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22
sep

España está triste :-(

Si pudiéramos hacer un ranking con las palabras más utilizadas en los dos últimos años en el ámbito empresarial, la ganadora –con gran diferencia sobre la segunda clasificada- sería la palabra “crisis”. A pesar de que algunos se empeñen en demostrar con datos –seguramente ciertos- que vamos por el buen camino o que al menos, se empiezan a ver “brotes verdes”, la crisis está haciendo mella en el ánimo colectivo, de hecho amenaza con cambiar nuestro espíritu colectivo –nuestro Volksgeist en término de los románticos alemanes-. (más…)

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28
ene

Entrevista en la contra de El Periódico

pilar-jerico-el-periodicoGaspar Hernández ha publicado hoy en la contra de El Periódico una entrevista que me hizo esta semana (que me encanta y que le agradezco), la cual recojo.

28/1/2009 LA ENTREVISTA CON PILAR JERICÓ, ESPECIALISTA EN MIEDO

Pilar Jericó: “El peor miedo es el que está en tu cabeza”
Afirma que tenemos más miedo del que la crisis económica invita a pensar, y que, en vez de centrarnos en los problemas, tendríamos que fijarnos en las soluciones.

Época de crisis. El miedo, ¿es excesivo?
–Sin duda. Hay más miedo del que realmente los datos invitan a pensar. Es cierto que hay una desaceleración, pero hay también una situación de reajustes y oportunidades.

La crisis pasa, como la bonanza.
–Pero somos demasiado cortoplacistas: solo vemos el corto plazo y no nos damos cuenta de que, tanto de lo bueno como de lo malo, se sale. Y ahora no vemos más allá del miedo.

Y con miedo no somos felices.
–Entre otras cosas, porque han aumentado considerablemente el estrés y los problemas de salud. Y es una lástima, porque de todo ello saldremos.

¿Qué le diría a un lector que lo pase mal económicamente?
–Yo he tenido, en el pasado, graves dificultades para llegar a final de mes, y he pasado por situaciones muy duras. Cuando uno está mal, es difícil tener esperanza. Le diría que tome conciencia de las cosas en las que puede actuar y en las que no.

La energía del ser humano es limitada.
–Por eso tenemos que tomar la siguiente decisión: si damos fuerza a los problemas o a las soluciones. Si te ha tocado una regulación de empleo y te quedas fuera, focaliza la energía en la solución. No te recrees en el lamento, en el “pobre de mí”, porque de ahí no saldrás. Y de aquí a dos o tres años, cuando todo haya pasado, veremos que las decisiones que hayamos tomado en momentos como estos van a ayudarnos a la felicidad del futuro.

¿Cómo canaliza usted su energía?
–Disfrutando de mi gente, del trabajo… Me apasiona lo que hago.

El miedo es una ilusión de la mente, pero, sin embargo, nos condiciona excesivamente.
–Porque tiene una base biológica, potente. Todos nacemos con miedo, y moriremos con miedo. Los budistas dicen que solo dejaremos de tener miedo cuando sintamos pánico. Es decir, siempre tendremos miedo. Porque estamos aquí gracias al miedo, una emoción que nos ha ayudado a evolucionar, porque nos alerta de los peligros. Por tanto, se activa fácilmente.

Y aquí nuestra educación se ha basado, en buena medida, en el miedo.
–Por eso es muy fácil que ante las noticias negativas se active esa emoción. Pero nuestro crecimiento personal tendría que tener el objetivo de evitar dicha emoción. Se trata de aprender a reconducirlo.

¿Cómo?
–Centrarnos, como he dicho, en lo que podemos hacer. Centrarnos en las soluciones, no en el problema.

¿Y darle la espalda?
–No, al contrario: tenemos que mirar el miedo a la cara. El peor miedo es el ambiguo: especular con lo que puede ocurrir, qué pasará si me despiden, etcétera. En primer lugar, pregúntate si realmente te pueden despedir. Después, qué alternativas tienes. Y, desde ahí, construye un plan de acción muy práctico. El peor miedo es el que está en tu cabeza, y al que das vueltas y vueltas sin parar. Cuanto más piensas en el miedo, más fuerza le das.

Hay que pensar en lo opuesto, como un antídoto.
–Sí, hay que ir al otro lado, a lo que te gusta y te ilusiona, a las oportunidades. Se trata de disfrutar con lo que se hace. Y es básico apoyarte en un equipo, en personas queridas: por eso es bueno hablar del miedo.

¿Ah, sí?
–En su justa medida. Hay gente que nos agota con su miedo y su negatividad. Sugiero evitarla, y rodearnos de personas que no nos vampiricen.

El miedo evita la colaboración.
–Y, curiosamente, estamos en la era de la colaboración, como lo demuestran Facebook y las redes sociales. El discurso del nuevo presidente norteamericano va por ahí: el discurso de la colaboración, de apoyarnos los unos en los otros.

Al menos Obama, de momento, no usa el miedo como herramienta.
–El miedo ha sido la herramienta tradicional para gobernar las empresas, las familias, los países y la sociedad. Hay jefes y líderes que utilizan el miedo por incapacidad absoluta de utilizar otras herramientas. Es un modelo agotado. No sirve para sacar lo mejor de las personas.

Obama dice no tener soluciones.
–Es lo que me gusta de su discurso: “yo no tengo la solución”, afirma, “pero sí sé la forma de encontrar la solución”. No es tanto lo que tenemos que hacer, sino saber que, llegado el caso, tendremos las herramientas para saber qué tendremos que hacer. Ante todo, apoyándonos en personas, buscando redes de colaboración. Por encima de todas las crisis, creo en la capacidad de adaptación del ser humano. Y, en el fondo, somos afortunados. Nuestros pblemas no son como los de hace un siglo, ni como los de otros países.

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29
dic

Confianza en tiempos de incertidumbre

Este fin de semana Borja Vilaseca publicaba un artículo en El País titulado “Confianza en tiempos de incertidumbre” en unos días donde las noticias económicas son bastante oscuras. Como he comentado en el blog varias veces, creo en esta crisis también existe espacio para el optimismo, la innovación y las oportunidades. Por ello, el artículo de Borja es muy necesario (por cierto, es autor de un libro muy interesante sobre el eneagrama) y le agradezco la oportunidad de colaborar en él. A continuación recojo el artículo:

No hace mucho, a finales de 2006, la economía española seguía despertando un cierto “optimismo”, pues vivía un momento “dulce”, marcado por la creación de empresas y de empleo. Entonces, la mayoría de compañías solicitaba créditos a los bancos para seguir invirtiendo y creciendo. Por su parte, gran parte de la población española consumía y se endeudaba para mantener un estilo de vida por encima de sus posibilidades.  ”La atmósfera general era de tranquilidad, seguridad y comodidad, creyendo ciegamente en la capacidad del sistema de poder satisfacer todo tipo de deseos, necesidades y expectativas de forma masiva e ininterrumpida”, explica el profesor de Esade, Javier Aguilar, director de la consultora King-eClient.

Así, “la bonanza financiera provocó una inconsciencia colectiva, marcada por una excesiva orientación al corto plazo”, añade Aguilar. Por un lado, “las organizaciones se han enriquecido económicamente a costa de marginar el bienestar de sus empleados y del medioambiente del entorno donde operan”. Y por el otro, “la población se ha orientado en exceso a la búsqueda insaciable de placer, marginando por completo las consecuencias que esta actitud iba a tener sobre su salud mental y física en el medio plazo”.

Y no era para menos: tanto las empresas como la sociedad podían permitirse vivir inconscientemente. No en vano, a principios del año pasado, España comenzó su decimocuarto año de crecimiento consecutivo, consolidando así la etapa de expansión más prolongada que ha vivido este país desde la década de los sesenta. Paradójicamente, según un informe psicológico de la Universidad de Alcalá de Henares, casi la mitad de la población activa reconocía padecer algún “trastorno psíquico” como consecuencia de un “estilo de vida insalubre y desequilibrado”.

2008 ha significado un importante punto de inflexión, poniendo fin a un ciclo económico y dando comienzo a una nueva etapa. “La economía es un sistema vivo, que nunca deja de regenerarse”. De ahí que “la destrucción de ciertos sectores empresariales, con la correspondiente pérdida de miles de puestos de trabajo, forme parte de un proceso necesario para la depuración y construcción de una nueva economía mejorada, más madura, consciente y evolucionada, con nuevos paradigmas que permitan sentar las bases de un sistema económico más ético, humano y sostenible”, apunta Aguilar.

Ésta no es ni la primera crisis que padece el sistema capitalista, ni será la última. Más que nada porque “son necesarias para que el sistema de mercado pueda cambiar y evolucionar”. Pero entonces, ¿por qué hace tan sólo dos años la situación se vivía con tanta tranquilidad, seguridad y comodidad y ahora el sentir general emana fatalismo, desconfianza e inseguridad?

Para responder a esta pregunta es necesario comprender que “a los seres humanos les cuesta mucho relativizar sus circunstancias y les resulta muy fácil valorar la realidad como ‘buena’ o ‘mala’ en función de cómo les afecta en un momento determinado”, reflexiona la consultora de Innopersonas, Pilar Jericó, autora de No miedo (Alienta) y La nueva gestión del talento (Prentice Hall). Sin embargo, “dado que todo está en continuo movimiento, cuando se observa la realidad con más perspectiva se concluye que nada es ‘bueno’ o ‘malo’; simplemente es necesario”.

Así, “ser realista no tiene nada que ver con ser pesimista u optimista”, afirma Jericó. “Ser realista implica aceptar la realidad tal como es, dejando de lamentarse por lo que ha sucedido y de esperar que ocurra algo mejor en el futuro”. En opinión de esta experta, “ser realista implica vivir el momento presente, el único en el que la persona puede actuar de verdad, dando lo mejor de sí misma en todo aquello que está a su alcance”.

Sin embargo, “la crisis financiera parece haber enterrado bajo tierra toda posibilidad de realismo para sumergir a la sociedad en un catastrofismo destructivo y contagioso, que actúa como un virus psicológico que poco a poco está haciendo mella el corazón y la mente de los ciudadanos españoles”, apunta.

Fruto de este efecto dominó, “el miedo se ha apoderado de las decisiones de la población, paralizando el dinamismo creativo y constructivo de la sociedad”, opina Jericó. Frente a este escenario, cabe recordar que en el lenguaje chino la palabra “crisis” también significa “oportunidad”. A su juicio, “es el momento de aprender, de espabilarse, de madurar y, en definitiva, de tomar conciencia de qué es verdaderamente lo que necesitamos como individuos y como sociedad”.

Lo cierto es que “es hora de preguntarnos si la vida que llevamos es realmente la que queremos vivir”, apunta. “Esta crisis es una crisis de conciencia, de valores humanos, y cada uno de nosotros puede vivirla como una víctima o como un protagonista del cambio que el mundo necesita experimentar”, señala.

Así, Jericó recomienda “invertir en formación técnica y emocional, de manera que uno salga fortalecido cuando esta crisis llegue a su fin”. También es importante “cuidar el diálogo interno”, es decir, “la forma y el contenido de lo que uno se dice a sí mismo durante el día”. Dado que normalmente este diálogo es “inconsciente y negativo”, Jericó anima a hacerlo “más consciente y positivo”, un cambio “nada fácil”, pero que “modifica por completo la manera de ver y de interpretar la realidad”.

Mientras, “los directivos pueden aprovechar esta crisis para cambiar de mentalidad y desarrollar un manual que les permita estar más preparados para los continuos cambios que van a experimentar en el futuro”, afirma el consultor de comunicación Enrique Alcat, autor de ¿Y ahora qué? Claves para gestionar una crisis y salir fortalecido (Empresa Activa). No en vano, “las crisis son una oportunidad para hacer balance, detectar y corregir errores, así como redireccionar la estrategia de negocio”.

Para lograrlo, “desde el inicio es imprescindible asumir y decir la verdad de lo que está sucediendo, informando y atendiendo a los empleados, creando un clima de transparencia, confianza y unidad para que la organización lidie como un todo integrado las diferentes adversidades que se vayan presentando por el camino”, explica Alcat. “El reto es incorporar la visión del medio y largo plazo en la gestión y en la cultura empresarial”.

Y es que “hasta que no ha sonado la alarma con la crisis financiera y económica, no nos hemos dado cuenta de lo inconsciente e insostenible que ha sido nuestra actitud y nuestra conducta como consumidores”, afirma la brand manager Andrea Gay, implicada en proyectos de responsabilidad social corporativa. En su opinión, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, comprando cuando realmente no teníamos dinero y endeudándonos cuando no conocíamos la viabilidad de poder devolver los préstamos”.

Algo similar puede ocurrir con el medioambiente. “Mientras el problema no sea tangible y generalizado no despertará un interés y una preocupación real”, sostiene. “Pero el día que suene la alarma comprenderemos bien la gravedad de este asunto, pues afectará a aspectos verdaderamente esenciales para nuestra supervivencia y bienestar cotidianos”, afirma Gay. Y concluye: “Esta crisis pone de manifiesto que el gran reto de la humanidad es dejar de ser reactiva para empezar a ser proactiva, adelantándose por medio del incremento de su responsabilidad y su conciencia a las potenciales amenazas futuras”.

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4
may

¿Gestión del talento en épocas de crisis?

¿La gestión del talento hace falta ahora cuando parece que hay crisis en el mercado y la gente no cambia tan alegremente de trabajo? Desde mi punto de vista, ahora es más importante que nunca porque en estos momentos se requiere estar más cerca de los clientes y remar juntos en el misma dirección. Parece que nos preocupamos de las personas cuando hay rotación y nos afecta a la cuenta de resultados. Pero es ahora, precisamente, cuando las personas son más fundamentales para salir adelante tanto en las grandes empresas como en las pequeñas.
De estos temas estuvimos hablando el pasado viernes en la sesión que impartí en la Extremadura Business School, una nueva escuela de negocios que dirige Carlos Ongallo y está teniendo una extraordinaria acogida en la región. El seminario fue muy interesante porque estuvimos hablando del concepto del compromiso, el talento y el miedo (hicimos varias dinámicas) y me gustó la reflexión de una persona sobre que el compromiso no es necesariamente bidireccional como es el caso del amor a los hijos. Puede que en este caso no lo sea (aunque supongo que puede matizarse), pero en el mundo de la empresa es fundamental. Sólo nos comprometemos si previamente se han comprometido con nosotros. Y la dirección de las compañías es, además, la que ha de comenzar a hacerlo, sencillamente porque es la que tiene poder. Si se quiere compromiso y talento, el primer gesto debe comenzar por parte de quien tiene la autoridad

periodico-de-extremadura-27-4-08-2

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