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15
may

La Tecnología fractura la sociedad

Pensemos por un momento en las tareas que tenía que desempeñar una ama de casa a finales de los 40, principios de los 50. Entre otras cosas, tenía que lavar la ropa a mano y comprar todos los días la comida porque los alimentos no se conservaban fácilmente. Situémonos una década después y hagamos el mismo ejercicio. Pondría la lavadora, compraría una vez a la semana y lo colocaría en la nevera. Todo el tiempo que le ahorran los electrodomésticos (ya que la coparticipación del hombre en las tareas domésticas es algo posterior, ¡cuando lo es!), lo comienza a invertir en sí misma: Formándose, trabajando en puestos cada vez más cualificados, demandando productos y servicios dedicados exclusivamente a un público femenino, que hasta entonces apenas había tenido mercado. Todo ello colabora a que se produzca una revolución social: la incorporación masiva de la mujer al trabajo (en 1930 menos del 10 por ciento de los trabajadores españoles eran mujeres; en 1960, el 15,2 por ciento y en 2003, 46 por ciento -9 puntos por debajo de la media europea que alcanza el 55,1%-), conlleva entre otros efectos, descenso de la tasa de natalidad, aumentos del número de separaciones y divorcios, crisis de los valores tradicionales… y un largo etcétera que los sociólogos continúan investigando.

La revolución de los electrodomésticos es un ejemplo entre tantos otros de cómo la tecnología evoluciona y colabora a transformar la sociedad. Podíamos haber seleccionado el nacimiento del estribo, el descubrimiento de la electricidad, la máquina de vapor, el uso del e-mail o la interpretación del código genético. En cualquier caso, la tecnología acelera los cambios sociales y trastoca por completo las antiguas y estables ideas de cómo funcionan las cosas. Así lo recoge la Ley de la Fractura: “Mientras los sistemas sociales, políticos y económicos crecen de manera gradual, la tecnología lo hace de forma exponencial”, según Downes y Mui.

De la importancia de la tecnología es de lo que estamos hablando estos días en el congreso de AETICAL al que me han invitado estos días y que se celebra en Carrión de los Condes.

18
nov

Nuestro cerebro, un tres en uno

¿Qué tenemos en común con una serpiente o con un burro (sin pensar en nadie en concreto)? La respuesta nos la dio Paul MacLean en su teoría “cerebro triuno”. El Director del Laboratorio de Evolución Cerebral y Conducta del Instituto Nacional de Salud Pública de California desarrolló un modelo de la estructura cerebral del ser humano conocido como el “cerebro triuno”, “triada cerebral” o “tres en uno”. Según esta teoría, el cerebro está formado por tres sistemas neurales interconectados, los cuales son el resultado de procesos evolutivos diferentes. Éstos son el cerebro reptil, el límbico y el neocortex.
Parece que todos tenemos algo que ver con los reptiles, nos guste o no. Nuestra afinidad se localiza en la zona más antigua del cerebro, situada en la parte superior de la médula espinal o en la base del cuello. Su objetivo es actuar. No piensa o analiza, sino que nos conduce a la acción cuando el cuerpo así lo demanda. En este sistema se apoyan los comportamientos instintivos, tales como ciertos patrones de agresividad, los instintivos sexuales o de la defensa de nuestro territorio. Desde este punto de vista, quizás los que proponen asaltar otros países estén más cerca de las culebras que de los filósofos.
El siguiente cerebro es el límpico o Paleomamífero. En términos evolutivos, es más joven que el reptil. Se sitúa detrás de la cara y envuelve al anterior. Según MacLean, compartimos este cerebro con los mamíferos, de ahí su nombre. Lo más interesante a efectos del miedo es que desde este sistema controlamos nuestra vida emotiva. La alegría, el enfado, el amor o el miedo, entre otros, se procesan en la parte de nuestro cerebro que se asemeja al de los perros, los elefantes o los burros. Se considera el cerebro afectivo… Parece entonces que el amor no es exclusivo de los humanos, aunque sólo nosotros escribamos poesías sobre el tema. Cualquier desequilibrio ahí nos conduce a depresiones, pérdida de memoria y estados acusados de miedo, entre otros efectos.
Y por último, el cerebro denominado neocorteza que sólo tenemos los homo sapiens. Es el responsable de los procesos intelectuales superiores, como la resolución de problemas o el pensamiento crítico y artístico. En él se desarrollan una serie de células nerviosas dedicadas a la producción del lenguaje simbólico y a las funciones asociadas a la lectura, escritura y aritmética. Este es el principal motivo por el que las poesías sean sólo patrimonio de las personas, que no las emociones básicas compartidas con el resto de mamíferos.

25
oct

Reacciones automáticas ante el miedo (II): Inmovilidad

Table of contents for Reacciones automáticas ante el miedo

  1. Reacciones automáticas ante el miedo (I): Huída
  2. Reacciones automáticas ante el miedo (II): Inmovilidad

No siempre es recomendable huir cuando tenemos miedo. Ante un ruido extraño que nos despierta en medio de la noche, lo habitual es quedarse petrificado. Se nos congela la sangre y agudizamos el oído, intentando identificar la causa (cuando éramos pequeños la opción consistía en meternos debajo de la sábana como si ésta fuera un chaleco antibalas). Los animales también se comportan del mismo modo: cuando la tortuga se esconde en su caparazón o los habilidosos avestruces meten la cabeza en un agujero en el suelo (si yo no les veo a ellos, ellos tampoco me ven a mí). Es la estrategia de la inmovilidad, que tiene su reflejo en la empresa. Cuando nos quedamos en blanco en una reunión complicada o cuando ponemos cara de póquer cuando nos dan una carta de despido inesperada…. por no hablar de cuando hacíamos exámenes.
Y el origen de la inmovilidad se debe a nuestros instintos de supervivencia, dicen los antropólogos. Era más fácil salir con vida si un mamut nos perseguía agazapándonos que si salíamos corriendo como locos. Los animales reconocen el movimiento y en los Sanfermines se ve a las mil maravillas. En definitiva, quedarnos quietos como estatuas era un sistema para salir con vida que actualmente resulta un tanto absurdo si lo que viene es una moto. Una vez más, el precio de la evolución.