Siete claves para conseguir nuestros objetivos en 2017

Claves

Si en el 2016 definiste objetivos que no conseguiste, tranquilo. Solo el 10 por ciento de lo que nos proponemos a principios de año lo logramos, según la Universidad de Scraton. Veamos a continuación qué podemos hacer para que nuestro porcentaje de éxito aumente en 2017.

Cuidarte más, hacer un viaje, aprender un idioma o cambiar de trabajo son clásicos objetivos de Año Nuevo, que implican nuevos hábitos. Y es ahí donde reside el problema. Porque si algo se nos resiste como gato panza arriba son los hábitos o los comportamientos que tenemos automáticos, aunque sea asaltar el frigorífico por más que no queramos. Pero la ciencia tiene también sus buenas noticias, porque según los expertos todos somos capaces de cambiar si sabemos cómo. Veamos qué siete claves nos proponen las investigaciones para ser un poco más exitosos en este año que empieza.

1. Define pocos objetivos y haz uno cada vez

Si hacemos la lista de los Reyes Magos sobre lo que queremos cambiar, tengamos por seguro que será muy difícil salirse de ese 90 por ciento de frustración. Nuestra mente no es capaz de focalizarse en muchos objetivos al mismo tiempo, aunque lo deseemos. Por ello, señalemos algunos (preferiblemente, tres importantes) y luego, centrémonos en uno en cada momento. La multitarea no es aliada de las buenas intenciones.
2. El objetivo ha de ser concreto

La ambigüedad es otro enemigo de nuestros objetivos. Si nos decimos “voy a hacer deporte”, la mente se confunde. Si nuestro sueño es hacer una maratón o simplemente, hacer alguna carrerita sin morir en el intento, pues pongámonos un objetivo específico tipo: “voy a andar todos los días treinta minutos”. Con una información así, la mente lo tiene más claro. Igual sirve para buscar otro trabajo, descansar más o incluso, aprender ese idioma que no hay manera.

3. Siempre en positivo

De nada sirve proponerse: “voy a dejar de comer chocolate”. Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, la mente “piensa” en imágenes y la palabra “no” no tiene consistencia. De modo que si me digo no voy a comer chocolate, inconscientemente estamos recordando este dulce y nos entrarán unas ganas increíbles de saborearlo. Por ello, el objetivo tendríamos que reformularlo “en el postre voy a tomar una infusión”. Evidentemente, no es lo mismo, pero por algo se empieza.

4. Apóyate en lo que ya haces e increméntalo

Si quieres hacer algo diferente, es mejor si te apoyas en aquello que ya tienes automatizado. Si deseas hacer deporte puedes sustituir el ascensor por subir las escaleras. O esos diez minutos que andas, añadirle algo más. De hecho, si vas incrementándolo poco a poco, será más fácil. Como hizo Madonna Buder que con 48 años comenzó con una carrera de 10 minutos y su objetivo fue aumentar diariamente un 10 por ciento. Pasado unos años, lleva más de 45 ironmans completados.

5. Busca tus propias estrategias

Norcross estudió qué hacían las personas que conseguían dejar de fumar. Después de dos años, vieron que todas las que tenían éxito (un 19%) habían definido estrategias anticipatorias, como ser capaz de no comprar el paquete de tabaco en el estanco. Ponerse fotos con pulmones destrozados no les ayudaron, por ejemplo. Por ello, para conseguir una meta, necesitamos definir nuestras propias estrategias, como evitar comprar ese chocolate o apuntarnos al gimnasio con otras personas y competir en número de abdominales. Cada cual, el que le sea más estimulante.

6. No te olvides de la repetición

Nuestro cerebro es plástico y sabe automatizar nuevos hábitos, pero requiere repetición. Algunos autores hablan de 21 días, otros de 66, incluso hay quien define siete veces nada más para hábitos sencillos. Está claro que solo hay un punto de consenso: hace falta repetir y repetir para convertir ese esfuerzo en algo natural.

7. Sin sufrir, por favor

Y por supuesto, para empezar el año con buen pie asumamos que aunque sigamos las seis claves anteriores, habrá algún día que sucumbiremos al chocolate o al sofá tentador, que nos aburriremos del idioma que no nos sale y que nos enfrentaremos a la frustración. Por ello, no suframos. Tomémoslo como algo natural y comencemos de nuevo. La buena noticia es que no somos perfectos, sino sencillamente humanos con hábitos y con objetivos que requieren a veces esfuerzo y muchas otras, grandes dosis de paciencia con nosotros mismos.

 

La naturaleza del éxito

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Muchos niños aspiran a ser futbolistas de éxito y sus padres comparten su ambición. No es de extrañar que algunos progenitores con muy buena voluntad ejerzan “cierta” presión sobre los futuros Messi o Ronaldo. Y tampoco es de extrañar que según una investigación de la Universidad de Leeds, el 25 por ciento de los futbolistas juveniles británicos considerados como excelentes reconozcan estar quemados con el deporte y el uno por ciento, muy quemados (dichos resultados se extendieron a cinco países, entre ellos, España con resultados similares). El motivo es sencillo: buscar el éxito aunque sea a costa de la felicidad.

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Los hábitos o por qué los Beatles alcanzaron la excelencia

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En 1960 los Beatles era un grupo de rock como tantos otros. Tocaban en Liverpool, su ciudad natal, pero tuvieron una oportunidad que les cambió su vida: fueron invitados a tocar en Indra, un strip-club de Hamburgo. La única peculiaridad que tenía dicho club era que cada función debía durar ocho horas, lo que significa que tenían que estar continuamente tocando y explorando nuevas formas de hacer sonar sus instrumentos.Durante el año y medio que fueron a Hamburgo actuaron 270 noches, lo que equivale a más de mil doscientas horas de concierto, cifra que no alcanza la mayoría de los grupos musicales en toda su carrera. De ese modo, cuando saltaron a la fama en 1964 llevaban una larga trayectoria sobre sus espaldas, como recoge Malcolm Gladwell. Esta es otra de las claves del talento: la tenacidad y la práctica que convierte lo difícil en un hábito y nos ayuda a conseguir la maestría en algo. Así lo demuestra también la neurociencia.

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Quiero que me acompañes… hacia tu interior

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Comencé a escribir cuando tenía nueve años y, aunque ha llovido “un poco” desde entonces, sigo sintiendo vértigo cuando me enfrento a un nuevo libro. La semana pasada comencé mi sexta aventura literaria y he de admitir que me está costando un poco dar los primeros pasos. Por un lado, porque quería enfocarlo desde la felicidad, tema que abordo desde hace años en el blog de El País. Sin embargo, hay mucho escrito sobre ello y sinceramente no comulgo con algunas de las ideas que se han extendido sobre el concepto de felicidad. Segundo, porque los éxitos pasados no son buenos compañeros de camino. Lo confieso, a mí me afecta el miedo, como a todos los humanos. Y me entran dudas y ciertas desconfianzas al pensar si lo que escribo gustará o no. Ahí está mi talón de Aquiles.

Por eso, este nuevo libro lo he concebido de un modo distinto. Voy a desarrollarlo en compañía de amigos, para que el proceso en sí sea tan o más apasionante (espero) que su resultado final. Para ello he organizado varios encuentros con ellos a modo de taller, en forma de cascada de ideas donde pelotear algunas ideas sobre qué nos impulsa a tomar decisiones, a pasar a la acción, a desarrollar nuestra fuerza interior para conseguir nuestros sueños. Y es a esto mismo a lo que también te invito a ti: a participar en esta aventura. ¿Cómo? Si te suscribes en www.pilarjerico.com, si te parece, en un punto inicial te propondré cada lunes preguntas para que puedas mandarme tus reflexiones.

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¿Cuándo te sacrificas demasiado por tu pareja?

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Te esfuerzas por agradar a tu pareja, te vas adaptando a sus planes, renuncias a cosas tuyas por estar con él o con ella… pasa el tiempo y de repente, un día, tenéis una discusión o, sencillamente, tú no te sientes bien. Es en ese momento en el que una pregunta te surge con fuerza: ¿Cuántas cosas he dejado de hacer por mí? Puede que sean cosas sencillas, como no haber ido a algunas fiestas o no haberte apuntando a ese viaje de fin de semana con amigos. O puede que se traten de decisiones más complejas, como haberte mudado de ciudad o haber comenzado una convivencia con sus hijos. Pues bien, si te ha ocurrido, tranquilo, tranquila: forma parte de los estragos de la química del enamoramiento. Cuando caemos en manos de Cupido, vemos todo de “color de rosa”. No nos importa renunciar a nosotros porque sencillamente, él o ella se convierte en lo más importante. Sin embargo, las hormonas van descendiendo su baile y poco a poco nuestra mente comienza a “resucitar”. Es entonces cuando tiramos de una balanza interna y sopesamos. Y si el resultado no es muy favorable, de la manera en la que sepamos gestionarlo dependerá la continuidad (o la cantidad de discusiones) con nuestra pareja.

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¿Estás comprometido con tu trabajo?

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Solo el 30% de los trabajadores están comprometidos en la empresa, según el último estudio de Gallup realizado a escala internacional. La cifra es poco motivadora, la verdad.Si partimos del supuesto de que casi una tercera parte de nuestro tiempo lo pasamos en el trabajo, no deja de ser un tema sobre el que deberíamos preocuparnos si queremos sentirnos mejor con nosotros mismos. Veamos qué es el compromiso, qué tipos existen y qué podemos hacer para mejorar esta sensación.

¿Te gusta bailar? Aunque tu respuesta no sea afirmativa, seguro que sabrás que un buen baile -tango, sevillana o merengue- es algo de dos. Pues el compromiso es igual: una cosa de dos, del profesional y de la empresa. Un profesional por sí solo no se compromete (como tampoco uno baila un tango solo). Tendrá mayor o menor capacidad de comprometerse (o de bailar) dependiendo de lo que haga la organización. De hecho, la palabra compromiso proviene del término latino compromissum, lo que significa un acuerdo entre dos partes… cosa que en muchas organizaciones se “olvida”. Sigue leyendo

La generosidad en el trabajo nos hace más eficaces

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La generosidad se contagia y mejora el bienestar laboral. Esta ha sido una de las conclusiones del estudio de Sonja Lyubomirsky de la Universidad de California Riverside realizado in situ entre los trabajadores de Coca-Cola Iberia. Después de analizar durante cuatro meses los comportamientos de los profesionales voluntarios en las oficinas de Madrid (mayoritariamente mujeres de edades entre los 22 y 61 años de distintos departamentos), se llegó a la conclusión de que las personas más generosas se muestran menos irritables, tienen mejor apetito, mejor calidad de sueño, reducen sus síntomas depresivos y se sienten más comprometidas con su trabajo. Además de todo ello, son capaces de generar mayor conexión con el resto de compañeros. No está mal. Ahora bien, ¿la generosidad nos viene de “serie”? La antropología nos da la respuesta: Parece que está en nuestro ADN como humanos.

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