El triunfo de la mediocridad
Posted by Pilar
Si algo está consiguiendo la crisis actual es que está dejando al descubierto lo mejor de las personas y, desgraciadamente, también lo peor. Si hasta hace tan solo unos pocos meses se decía que el talento y la innovación eran una prioridad en el ámbito empresarial empapelando las oficinas con lemas ad hoc (como explica Tamara Vázquez en su artículo), en los momentos actuales en los que las cosas se están poniendo más difíciles día a día está aflorando otro tipo de comportamientos: La innovación en muchos equipos ha quedado aparcada por el miedo al fracaso, la mera posibilidad de cuestionar al jefe nos pone los vellos como escarpias y por supuesto, cualquier conato por destacar es convenientemente disimulado.
¿Por qué no somos competitivos?, muchas veces me lo he preguntado y creo que se debe por una parte a nuestra aversión al cambio y por la otra a que demasiadas organizaciones están dirigidas por personas que le tienen miedo al talento a pesar de lo que sus departamentos de imagen corporativa se empeñen en decir lo contrario en los foros o en sus sites. Gary Hamel en su libro “El futuro del management” (muy recomendable, por cierto) explica cómo empresas de muchísimo éxito como Google, Whole Foods (supermercados orgánicos) o Gore & Associates (los creadores del Gore-Tex) son líderes en sus mercados respectivos porque implantan políticas revolucionarias. La retribución de los equipos en Whole Foods se hace en base a los resultados obtenidos en comparación con el resto de los supermercados de la cadena. Eso obliga a que cuando un equipo selecciona nuevo personal lo haga con criterios de “fichaje deportivo”, escogiendo a gente con talento. En Gore & Associates la directora general se nombró por votación popular. Y Google tiene políticas de innovación capaces de sacarnos los colores a los europeos.
Por supuesto, no todas las empresas son iguales, ni tampoco los directivos que las gestionan. Hay empresas extraordinarias y directivos ejemplares, pero existe una realidad oscura, de la que no siempre nos gusta hablar, que sufren muchas personas y que evidencian lo opuesto a lo que predican algunos consejeros delegados o presidentes. Existen compañías en donde solo se busca mantener el status quo, reír las gracias al jefe y evitar cualquier tipo de opinión en contra. Y desgraciadamente, en una época de crisis como la actual, estamos perdiendo una oportunidad de oro para cambiar sistemas caducos basados en el poder (sin valor añadido) y/o el miedo (sin ápice de talento). La transparencia (entendida como el saber quién aporta qué) es una de las mejores recetas, que implica la valentía del directivo que lo lleva a cabo. Y si esto no ocurre se podrá seguir ninguneando a las personas brillantes, se les podrá incluso despedir (conozco ya varios tristes ejemplos de ellos) y seguirá triunfando la mediocridad que tanto daño nos hace, tanto a nivel empresarial como a nivel social.
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Pilar Jericó en Infoempleo
La fundación neoyorquina
Tenemos menos hijos que antes, de eso no hay duda. El descenso de la tasa de natalidad afecta a las compañías cuando van a captar a jóvenes. Los nacidos entre 1980 y 1986 pueden escoger más que antes. Son los denominados Generación Y. La mayor parte de ellos viven en casa de sus padres (se calcula que hasta un 80 por ciento), son más individualistas que generaciones anteriores, han convivido con las nuevas tecnologías casi “desde la cuna” y parecen que son los que más inquietudes expresan en ser empresarios, al menos en España.
Joshua Bell, considerado como uno de los mejores violinistas del mundo, este año participó en un experimento del periódico Washington Post, que consistía en tocar en el metro como si se tratara de un músico más. Interpretó a Bach y a Schubert, entre otras piezas, con su Stradivarius de 1713, valorado en 3,5 millones de dólares. Bell tres días antes había dado un concierto abarrotado en el Boston Simphony Hall y cuya entrada más barata costaba 100 dólares. No era de extrañar que su manager antes del experimento calculara que la gente sabría reconocer su talento y que en pocos minutos habría de cincuenta a cien personas alrededor de él. Sin embargo, se equivocó y mucho. Durante los 43 minutos de concierto, tan sólo siete personas se detuvieron a escucharle y 27 le dieron dinero hasta alcanzar un total de 32 dólares.
Era el mensaje que apareció en vallas publicitarias de las autopistas de California hace unos años. Hacía mención a los diez dígitos decimales de número “e”: 7427466391. Cuando se escribía como página 7427466391.com, se accedía a nuevos misterios matemáticos. Y se investigaba algo más, se comprobaba que las páginas estaban alojadas en servidores de Google. Aquel ingeniero que era capaz de resolver el misterio (al más puro estilo Harry Potter), accedía al proceso de selección de la empresa. Proceso, por cierto, que llega a suponer más de doce entrevistas con miembros del comité de dirección y futuros compañeros. Y ha sido unas de las campañas publicitarias más impactantes en Silicon Valley para dar con los mejores profesionales o, al menos, con lo más curiosos (por cierto, quien quiera conocer cómo ser resolvía el misterio puede consultar
En plena Guajira colombiana está la mina de Cerrejón, la más grande del mundo de carbón a cielo abierto y en donde he estado impartiendo un seminario de Gestión del Talento estos días. Ahí trabajan 10.000 personas. Cerca de la mina se encuentra el campamento, una ciudad tranquila y protegida, en donde viven los trabajadores más cualificados con sus familias. Son un total de 2.000, de entre ellos, una tercera parte niños o adolescentes. Las casas no son propiedad de los trabajadores, sino de la empresa que se las cede durante el tiempo que ahí trabajan. El origen de la mina se remonta a 1976 cuando ExxonMobil firma el contrato de Asociación del Carbón y construye un campamento “estilo norteamericano”, con el fin de que sus directivos cuando tuvieran que ir a Colombia se sintieran como en casa. Y lo consiguieron. Las reglas se respetan a la perfección. Nadie conduce más de lo indicado en los carteles, no hay suciedad por las calles, ni ruidos. Todo funciona adecuadamente.










































