Archivo de la categoría: Emociones

30
jun

¿Qué hay detrás del miedo?

El miedo tiene muchos disfraces, algunos muy escurridizos, tales como estrés, “respeto” o malestar; y encontrarlo puede implicar una labor “detectivesca”. En cualquier caso, no hay que juzgarse por sentirlo ni pensar frases del estilo “soy un@ cobarde”. No ayuda nada y resulta absurdo. Si lo sientes, ¡perfecto, no estás muerto! Lo interesante del miedo es que te permite identificar qué es lo que se esconde detrás. Debes preguntarte: ¿qué no quiero perder? ¿qué beneficios me aporta el miedo? Cuando se trata de cuidar la salud, los seres queridos o tus propiedades resulta sencillo contestarlo. Huyes del dolor y de la pérdida relacionada con la supervivencia básica que comprende elementos tales como salud, trabajo, casa o dinero. De hecho, en la UCL, University College London, han demostrado que cuando perdemos dinero se activan las zonas del cerebro relacionadas con la agresividad o la frustración, cosa que quien ha perdido alguna vez algún billete habrá sentido.

Pero el problema del miedo se agrava cuando se refiere a aspectos mucho más sutiles. Detrás del miedo al rechazo (al qué dirán), al fracaso (no estar a la altura de las expectativas propias o ajenas) o a la pérdida de poder o prestigio (tarjeta de director, determinado modelo de coche) se oculta el miedo a perder un disfraz o rol. Dicho disfraz puede ser el de quién agrada a todos, del que más sabe o del que siempre triunfa. Pero si profundizas aún más verás que esa imagen que proyectas, en realidad, es probablemente la que te da seguridad para sentirte querido y quererte. Y ahí está la trampa. De hecho, a muchas personas lo que les duele de un fracaso en una empresa no son sólo las posibles consecuencias obvias, sino el orgullo herido y eso, una vez más, está asociado a un rol. Si eres capaz de identificar lo que se oculta detrás del miedo y los beneficios que te aporta, podrás acelerar cualquier proceso de transformación porque éste sólo se produce cuando se han perdido los disfraces.

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19
mar

El arte de cultivar amigos

A mis amigos y maestros, a quienes está dedicado “Héroes cotidianos”.

“Sin amistad nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes […]; porque ¿de qué sirve esta clase de prosperidad si se la priva de la facultad de hacer bien, que se ejerce preferentemente y de modo más laudable respecto a los amigos?”

Aristóteles, Ética a Nicómano

La amistad hace que la vida sea más fácil, dijo Aristóteles hace más de veinte siglos, y se da no sólo entre amigos, sino también entre padres e hijos o en la relación de pareja (aunque esta última consideración fue realizada en siglos posteriores al filósofo). La amistad nos rescata de la soledad obligada, que es especialmente corrosiva en momentos de dolor, como demostró Bradburn en 1969. El 26 por 100 de los estadounidenses se sentían solos y reconocían sentirse deprimidos e infelices. En España el dato es parecido: El 20 por 100 en 1991 en la encuesta realizada por CIRES (Centro de Investigación sobre la Realidad Social). La amistad no solo es necesaria para evitar la soledad, sino para compartir la vida, sentirnos más plenos y auténticos e, incluso, aumentar nuestra esperanza de vida. Esta es la conclusión de un estudio realizado por la universidad australiana de Flinders. Durante 10 años analizaron las relaciones sociales de 1.477 personas mayores de 70 años y lo correlacionaron con su longevidad. La conclusión es muy reveladora: Aquellos que tenían más y mejores relaciones con amigos (que no con familiares) llegaban a tener un 22 por 100 más de probabilidades de sobrevivir. Es decir, la amistad es también un elixir de juventud y buen antídoto para evitar los ataques de corazón, según la investigación publicada en la revista Heart en Reino Unido. Las personas que han sufrido un ataque de corazón tienen el doble de posibilidades de recaer al segundo año si no tienen un buen amigo, familiar o pareja con el que poder intimar.

En definitiva, debería enseñarse en los colegios el arte de cultivar amigos. La amistad es posiblemente uno de las fuerzas más importantes para salir de las situaciones difíciles, que nos conecta con el amor y que resulta hermosa, porque nos engrandece el alma. En los mitos y cuentos, no hay héroe sin amigo. Puede que no aparezca el maestro, pero siempre está el amigo. Y la sabiduría popular es muy sabia en este punto. Una llamada telefónica o una voz amiga es una cuerda de salvación de los momentos duros, porque te hace ver que no estás solo y que tu dolor puede ser compartido por otro hombro. A veces dicha sensación se produce con personas que ni te esperabas o con alguien al que vas a ver sólo una vez en tu vida, pero que en ese momento ha estado ahí. Y no hace falta que diga nada. La presencia acompañada es suficiente para reparar las heridas. Esa es la magia de la amistad.

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5
dic

En busca de la justificación perdida

disonanciaCuando creemos estar en lo cierto, a la hora de tomar decisiones, nos molestan las contradicciones internas que puedan surgir e inventamos todo cuanto se nos ocurre para poder seguir haciendo lo que nos gusta o bien para evitar aquello que nos duele. En 1957 Festinger denominó a este fenómeno “disonancia cognitiva”, se produce cuando valoramos dos conceptos que están en contradicción como, por ejemplo, “fumar es malo” asociado a “me gusta fumar”; o “soy votante de un partido de derechas (o de izquierdas)” asociado a “me parece más coherente el programa político de los partidos de izquierdas (o de derechas)”. Esta dualidad nos genera un conflicto interno y como tenemos tendencia a evitar el dolor intentamos justificarnos con los argumentos que se nos ocurren y de estos, los tenemos de todo tipo y colores: “los estudios del cáncer de pulmón por fumar no están científicamente comprobados” o “los programas de los partidos políticos no sirven para nada”.

Nuestra capacidad de autoengaño es observable hasta en los pequeños errores cometidos para justificarnos. “Cuando presenté el proyecto la gente estaba demasiado cansada para atenderme”, en vez de reconocer que la presentación fue realmente aburridísima; o “no, si me da igual lo que me ha dicho”, cuando realmente nos ha molestado, y mucho. También se observa en decisiones más cruciales de tantas personas que no se atreven siquiera a cuestionarse su vida porque implicaría tomar decisiones, potencialmente traumáticas, de separación o de cambio de trabajo. El primer paso para evitar estas disonancias consiste en tomar conciencia de su existencia y, posteriormente, decidir en base a nuestras posibilidades reales tanto personales como circunstanciales.

En definitiva, otro motivo por el que negamos la realidad es el de evitar tomar decisiones que nos duelen, seguir haciendo algo que nos gusta o, al menos, evitar el sufrimiento a corto plazo. Y como ha demostrado la ciencia, la mente está encantada de darnos argumentos ya que crea realidades a “nuestra medida” y nos permite ser selectivos con lo que vemos y recordamos. El problema es que las “disonancias cognitivas” que surgen por nuestra necesidad de coherencia, nos convierten en esclavos de nosotros mismos.

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8
ene

¿Dinero + sexo = felicidad?

Sabemos que el amor y el sexo venden. Sólo hace falta echar un vistazo a los ranking de las web más visitadas del mundo: contactos sexuales, productos prometedores o fotografías que a más de uno podrían escandalizar. En España se calcula que un millón de personas compran sexo diariamente. Si uno de los negocios más antiguos ha sido el sexo, probablemente sea porque lo llevamos codificado en algún rincón de nuestros genes. Según los biólogos, hasta la ameba más pequeña del universo tiene dos necesidades básicas: Supervivencia y reproducción. No es de extrañar que nosotros, como seres mucho más complejos, busquemos de manera más sofisticada una necesidad tan primaria. Y una de las técnicas, qué duda cabe, es el dinero. Parece que quien tiene más recursos económicos, tiene más éxito con el otro género. Pero los investigadores han echado por tierra tal teoría. Según el economista británico Andrew Oswald y su colega David Blanchflower, después de analizar más de 16.000 personas, llegaron a la conclusión de que el dinero no correlaciona con la frecuencia de encuentros sexuales, resultado válido tanto para hombres como para mujeres, como recoge Albert Figueras en su libro Optimizar la Vida. Es más, parece que las principales variables que correlacionan positivamente con el éxito es una separación matrimonial para los hombres, con motivos obvios, y estar en paro, por disponibilidad de recursos, en este caso de tiempo. Así pues, el dinero no parece que garantice el éxito en la frecuencia de encuentros sexuales, conclusión que, por supuesto, la publicidad de coches y joyas parece no tener en cuenta.
¿Y de qué depende la felicidad? La Universidad Erasmus de Rótterdam de Holanda ha elaborado una base de datos internacional sobre la felicidad, la llamada “World Database of Happiness”, en donde analiza a 112 países. Curiosamente, los ciudadanos más felices son los suizos y los colombianos, mientras que los españoles nos posicionamos en puestos intermedios. En otro ranking, esta vez desarrollado por la London School of Economics, el país a la cabeza de felicidad según sus ciudadanos es Bangladesh, a pesar de que casi la mitad de sus habitantes vive por debajo del límite de pobreza. La percepción de felicidad no parece correlacionar con el dinero del que dispongamos, a pesar de que la publicidad, una vez más, nos invite a pensar otra cosa.
En el fondo, la felicidad se enfrenta al dilema que planteó hace años el filósofo Erich Fromm: ¿Tener o ser? Si cada uno de nosotros echamos una mirada hacia atrás pensando en qué momento de nuestras vidas hemos sido felices, seguramente recordaremos encuentros con amigos, paseos, contemplación de un paisaje, de una obra de arte… En definitiva, cuando somos que no cuando tenemos. El problema de querer obtener más y más cosas, sean éxitos sexuales, profesionales, mejores coches… suelen encerrar una terrible trampa: Cuanto más tenemos, más miedos nos surgen a perder nuestras posesiones.

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