Archivo de la categoría: Liderazgo

5
nov

Madres africanas, la autoridad en Bélgica

fotos-african.jpgEsta es la imagen de la nueva policía belga. Hace once años Mwadi Kambanga montó una patrulla que colabora con la policía de Bruselas para tratar con los pandilleros africanos. Utilizan métodos distintos. No llevan armas, ni responden con violencia. Son madres africanas que cuando se encuentran con un malhechor le increpan por su actitud y le preguntan: “¿No te da vergüenza de la imagen que estás dando de nuestro país?”. Y parece que tiene efecto. Tanto es así que están siendo modelo para otras policías como el FBI, la canadiense o la sueca. Y el ejemplo de estas mujeres demuestra la gran diferencia entre autoridad y poder.

El poder es la capacidad para hacer cosas y es más amplio que la autoridad. Los policías tienen poder, al igual que los jefes, los sindicatos o cualquier otra persona que tenga un cargo de responsabilidad. Sin embargo, tener poder no significa disponer de autoridad. La autoridad hay que ganarla. Mientras que el poder se obtiene de la jerarquía, la autoridad se obtiene por los seguidores o por las personas a las que influyen libremente, como sucede con las madres africanas. Ellas les hablan en su mismo idioma, apelan a su orgullo africano y ejercen una autoridad que la policía nunca podría lograr.

En las empresas y familias ocurre lo mismo. Hay luchas de poder, cuando lo realmente importante es la autoridad. Lo difícil de ser jefe o padre es que los colaboradores o hijos te reconozcan como autoridad. Y eso se logra con métodos bien distintos, más basados en la confianza, la complicidad y el respeto como se demuestra con las mujeres africanas.

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3
oct

Un poquito de coherencia

Mi principal activo son las personas.

En esta empresa se trabaja en equipo.

Buscamos que la gente sea líder.

Queremos talento.

Buscamos innovación.

¿Cuántos no hemos leído o escuchado frases como esas? En todos los años que llevo trabajando en empresas no he escuchado ninguna que no dijera cosas similares y luego, en muchas ocasiones la realidad era bien distinta.
Decía Moliere, “todos los hombres se parecen por sus palabras; solamente las obras evidencian que no son iguales” y creo que es de aplicación a las organizaciones y a los jefes. No nos engañemos, todavía se emplea el miedo como fórmula de gestión (un 51% de las compañías, según un estudio que realizamos en 2005 sobre 200 empresas). Todavía hay muchas personas que buscan sólo su propio interés y no el del equipo. Y por supuesto, en muchos sitios todavía molesta que alguien opine de forma contraria (y sin divergencia no hay innovación).
Por supuesto, hay organizaciones que invierten mucho en personas y hay directivos que se dejan la piel para que su gente esté satisfecha. Una vez más, no hablamos de ellos. Hablamos de aquellos que no son coherentes, que venden algo bien distinto a lo que luego practican. La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es uno de los valores que más reconozco en las personas. Por eso, creo que el desarrollo del liderazgo pasa por conocerse mejor y por indagar hasta qué punto lo que digo corresponde con lo que hago. En muchas ocasiones es un proceso inconsciente, pero se puede trabajar y para ello necesitamos ayuda: Un coach, un mentor, un buen amigo, un buen jefe o un buen colaborador. Si estamos dispuestos a escuchar, tenemos mucho que ganar. Aunque este primer punto es probablemente el más difícil de todos.

Imagen: http://www.elmundo.es

Autor de la imagen: Ángel Pantoja

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30
jul

El dulce encanto del fracaso

El empresario Manuel Jové Capellán ha comprado el 5% de BBVA, lo que le convierte en el mayor accionista del banco. Jové es uno de los hombres más ricos de España, con un patrimonio que asciende a 4.000 millones de euros y lo que más me impresiona de su vida es su capacidad de salir del aparente “fracaso”. Nació hace 66 años. Emigró a Alemania a trabajar y al cabo de pocos años, regresó para colaborar en la carpintería familiar. Montó dos empresas y quebró en dos ocasiones, hasta que finalmente edificó el imperio que tiene ahora. En otras palabras, supo salir de la quiebra y salió fortalecido de la misma.

Y eso me encanta. Me encanta que se hable del fracaso, porque es lo que humaniza el éxito. Parece que en nuestra cultura sólo está bien visto hablar de lo maravillosos que somos, cuando todos sabemos que detrás de un triunfo hay una serie de errores importantes. El fracaso y el éxito son dos caras de una misma moneda y posiblemente, si fuéramos capaces de contemplarlo en el continuo del tiempo, veríamos que ambos son necesarios. De hecho, en la biografía de Jové se dice que su segunda quiebra le ayudó a fortalecerse en su relación con los bancos.

Hablemos del fracaso. Sugiero que en los seminarios y en las ponencias donde las empresas se visten de gala podrían comentar dónde se equivocaron. Eso ayudaría a aprender. De hecho, en British Petroleum se premia a aquellos que son capaces de reconocer sus fracasos en medio de una reunión. El fracaso de una persona es la antesala del éxito de otra. Pero hay una barrera cultural. No nos gusta reconocer que nos equivocamos. Cuando estuve en Estados Unidos, me impresionó escuchar varias charlas de directivos que entre los comentarios de lo que hacían en sus compañías incluían un apartado de sus fracasos importantes. ¿Por qué no podemos hacerlo nosotros? Además, detrás de fracasos importantes pueden existir éxitos redondos como ha demostrado la experiencia de Jové.

Para tener más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Jove

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20
abr

Pepu y cómo hacer equipo

con-pepu.JPGAyer tuve la oportunidad de dar una conferencia con Pepu Hernández, como decía en otro mensaje. Me gustó mucho su presentación. Habló de la importancia de hacer equipo, del respecto, la confianza y la generosidad. Lo más me gustó de su discurso fueron las estrategias que habían hecho posible poner en práctica esos tres conceptos. Por ejemplo, en la primera concentración del equipo no se habló nada de baloncesto. Lo importante, según Pepu, era crear un ambiente relajado. Otra estrategia que mencionó fue que escogió a los doce jugadores y a dos más que iban a acompañar al equipo, pero que en ningún momento su intención fue preseleccionar a algunos más, hacer una competeción entre ellos y luego escoger a los mejores. En la medida que hizo la elección primero, consiguió rebajar los niveles innecesarios de competitividad.

Esto último me parece especialmente importante en un mundo con tanta presión por los resultados. A veces las organizaciones se empeñan en crear competitividades absurdas (como a través de evaluaciones donde se obliga a los jefes a clasificar a la gente de su equipo en un ranking) que lo único que consigue es minar el compañerismo y la energía de las personas. ¿No es tan importante crear equipo? Quizá alguna empresa tendría que tomar el ejemplo de Pepu y que le permitió ganar un Mundial de Baloncesto.

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