Crea un rumor y consigue aumentar (o disminuir) hasta el 20% del rendimiento del equipo
Los rumores son capaces de aumentar o incluso de disminuir el rendimiento de un equipo hasta un 20% . Esa ha sido la principal conclusión de la investigación realizada en el Instituto Max Planck de Biología Evolutiva en Plon, Alemania y publicada por la prestigiosa revista Proceeding of The National Academy of Sciences. La investigación se basaba en el intercambio de dinero y se veía el impacto del mismo antes y después de un rumor positivo y negativo. Y ha sido interesante porque el rumor era capaz de boicotear hasta opiniones que tenían de primera mano y de influir considerablemente en el prestigio de las personas.
Los rumores son informaciones sin contrastar que abundan en las empresas. Tienen mucha finalidades: Son herramientas para influir en la reputación de las personas, ayudan a crear mapas mentales para saber cómo se ha de mover uno y qué ha de esperar del que tiene a su lado, sirven para distraer (cuanto más tiempo libre, más rumor como sucede en muchos pueblos y departamentos ociosos) y también son útiles para crear miedo. Una vez un director general me dijo que el mecanismo más rápido para difundir una información no demasiado positiva era olvidando un papel en la fotocopiadora.
No olvidemos que las personas somos “inforvívoros”, es decir, buscadores de información. Y si la empresa no la crea, se busca en el rumor. Incluso, éste se puede generar de forma consciente. Hace años leí un artículo en la Harvard Business hablando de la gestión del rumor y de cómo utilizarlo para el beneficio de la compañía.
En conclusión, la investigación ha demostrado que el rumor ayuda a que las personas sean más o menos conclives a la colaboración y de cómo éste influye en el prestigio. Así pues, si se quiere que un equipo se vaya desarrollando positivamente una herramienta poderosa es hablar bien de cada uno de ellos. Y si se quiere mayor prestigio personal, una vez más, que hablen bien de uno.
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Las vacas estadounidenses están comiendo golosinas y los cerdos, regaliz, galletas y frutos secos. El motivo: La subida de precios del maíz para producir etanol ha hecho que les compense más a los agricultores alimentar a los animales con otros productos, como se hacía eco este fin de semana la prensa española. Y no sólo eso, el descenso de la producción de trigo en favor del maíz ha provocado que el precio de la pasta aumente un 20% en Italia (¿qué será de los spaghetti?), que el maíz transgénico esté ganando partidarios (una baza para Monsanto) y que en México se produzcan importantes desequilibrios, ya que cada uno de los 105 millones de mexicanos come una media de diez tortitas de maíz al día.
“Tú piensas que por entender uno debes entender dos, porque uno y uno hacen dos. Pero también debe existir y” dice un proverbio sufí. En él se recoge una de las cualidades del pensamiento sistémico: Entender la realidad como un sistema, en donde cada una de sus partes son importantes, al igual que la interacción entre las mismas. Sin embargo, la interacción no siempre es fácil ni de medir ni de entender y menos en los grupos humanos. Pero es precisamente la interacción la que ayuda a comprender por qué una persona brillante puede funcionar en un equipo y fallar en otro. Sus capacidades y su talento a priori parece que son las mismas, sin embargo, algo sucede. Si sólo nos fijamos en las partes individuales y descuidamos la interacción, nos equivocaremos. Y esta reflexión que parece tan sencilla nos olvidamos de ella cuando se crean equipos o se selecciona personas.