Excellence (una entrevista, la cual me encantó, por cierto). El fracaso cuando se revisa a lo largo del tiempo se observa que fue la clave para conseguir un éxito en el futuro. Al menos, esa ha sido mi experiencia.
Como todos, me he equivocado en muchas ocasiones y no recuerdo haberme quedado en ninguna ocasión indiferente. Sin embargo, luego con el tiempo he entendido que esos errores fueron fundamentales para lo que después he ido logrando. Por eso, revisar el lenguaje interior cuando uno se confunde es básico para no sufrir y aprender. Deberíamos desterrar de nuestro vocabulario frases como “soy un inútil” o demás adjetivos y sustituirlos por “me he equivocado”. El verbo “ser” es muy peligroso para la autoestima personal cuando se refiere a cosas negativas. Y lo mismo ocurre cuando se quiere ayudar a un hijo, amigo o colaborador a afrontar un problema.
A veces me sorprende la dureza con la que nos tratamos y que probablemente evitaríamos a la hora de decírselo a otros si hubieran cometido el mismo error que nosotros. No me extraña que el Dalai Lama dijera que no entendía la falta de autoestima en Occidente. Por ello, en la medida que sepamos aceptar el fracaso podremos ganar en autoestima y en capacidad de aprendizaje.

Entrevista íntegra en PDF