Archivo de la categoría: Trabajo en equipo

18
may

Mi nuevo libro: La nueva gestión del talento, construyendo compromiso

“No hay mejor idea que aquella a la que le ha llegado su momento”

dijo Victor Hugo. Y creo que ha llegado el momento del talento. Un tiempo en el que la verdadera ventaja competitiva proviene de la capacidad de las empresas para atraer y generar compromiso en sus profesionales. El compromiso es posiblemente uno de los aspectos más difíciles de gestionar en las organizaciones, de hecho, no es flor de un día sino que ha de construirse con hechos y generando un entorno adecuado.

Este libro es la revisión y actualización del que publiqué en 2001 sobre la gestión del talento. Siempre es un reto abrir un libro escrito hace un tiempo y máxime cuando han sucedido tantas cosas en apenas siete años. Entregué el manuscrito de Gestión del Talento a finales de 2000, en plena burbuja de las puntocom y cuando los recién licenciados de Harvard preferían irse a pequeñas empresas del mundo de Internet. Enron era una de las modelos más importantes en las pasarelas de moda de los estudiosos y de los que invertían en Bolsa. Todavía no se habían estrellado los aviones contra las Torres Gemelas y se vivía una contagiosa euforia en los mercados, a pesar que el día de San Valentín de aquel año comenzó la leve caída del Nasdac, la bolsa de las tecnológicas, que meses después terminó tocando suelo.

A finales del 2001 comenzó la crisis económica y pareció que todo cuanto se había dicho del talento quedaba relegado a un segundo plano. Comenzaron los procesos de despidos y los titulares alarmistas en los periódicos. Y es curioso, porque durante todo aquel tiempo siempre pensé que era entonces cuando más importante resultaba que los profesionales dieran lo mejor de sí mismos.

Aunque la economía sea cíclica, como dijo Schumpeter en 1911 (y ahora estamos en un momento bajista), lo que no cambia es la presión competitiva, ni el impacto de la tecnología ni los cambios sociales en los que estamos inmersos. Y son precisamente todas las transformaciones anteriores las que convierten al talento es un activo estratégico de las empresas. Volvemos a vivir crisis económicas y regresarán los despidos, pero todas aquellas compañías que hayan interiorizado la importancia de contar con los mejores equipos y de construir el compromiso con sus profesionales estarán en posiciones mucho más privilegiadas.

Se han cambiado muchas cosas en este libro. Podríamos decir que es casi un libro nuevo, más que una edición revisada, con análisis que se mantienen con el paso de los años. He incluido, además, dos conceptos muy novedosos: La relación con el miedo y la construcción del compromiso.
Después de trabajar en diversas organizaciones y profesionales ayudándoles a gestionar el talento, descubrí que antes de adentrarnos en este tipo de políticas, debemos aislar los efectos devastadores del miedo. Todo ello lo escribí en el libro NoMiedo publicado en 2005 y algunas de esas ideas las he adaptado para el que tiene en sus manos. Por otro lado y debido a los cambios sociales que estamos viviendo, el compromiso se ha convertido en lo más preciado y delicado del talento. Lo analicé en la anterior edición, pero en ésta se ha convertido en el hilo argumental de los últimos capítulos debido a la importancia que ha ganado.

En el fondo, todo cuanto aquí recojo intenta plantear un nuevo paradigma empresarial, el centrado en las personas y en los resultados. En la medida en la que se crea en él y se actúe en consecuencia -no sólo de palabra-, se podrán aumentar los beneficios e incrementar la satisfacción personal. La felicidad parece que está muy cerca del desarrollo de nuestras potencialidades y si una organización nos ofrece la oportunidad para conseguirlo, nuestra autorrealización será aún mayor. Así pues, podemos decir que la gestión del talento ayuda a alcanzar resultados y, de paso, felicidad personal.

Por último ha sido una suerte contar con dos prologuistas excepcionales: Ana Patricia Botín, Presidente de Banesto y José Medina, Presidente de Ray & Berndtson Iberia. Desde aquí, les doy las gracias.

Espero que disfrutes de este libro.

índice del libro.

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30
mar

Crea un rumor y consigue aumentar (o disminuir) hasta el 20% del rendimiento del equipo

Los rumores son capaces de aumentar o incluso de disminuir el rendimiento de un equipo hasta un 20% . Esa ha sido la principal conclusión de la investigación realizada en el Instituto Max Planck de Biología Evolutiva en Plon, Alemania y publicada por la prestigiosa revista Proceeding of The National Academy of Sciences. La investigación se basaba en el intercambio de dinero y se veía el impacto del mismo antes y después de un rumor positivo y negativo. Y ha sido interesante porque el rumor era capaz de boicotear hasta opiniones que tenían de primera mano y de influir considerablemente en el prestigio de las personas.

Los rumores son informaciones sin contrastar que abundan en las empresas. Tienen mucha finalidades: Son herramientas para influir en la reputación de las personas, ayudan a crear mapas mentales para saber cómo se ha de mover uno y qué ha de esperar del que tiene a su lado, sirven para distraer (cuanto más tiempo libre, más rumor como sucede en muchos pueblos y departamentos ociosos) y también son útiles para crear miedo. Una vez un director general me dijo que el mecanismo más rápido para difundir una información no demasiado positiva era olvidando un papel en la fotocopiadora.

No olvidemos que las personas somos “inforvívoros”, es decir, buscadores de información. Y si la empresa no la crea, se busca en el rumor. Incluso, éste se puede generar de forma consciente. Hace años leí un artículo en la Harvard Business hablando de la gestión del rumor y de cómo utilizarlo para el beneficio de la compañía.

En conclusión, la investigación ha demostrado que el rumor ayuda a que las personas sean más o menos conclives a la colaboración y de cómo éste influye en el prestigio. Así pues, si se quiere que un equipo se vaya desarrollando positivamente una herramienta poderosa es hablar bien de cada uno de ellos. Y si se quiere mayor prestigio personal, una vez más, que hablen bien de uno.

 

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13
mar

Pensamiento grupal = grupo tonto de personas inteligentes

Personas inteligentes a veces toman decisiones poco afortunadas. Así parece que sucedió con el presidente estadounidense Johnson y su equipo en la guerra de Vietnam. El fracaso de determinadas decisiones en el conflicto bélico animó a Janis, profesor de la Universidad de Yale, a analizar por qué había sucedido. Lo bautizó como pensamiento grupal. El pensamiento grupal se alcanza cuando todos piensan de la misma manera, y nadie propone alternativas. Es decir, si creían que había que continuar en Vietnam, nadie proponía lo contrario.
El pensamiento grupal se da en equipos muy cohesionados, sobre todo si tienen un ideal común (o una misión “cuasi divina”, como alguno ha debido creer) y se observa tanto en equipos de fútbol, de empresa como pandilla de amigos:
¿Cuáles son los síntomas del pensamiento grupal?

1. Invulnerabilidad: “Somos los mejores y nadie puede con nosotros”.
2. Estereotipos de la oposición: “Los otros son peores”.
3. Autocensura: “Aquel que diga algo malo de los otros, no pertenece al grupo”.
4. Racionalización colectiva: “Lo que decide el grupo está muy bien”.
5. El silencio es consenso.
6. Presión de los iguales: Se pone en duda la lealtad de los que disienten.
7. Moralidad inherente: Creencia que alienta al grupo a ignorar toda implicación ética.
8. Miembros que protegen al grupo de información negativa: “Lo que no interesa, no se sabe”.

¿Consecuencias?.
Adiós a las alternativas, adiós a los expertos que opinen lo contrario, adiós a otra forma de entender la información.
Por cierto, si alguien quiere ver el pensamiento grupal en cine, sugiero la película Treces Días, de Kevin Costner, en donde se observa muy bien lo que escribió Irving Janis. Aunque es una película antigua, es muy interesante observar cómo Kennedy resolvió el conflicto de la Bahía de Guantánamo y evitó el pensamiento grupal. Y si es posible, recomiendo ver también los extras y las entrevistas a los protagonistas de entonces.

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31
ene

¿Por qué fracasan los directivos?

La literatura de empresas está llena de casos de éxitos y muy pocos sobre fracasos. El fracaso es huérfano, ya lo sabemos, pero es interesante estudiarlo para sacar conclusiones de cómo evitarlo. Este ha sido el objetivo del estudio realizado por Ellen Van Velson y Jean Britain Leslie, del Center for Creative Leadership CCL, después de entrevistar a medio centenar de directivos de grandes compañías en Estados Unidos, Bélgica, Alemania, Italia, Reino Unido y España. Y los resultados son sorprendentes.

En general, los directivos fracasan en las empresas por cuatro tipos de motivos:

  • problemas de relaciones personales
  • no cumplir con los objetivos
  • no crear ni dirigir a un equipo
  • ser incapaz para cambiar o adaptarse durante un cambio.

En el primer caso, los problemas de relaciones son dos terceras partes de los motivos de fracaso en los directivos europeos. Motivo: el directivo emplea un estilo muy insensible, manipulador y se apoya en el empleo del miedo. Además, el directivo que ha fracasado tiene reticencia a comunicarse y prefiere trabajar en solitario.

Respecto a la causa del incumplimiento de objetivos, los directivos exitosos fracasaban cuando se cambian las condiciones del entorno, cuestión que se relaciona con el último punto.

La incapacidad para crear equipo se mencionó en el 25% de los casos europeos y en el 20% de los estadounidenses. El motivo es por el empleo de un estilo demasiado agresivo y orientado a resultados, que les había permitido llegar hasta el puesto pero que les impedía su desarrollo. Una vez más, el abuso de los estilos autoritarios llevan a los directivos a fracasar, en opinión de los encuestados. Por ultimo, la incapacidad de adaptación o de cambio incluye tanto no saber adaptarse al jefe, como depender demasiado de una sola técnica. Dicha causa fue mencionado por dos terceras partes de los directivos estadounidenses.

En definitiva, los motivos por los que los directivos fracasan son muchos y depende de la cultura de cada país, como se evidencia del estudio. Sin embargo, parece que no se debe a motivos técnicos o de conocimientos, sino a habilidades de gestión, de creación de equipos y de adaptación al cambio. Una vez más, cuestiones basadas en habilidades o en competencias, según McClelland.

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