¿Cómo escogemos a nuestros líderes? Es la pregunta que aborda Eduardo Punset en la entrevista a Mark van Vugt, Psicólogo Social evolucionista de la Universidad de Kent en el programa Redes. Sigo muy de cerca Redes desde hace varios años (creo que Punset está haciendo una labor extraordinaria) y este capítulo es uno de los que más interesantes me han parecido. He puesto la entrevista (son casi treinta minutos que valen mucho la pena, salvo alguna parte fuera de la reunión con van Vugt que pierde un poco) y si alguien quiere leerla, también está transcrita. Destaco las ideas que más me han gustado:
¿Quién fue primero, el líder o los seguidores? En el mundo animal, los seguidores. Por razones de supervivencia, es mejor mantenerse unidos. Cuando el más fuerte se mueve para buscar agua o comida, el resto lo sigue. Según van Vugt, algo parecido ocurre en el comienzo del liderazgo en los humanos: Primero son los seguidores y luego el líder.
Evolutivamente, existen tres tipos de liderazgo: a) Liderazgo democrático que se daba en las sociedades cazadoras recolectoras hace 2,5 millones antes, en donde no existía un líder global, sino por “áreas de especialización”: guerra, caza…; b) Líder hereditario, propio de las sociedades agrarias, a partir de hace 10.000 años y que dio lugar a los reyes, nobleza…; c) Líder actual propio de las Sociedades Científicas, en donde los seguidores tienen mucha más libertad que antes y exige un liderazgo más cercano, incluso, más parecido al de las sociedades cazadoras-recolectoras.
En opinión de van Vugt, se escoge a mujeres líderes para mediar entre los conflictos y a hombres líderes para protección y defensa ante las amenazas. Existe, por tanto, un paradigma que dificulta que las mujeres puedan aspirar a dirigir un país (le ocurrió a Hillary Clinton, tal como se narra en el video). Es una herencia del pasado pero desgraciadamente, todavía seguimos arrastrándola (por cierto, solemos escoger a políticos mayores para momentos de estabilidad y a jóvenes para momentos de cambio, de ahí que Obama haya acertado en el tema de su campaña).
Por último, se ha demostrado en las empresas que los líderes que son escogidos también por sus colaboradores reúnen cualidades ancestrales de liderazgo: más fiables, inspiran más confianza, no son demasiado ambiciosos e, incluso, son más altos físicamente. Todo esto es realmente muy interesante, por lo que lo ampliaré en otro post.
“Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio” dijo el abate francés A. T. Dinouart en el siglo XVIII en su ensayo “El arte de callar”. Prestamos muy poca atención al silencio, incluso, huimos de él. Ahora la tecnología nos lo pone fácil: iPods con los que vamos continuamente conectados a la música o móviles con los que prestamos más atención al que está al otro lado de la línea que al que tenemos enfrente. Sin embargo, el silencio es extremadamente importante.
Me gusta mucho el artículo que publicó mi amigo Ángel Gayán hace unos meses al hilo de la película El Gran Silencio, y en donde reflexiona sobra la importancia de callar. Menciona que el silencio es útil por tres aspectos: El primero, como reflexión, es decir, como posibilidad para estar con uno mismo. Recoge la cita de José Saramago quien dice que “cada persona es su silencio” y creo que es precisamente el motivo por el que nos cuesta tanto estar callados. Puede que lo asociemos a una soledad no deseada, porque a veces necesitamos demasiado ruido para olvidarnos de nosotros mismos o porque buscamos ser centro de atención en exceso (cada uno tendrá su razón). El segundo motivo que recoge Ángel es como medio para expresar emociones. Existe una máxima universal: “No podemos dejar de comunicar”, aunque sea sin mediar palabra. Nuestras neuronas espejo, las que buscan información del otro, trabajan continuamente e indagan de las palabras o en los silencios del otro para entender la realidad que nos rodea. Y el tercer motivo, es como instrumento de negociación. Hablamos mucho y callamos poco. Pero qué poder tiene quien sabe callar a tiempo y mirar fijamente a los ojos del otro. He observado muchas veces en dinámicas de equipo que las personas que son líderes reconocidos por los otros saben quedarse en un segundo plano cuando les corresponde y saben permanecer en silencio para brindar el protagonismo a un tercero. Es un arte, no cabe duda, pero también puede trabajarse. En definitiva, es recomendable muchas veces seguir el consejo de Groucho Marx : “Es mejor seguir en silencio y que crean que eres tonto, que abrir la boca y eliminar toda duda”.